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Cultura & Espectaculo Viernes 17 de noviembre de 2017 
BIBLIOTECA CORRENTINA

Corrientes y “Casablanca”
(Por Darwy Berti, para momarandu.com) Corrientes no es precisamente una ciudad de película, pero “Casablanca”, sí. Al menos desde 1942, año de su estreno


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Filmada en plena guerra mundial su tema es la trama para escapar de esa guerra, utilizando “Casablanca” como puerta de escape. Los protagonistas son Humphrey Bogart, Ingrid Bergman y Paul Henreid. El director es Michael Curtiz.

Un año después, en 1943, cuando “Casablanca” se estrenó en Corrientes (fue en el recientemente inaugurado cine-teatro “Colón”), el presente cronista aún tenía pantalón corto y un desasosiego por los nocturnos simulacros de guerra. Esos simulacros eran anunciados por las sirenas y por los jefes de manzana que obligaban a apagar todas las luces de las casas. Cuando finalizaba el simulacro la vida continuaba como siempre y en el cine “Colón”, esta película donde todos querían escaparse de la guerra, también continuaba. Aquí pasó el simulacro de bombardeo a Corrientes, pero en Europa el bombardeo continuaba y allí no era un simulacro.

Nosotros continuábamos viendo en la gigantesca pantalla, cómo Richard Blaine, encarnado por Humphrey Bogart, en “Casablanca”, abría su café “Americain”, donde todo era posible. Donde se podía comprar o vender joyas, drogas y sobre todo: salvoconductos para poder huir hacia América, precisamente.. Era un zoco en el que se vivía febrilmente, donde se daban cita los personajes de distintas nacionalidades (¿habría algún correntino?). Y donde hasta el capitán Louis Renault, al mando de la policía de Vichy en “Casablanca”, hacía sus propios negocios, con la complicidad de Richard Blaine. Rick, antes de recalar en “Casablanca”, había militado en la Brigada Abraham Lincoln durante la guerra civil española, defendiendo la república. Su compatriota Hemingway también estaba en el frente republicano, y ya tomaba nota para su novela “Por quién doblan las campanas”, título que recordaba al poeta Donne: “La muerte de cualquier hombre me disminuye porque soy una parte de la humanidad, por eso no quieras saber nunca por quién doblan las campanas, están doblando por ti”.

Sin duda la escena que más nos emocionó fue aquella en la que el revolucionario Víctor Lazlo ordena a la pequeña orquesta del café ejecutar La Marsellesa para tapar la canción de los soldados nazis, que ocupaban ese local como casi el resto del mundo. El presente cronista sólo tenía entonces seis años, y su pequeña voz se sumó a la del público correntino que, a su vez, ya se había sumado espontáneamente a las voces de los protagonistas libertarios (franceses o no), de la propia película. Así se mezclaban a la vida en común: “Casablanca” y Corrientes, en aquel tiempo de guerra. Aún hoy resuena, a pesar de los años, en lo que queda del antiguo cine “Colón”: “Allons enfants de la Patrie,/ Le jour de gloire est arrivé/ contre nous de la tyranie…” ¿No escucháis?