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Cultura & Espectaculo Martes 23 de enero de 2018 
JOSELO SCHUAP CON MOMARANDU.COM
Los padres “plantaron la semilla” para que nos juntemos a “la sombra del árbol del chamamé”
(Por Facundo Sagardoy para momarandu.com) Los padres del chamamé “son los que plantaron la semilla para que nosotros nos sentemos a tomar un tereré bajo la sombra del árbol del chamamé”, dice el compositor y cantante chamamecero, trovador popular litoraleño, Joselo Schuap al bajar del escenario Sosa Cordero entrevistado por momarandu.com

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Fotos: Luz Morena Strelin

"El ser humano tiene que bajar su ego, sus niveles de locura y darse cuenta de que el río Paraná o una montaña o los Esteros del Iberá o un paisaje de un amanecer o un atardecer te pueden enseñar a volver a lo más profundo del ser. Y el único ritmo que yo conozco, y sobre el que muchos coincidimos que te lleva hasta lo más profundo del litoral es el chamamé", dice Joselo después de actuar sobre el Sosa Cordero.

Profundo, directo. Joselo volvió en la 28° Fiesta Nacional del Chamamé al escenario más grande para esta música en el litoral. Este ritmo que “le pone piel de gallina”: “El Chamamé -confiesa en la carpa de prensa- a pesar de escuchar mucho rock y muchas otras cosas".

-Joselo, ¿estás logrando que tu mensaje llegue por medio de la música?, preguntan en referencia a su llamado permanente a cuidar el agua y la Tierra.
“Yo creo que acá con los chicos tocamos y creemos que estamos aportando algo, pero creo que el ser humano está muy complicado. Al río lo encontramos más sucio que antes y no solamente por las gaseosas que tira el vecino, sino también por los químicos y todas las cosas que vierten las papeleras que están en Misiones, de las que desconfiamos que tienen el control que deberían. Yo no puedo callarme, porque una vez estaba mirando la selva en Aristóbulo del Valle y le prometí a ese monto misionero que iba a seguir cantando esto hasta el día de esto o hasta que deje de cantar", responde.

Joselo también opina que cree que “en la música hace falta más conciencia”, aunque ve que los chamameceros a veces sin darse cuenta “van cantando a la naturaleza”.

“Están cantando, tocando en su instrumento, a la naturaleza. Isaco era un gran ecologista. Él le cantaba a los pájaros. Montiel, por ejemplo. Todos los chamameceros grosos han tenido alguna onomatopeya de algún pájaro o algún animal. Hoy también hay un chamamé urbano, de gente que vive en Europa, en Capital Federal o en grandes ciudades. Y se habla de las cosas del ser urbano. Eso es más moderno. El chamamé antiguo es parte del agua y del aire y de la tierra. Y uno a veces sin saber está siendo parte de eso. No sé si surte efecto lo que hacemos y me gustaría tener más poder para que la gente escuche esto. Pero ya no nos da más. Es una adversidad enorme para todos los músicos. Las grandes compañías discográficas, en el gran negocio de la música, no quieren que haya un tipo que quiere cantar a la gente, quieren que todo sea un renglón repetitivo para hacer negocio y lo único que le importa es eso”, observa.

“No aman a la música, no defienden a la música, no cuidan a los músicos. Ni tampoco, menos, o de igual manera van a cuidar al ser humano. Porque solamente les importa la guita”, remarca.

MOMARANDU.COM: Joselo, como siempre, luego de una reflexión profunda, tu experiencia en la música ¿Qué presagia para un chamamecero con su obra en el chamamé una vez declarado Patrimonio de la Humanidad?
Joselo Schuap: Yo siempre trato de dejar un mensaje, de decir algo. El Chamamé es una expresión humanística enorme que debe estar al servicio de un mensaje que propicie un mundo mejor. Un mundo mejor siempre es posible. Y hay que prestar atención, el sistema es destructor de la Naturaleza, somos muchos seres humanos que pretendemos vivir como los suizos, y no va a alcanzar. No podemos. El concepto de riqueza que se generalizó en el mundo es el de tener el mejor auto, la mejor casa, es, en sí, el de tener cosas. Y nosotros somos ricos, acá en el litoral, tenemos un paisaje enorme, en el río, increíble. Conozco otros países del mundo y te puedo asegurar que son cosas que están muy lejos. Tener un río Paraná de agua dulce, gratuito, como lo tenemos nosotros, es increíble. Y todo eso debe servir a ser mejores personas, mejores seres humanos.

M: En general, hablabas de la permanencia de una cuestión comercial, mercantilista, que coarta a los músicos y cantores chamameceros y de otros géneros la posibilidad de manifestar su originalidad y creatividad que nace de representar a su tierra y mostrar los problemas en su suelo. El Chango Spasiuk antes, en este mismo festival, decía que, sin embargo, la diversidad, en el Chamamé, es vista como un “tesoro”. ¿Qué debe defender hoy un buen chamamecero?

