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Cultura & Espectaculo Lunes 02 de diciembre de 2018 
SOBRE “EL TORO” Y MÁS DEL CHAMAME
El talento de Cambá Castillo llegó al Colón en la velada del G 20
(Por José Miguel Bonet desde Mburucuya) Creador de una gran cantidad de temas musicales que no fueron registrados en SADAIC por su autor fueron recopilados por numerosos músicos profesionales que lo inscribieron como propios

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Este hecho por muchos años conocido establece un fenómeno singular dentro de la música correntina, al determinar que su famoso tema “El Toro” sea reconocido por todos como de Camba Castillo, pese a no estar inscripto a su nombre para reivindicar se le puso letra y esta si se inscribió a su nombre y pese a no haber recibido dinero alguno como derecho de autor, pervive en el pueblo el reconocimiento a su talento.

Debemos mencionar que “El Chamamé” ya tuvo su lugar y su presencia en la década del año 1950, en el “Teatro Colón” de Buenos Aires, con destacados creadores e inolvidables músicos, el famoso “Cuarteto Típico Correntino Santa Ana”, bajo la dirección del “Señor del Acordeón” don Ernesto Montiel y el 7 de Marzo del 2005 Don Salvador Miqueri y Trébol de Ases volvió a subir al escenario del mismo.

La escuela musical de Yapeyú enseñó y brindó este género musical a Buenos Aires hace mucho tiempo, lo que seguramente muy pocos saben es que Yapeyú envió y entregó a Buenos Aires,durante el tiempo de las Misiones,según Curt Lange, desde 1628 y obteniéndose los primeros resultados en la educación de los indios, comenzaron los viajes por río hacia Buenos Aires, luego Santa Fe y por tierra a Córdoba, para mostrar “el arte de cantar, tocar y danzar de los guaraníes” (Curt Lange 1986, 8).

Furlong también da cuenta de ello, relatando que en 1628 el entonces gobernador del Río de la Plata, Francisco de Céspedes, escribía al rey que los indios músicos de Yapeyú habían ido a Buenos Aires, “más de veinte juntos, grandes músicos en punto de órgano, violines, y otros instrumentos, para oficiar las músicas y danzas del Santísimo Sacramento [...]”.

Estos sujetos habrían generado un gran entusiasmo entre los habitantes de Buenos Aires y volvieron a esa ciudad en varias ocasiones, como por ejemplo para el recibimiento de un nuevo contingente de misioneros, por orden del padre Mastrilli, algo después de la fecha anteriormente indicada.

Estos viajes, realizados en balsas, portaban entre 20 y 70 indígenas, y al menos 20 de ellos eran músicos (Furlong 1962, 478). Del mismo modo, el padre Strobel relata que en 1723 acudieron los indígenas de Yapeyú a Buenos Aires y que cantaron a varias voces acompañados de muchos instrumentos, siendo más de 18 músicos en total. Unos años después, el padre Cattaneo también cuenta que una embarcación bajó de Yapeyú con músicos para dar la bienvenida a los misioneros que llegaban de Europa (Furlong 1962, 484-485). Estas visitas eran periódicas.

El chamame sigue siendo lo que siempre fue Chamame, un ñembo´e jeroky”, en gratitud a “Tupã”, Dios de la lluvia. Y si Don Osvaldo Sosa Cordero hubiese sido un espectador de la velada musical del G20 lo hubiera contado así:

La tarde filtra zafiros sobre el sueño de los pastos. Un abanico de teros se agita sobre el pantano. Se mezclan grises y añiles bajo el alero del rancho donde un paisano que puso su jornada sobre el campo pulsa una vieja cordiona y con ella sigue arando.

Los hondos ojos se beben en silencio aquél ocaso; la agreste polifonía le penetra hasta las manos y van los dedos entonces apretando y apretando como requiriendo el zumo de algún motivo increado.

Y allí el estero y el monte con su prodigio de pájaros y el mugido y el relincho y el palmar y los naranjos. Caballitos invisibles van galopando en los bajos y un son dulce y primitivo sale volando hacia el campo.

Hombre, paisaje, sosiego, todo es uno amalgamado para dar en chamamé lo que callan mis paisanos...