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Cultura & Espectaculo Jueves 21 de junio de 2018 
LA ETERNIDAD DESPUÉS DE TODO

Prefacio 2017
(Por Alejandro Bovino Maciel) Hay dos perplejidades que me mantienen insomne a veces: el tiempo y el espacio. Son lo que el ilustre Kant llamaba “formas puras a priori de la sensibilidad”


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Esto es, son un no ser, existen pero no son ontológicamente nada ya que al carecer de materia, como el espíritu, y sernos ajenos, como la santidad, ni siquiera nos autorizan a sumarle cualidades como hacemos cuando nos ornamos con virtudes que ni siquiera conocemos.

Decía, el ínclito filósofo, que nuestro aparato sensorial y perceptivo necesita ubicar los objetos del mundo exterior “en coordenadas de tiempo y espacio” antes de darles entidad. Pero en su extenso libro, nunca nos dice qué cosa son esos misteriosos “tiempo” y “espacio” y eso que puedo jurarles que leí de cabo a rabo la “Crítica” con su colofón, prólogo, prefacio, índice, solapa, contratapa, portadilla, ex libris, referencias y hasta fecha de impresión.

Pensemos un instante en una sirena.

Nadie la ha visto pero tampoco podemos imaginarla sin trazar un instante (ahora, que la estamos mencionando) y un sitio en el que aparezca la sirena, aunque fuere el amplio espacio -parecido al vacío- del marco de nuestra mente. Vale decir, antes de pensar la sirena fue necesario pensar en un tiempo y un espacio. Por eso Mr. Kant los llamó acertadamente condiciones apriorísticas, porque deben estar antes que la percepción de la que son de algún modo, su molde. Suponiendo que aún estuviese vigente, el criticismo explica el fenómeno tal como sucede en el mundo exterior, pero deja libre nuestro mundo interior donde el tiempo generalmente es caótico, para no hablar del inconsciente donde la sucesión no existe tal como figura en almanaques y relojes.

Siguiendo ese tortuoso recorrido trataré de avanzar en la inquisición del tiempo y el espacio. Si toda la ristra de filósofos y pensadores desde Parménides hasta la fecha consiguieron las respuestas que conocemos, imaginémonos yo.

Lo más probable es que salgamos más confusos de lo que entramos; pero el camino, creo, vale la pena.

El criticismo kantiano tuvo una vigencia inusitada en la epistemología, pero sus conceptos entraron en colapso con las teorías físicas del siglo XX.

Nuestro escrito estará saturado de referencias religiosas y hasta teológicas; pero ¿a quién más recurrir si queremos hablar de cosas que no hemos visto pero son hipóstasis de espacio, (como el “infinito”) o del tiempo, (como la “eternidad”)? Únicamente el cristianismo, al inventar la idea de vida eterna que nos ofrece en canje, pudo especular con tanta profundidad sobre los vericuetos del tiempo y los espacios que ocuparían las estancias de ultratumba como el Infierno, el Purgatorio o el ansiado Paraíso.

*Prefacio de "La salvación después de todo" Amazon kindle, 2017