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Cultura & Espectaculo Lunes 11 de setiembre de 2017 
ENTREVISTA A MIGUEL NIELLA
“El artista tiene la responsabilidad de ser absolutamente ético”
(Por G. Elizabeth Bergallo* para momarandu.com) Sentirse vivo, para Miguel Niella, es estar creando, recreando, no sólo la circunstancia existencial, o lo abstracto. Luego de ‘Travesía¡, el artista plasma en esta muestra la idea de transgresión, de diversidad, sin patrones estéticos o estilos definidos



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Sentirse vivo, para Miguel Niella, es estar trasmitiendo nuevos datos de la memoria a través de ese lenguaje gestual, aventurarse a viajes interiores a partir de la mancha del trazo, acceder a ese mundo visceral, complejo, terrible, por momentos atávico, maravilloso, sorprendente. Si se es noble, profundo, en todas las circunstancias de la vida, especialmente en el arte, no hay un plan inicial ni un punto final.

Luego de “Travesía”, el artista plasma en esta muestra la idea de transgresión, de diversidad, sin patrones estéticos o estilos definidos. Entonces aparecen obras que insinúan diferentes caminos a recorrer. El perfil estético de un artista es cambiante, se va reformulando, afirma, pero es imposible alejarse de la propia historia.

Miguel Niella nació en Corrientes en 1946, y desde 1970 realizó exposiciones grupales e individuales en diferentes provincias de Argentina, y en países vecinos como Paraguay, Brasil, Uruguay, entre otros. Vivió diez años en Buenos Aires y regresó a Corrientes.

Quienes concurren a su espacio-taller “El Paraíso”, conocen la calidad de Niella como maestro. La sabiduría, la palabra honesta, el trato profundo. La música que vibra con el trazo, Rachmaninoff, Prokófiev, el jazz, la música étnica. Su vida se inició con la música, luego se dedicó a la pintura, pero nunca se abandonaron.

El proceso creativo para Miguel Niella es desordenado, no avanza supeditado a un plan. Es la gestualidad la que expresa el sentimiento, la intuición. La que insinúa caminos a recorrer, explorar, sorprenderse. La realidad sugiere, pero son fundamentales el oficio y la intuición.

MOMARANDU: Ponés el acento en esa gestualidad o en esa visceralidad, ¿siempre fue así?
MIGUEL NIELLA: Cuando era joven tenía un ideal greco-latino muy acentuado. Estudié mucho, con grandes maestros, cuestiones que tienen que ver con la forma, la morfología, la topografía de la figura humana, los escorzos. Pero a medida que uno va afirmándose en el mundo real, van cambiando las expresiones, y así pasé a un concepto del arte más bien dionisíaco.

M.: ¿En qué momento se dio esa ruptura?
M.N.: Los años viví en Buenos Aires me atravesaron, abrí la cabeza a otras visiones del mundo, otras perspectivas, otras culturas. Fueron diez años, del setenta y ocho al ochenta y ocho. Aprendí que hay obras que envejecen, pero hay otras que no. El barroco por ejemplo es uno de los movimientos más extraordinarios, porque trasciende el color local, porque encarna la tragedia humana, las obras de Caravaggio están animadas por hombres de la calle. Las de José de Ribera, Rembrant, Velázquez no envejecen. En Buenos Aires aprendí mucho con Guayasamín. Aprendí que me podía sentir mejor cuando pintaba desde mí. Comencé un viaje hacia adentro, a modo de exploración pero también como un salto al abismo. Ahí descubro un costado fundamental del arte que es el placer. La pintura líquida tiene una sensualidad, una gestualidad muy particular, cuando se trabaja en las formas, por ejemplo. Comencé a descreer e las tendencias.

EL MARKETING DEL ARTE, EL ENCARGO SOCIAL
“La información es muy importante. Pero uno no puede ser nada más que un consumidor de información. Está bien profundizar, conectarse con lo que está pasando, pero sin perder lo más importante que es la conexión con la propia historia. El descubrimiento, pero también desde el fuero de la interioridad. Vivimos en un mundo sumamente superficial.