J. S.: Yo creo que un buen chamamecero, a esta altura de los años, está obligado a defender la naturaleza y a defender la igualdad en la diversidad, es decir, coincido plenamente con lo que dijo el Chango y sumo el deseo de que seamos todos iguales siendo diferentes, porque todos somos diferentes, pero valemos lo mismo. Yo leí la nota que momarandu.como hizo al Chango, casualmente venía navegando, tenía señal y trato de estar informado, y creo que la riqueza del chamamé es esa; que esto, en la diversidad, pueda crecer. El chamamecero tiene que cambiar. Tiene que corregir algunas cosas en el escenario. El respeto al público es fundamental. Yo opinaría que no son necesarios los chistes que agreden a la mujer ni sobre el escenario ni en las letras, y me refiero a las letras que plantean una situación de machismo por encima de la mujer. La mujer chamamecera, del pueblo chamamecero, es una mujer respetada. Es la que preparó el avío del alma. Esa mujer no puede ser menos que el hombre, nunca. Es su compañera, va a la par. A todos nos cuesta, a mi me cuesta olvidar frases, corregir otras, que están impuestas en el lenguaje, pero trato de ser respetuoso en el escenario. Yo aprendí mucho también, y no tengo por qué incitar a que todo el mundo se divierta o se ría burlándose de alguien que es igual a mí.

M: Este es un escenario de homenajes. El año pasado murieron tres grandes de la cultura correntina, “Pocho” Roch, Toto Semhan y Marily Morales Segovia y en 2018 se celebra un siglo del natalicio de don Mario del Tránsito Cocomarola. ¿Qué reflexión merece de tu parte la obra de los compositores y artistas de su talla que dedicaron la vida a la cultura chamamecera?
J. S: Yo creo que todo lo que tenemos acá le debemos a ellos. Son los que plantaron la semilla para que nosotros nos sentemos a tomar un tereré bajo la sombra del árbol del chamamé. Cada día que escucho a Cocomarola me doy cuenta de que hay cosas que no había escuchado en él, cosas de las que ni me había enterado. Genialidades. Lo escucho me vuelve la siguiente pregunta ¿Qué estamos aportando nosotros? Cuando veo a todos estos tipos, me pregunto: ¿Qué hicimos nosotros? Todo el tiempo hay una responsabilidad, la responsabilidad de ponerse junto a la obra de personas como Cocomarola y decir "él ya está muerto, está fallecido, ya no está, sólo quedó lo que grabó". Y preguntarse: ¿Nosotros qué aportamos? Entonces, creo que por ahí va la cosa. Tomar conciencia y ser serio en que nosotros tenemos que dejar alguna huella. Pero después de todos estos tipos es muy difícil.

M: Exactamente eso decía Litto Nebbia a este diario al bajar del escenario en una de las primeras galas de la Fiesta Nacional. Ofelia Leiva, por su parte, dijo que, junto a Vitale, la conduce al Teatro Colón. Otros se plantean proyectos locales. Tu huella, ¿hacia dónde conduce?
J.S.: A mi, directamente hacia otro lado. Hacia el lado opuesto al Teatro Colón. Yo quiero seguir yendo al pequeño pueblo de quinientos habitantes y que me inviten un plato de fideos, un plato de guiso y dormir en la cama de los hijos de los amigos que nos reciben y que llevan a su criatura a dormir con ellos y se recuestan y ahí te dejan, porque así te reciben. Eso me ha pasado y soy muy agradecido. Me interesa tocar en la Fiesta del Chamamé y el veinticinco voy a estar tocando en Cosquín. Este año toco tres veces en Cosquín. En el homenaje a Jorge Cafrune, junto a Rubén Patagonia, León Gieco, Mollo y toda la gente que está en el Embudo de León y en apoyo con la delegación de Misiones. Este año decidí no estar en escenario con la delegación de Misiones, sino ser el aguatero y propiciar que se luzcan los chicos. Yo apunto a eso. El éxito no es llegar sino ir. Siempre digo eso. Y bueno, me voy a sentar sí, en el Teatro Colón a disfrutar de Ofelia y de Lito y del Chango, pero mi sueño no es tocar ahí. Mi sueño es otra cosa. Es diferente.

M: Ismael Echagüe junto Efrén Echeverría, un genio histórico de Paraguay, Patrimonio de la Humanidad, ambos virtuosos en la técnica del rasguido y punteado simultáneo, dicen en una entrevista con este diario que el origen del Chamamé conduce hasta antes del año 1600. ¿Dónde se aferran tus raíces?
J.S.: Yo le agradezco a la gente porque yo soy un músico popular, intuitivo, yo no quiero ni busco la complejidad porque creo que ya hay gente talentosa que lo hace, pero sí pongo mi música humilde al servicio de la gente. Yo tengo raíces guaraníes, por un lado, europeas, por otro, de un lugar en el que no sólo se escucha chamamé, sino toda la influencia de nuestros abuelos. Ese es mi aporte. Creo que es realmente un gran honor que la gente de un lugar deje a este humilde misionero de Leandro N. Alem que le cante "Musiquero de las Sombras", que le cante "Tío Solano" o que llegue con un barco a Corrientes. Todo lo que a mí me pasa es mucho más de lo que soñaba. Yo no puedo pedir más nada. Siempre soy agradecido. Ponerme a decir "ahora quiero" y pensar ¿si me muero mañana? me responde que es que “así fue el destino” porque yo ya viví más de lo que soñaba con la música.