“La obra va cambiando a medida que uno también va percibiendo de otro modo la realidad. Para mí la pintura fue mi gran medio de expresión, la música también. Fue mi madriguera, mi refugio en tiempos difíciles, un espacio de resistencia frente a lo que pasa en el mundo objetivo. Son tiempos en los que uno tiene que resistir, no aislándose, sino conectándose con la realidad de otra manera.
“El espacio-taller “El Paraíso” surge a comienzos de la década del dos mil. Fueron tiempos socialmente muy difíciles.
“No sólo fue, es un refugio, es un lugar donde seguir buscando vida, creando. Cuando uno va aprendiendo a discernir y a construir una interpretación de lo que está pasando, cuando se puede leer el subtexto de la información, uno se siente mejor. Cuando puede más esa carga invasiva de datos y de marcas, de fórmulas, el hombre deja de ser sujeto y se convierte en un consumidor de información que repite todo lo que escucha o lee. Me pude afirmar desde mi diferencia, no salí con el típico recurso de que puedo ganar más. O puede gustar más si hago lo que a los demás les gusta. Eso es la antípoda de lo que es el artista. El problema es cuando te enganchás con el elogio del otro.
M.: ‘Somos todos humanos’ fue una muestra emblemática especialmente en esos años. Impactante, por la honestidad de esa obra.
M.N.: Esa muestra marcó un regreso mío a la figura clásica, pero desde otro paradigma.

M.: ¿Qué pasó entre Travesía e Interiores?
M.N.: Travesía fue una muestra antológica. En Interiores hay un regreso a lo microcósmico. Las obras son diferentes entre ellas, puede haber una alegoría de la naturaleza, la naturaleza es arte. Las cortezas de los árboles, el agua, las montañas, el movimiento. En espectros hay una tensión entre lo ancestral y lo contemporáneo, entre la integración y la desintegración, como en “Vientos de guerra”.

En la muestra Interiores aparece esa dimensión intuitiva, arcaica, visceral, que se suma a la sabiduría del oficio. No hay un orden, de repente el artista retoma antiguos senderos, pero los sintetiza de otra manera, como acontece con ‘El hombre Incandescente’, la figura es abstracta pero tiene una impronta clásica. La gestualidad expresa el sentimiento, el microcosmos, el redescubrimiento de la historia, las sugerencias de la realidad, pero desde el fuero de la interioridad. El arte es un modo de resistir.
Cada una de estas obras termina siendo un enigma, con una entidad propia cargada de inmanencias. El Hombre incandescente, la épica surrealista del Tributo a William Blake, Clímax, Divertimento, entre otras, subrayan la valoración de la naturaleza interior y exterior como fuente de conocimiento y deslumbramiento, la dimensión gnoseológica y ontológica de la fuerza creadora.

M.: ¿Qué es el arte?
M.N.: El arte es dificilísimo, porque el verdadero artista es un librepensador. No soporta el límite de ningún mandato cultural, ni académico, ni nada por el estilo. El arte por antonomasia es una de las facultades del hombre que expresa su libertad. El proceso creativo es doloroso pero no sufrido. Es pasional, implica esa tensión entre el objeto deseado y el miedo a perderlo. Uno no puede quedarse en ese refugio cobarde: tengo la fórmula para sobrevivir el tiempo que me queda. Entonces hay que hablar de una palabra inconmensurable que es la ética. El artista tiene la responsabilidad de ser absolutamente ético en el sentido de que lo que exprese sea absolutamente genuino. No caer en el juego del envanecimiento del reconocimiento que siente de la sociedad.

La muestra “Interiores” reúne la producción artística de los últimos años. Son dieciséis telas, la mayoría de gran formato. Puede ser visitada hasta el 19 de septiembre en los horarios habituales de la Sala del Sol del Centro Cultural Universitario de la UNNE, Corrientes, cuya dirección está a cargo de Fernanda Toccalino.

(*)Mgter en Antropología Social.