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Cultura & Espectaculo Jueves 21 de febrero de 2019 
CARNAVAL 2019
La Vieja Cambicha, esa vieja adoradora de San la Muerte, gualichera y querible
(Por María Laura Riba para momarandu.com) Cada año hay un artista que luce toda su creatividad en los carnavales correntinos. Se trata de Carlos Lancieri quien, esta vez, da vida a la Vieja Cambicha en la comparsa Sapucay, vieja payesera, bruja y hada, mujer de campo adentro, conocedora ancestral de las raíces correntinas. Irreconocible detrás del personaje, Lancieri vuelve a mostrar a ese actor que lo habita: inspiración, trabajo y talento

Escuche aquí el audio del conjuro:



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Hay clima de Disney. Cierta candidez de una muchacha pobre que ama a un hombre rico. Hay aroma a Disney, pero de pronto…menos de cinco minutos bastan para aterrizar, a pura carcajada y asombro, en la correntinidad más arraigada. Carlos Lancieri aparece en escena breves minutos con un guion escrito por él mismo, y lo trastoca todo: el guaraní, el payé, el modo de hablar y el talento artístico se hacen presentes en el show de la comparsa Sapucay.

Este año, Sapucay se atreve a adentrarse en la historia de la Mansión de Invierno en Empedrado. Pero, ¿cuál es la mansión que desea mostrar Sapucay? Para dilucidar esta cuestión, no solo se vale de la historia en sí, de números musicales y del conjunto artístico que despliega en el anfiteatro Cocomarola, sino que, como cada año, Sapucay apela al talento y trabajo creador de Carlos Lancieri –recordar a la mulata o la azafata extemporánea llena de indicaciones graciosas-.

En esta oportunidad, la comparsa del gallo presenta una historia de amor entre una chica pueblerina, Clementina Lezcano (Florencia de Pompert), que quiere salir de la pobreza y de la tranquilidad de Empedrado, y un chico, Fortunato (Augusto Santoro), que viene de Buenos Aires con una importantísima suma de dinero para invertir en la Mansión, uno de los proyectos más ambiciosos de comienzos del siglo XX en Sudamérica. Clementina y Fortunato se cruzan miradas…hay amor a primera vista.

“Clementina es mi ahijada”, comienza contando a momarandu.com Carlos Lancieri, “yo primero soy una vieja gualichera y después voy convirtiéndome, por dentro, en una especie de hada”. Carlos habla de su personaje, la Vieja Cambicha, adoradora de San la Muerte, cuyo nombre completo es Cambicha Ramona Lezcano. Ese nombre obedece a la necesidad de contraponer un apellido de pueblo como “Lezcano” a uno de clase alta, como “Castellano de Anchorena”.

Como es de suponer, en la historia, el amor entre Clementina y Fortunato no es fácil: hay una madre que tiene dos hijas solteras, y hace lo posible y lo imposible para casar a cualquiera de las dos, con Fortunato. Entre tanto, Clementina comienza a trabajar en el hotel como mucama y, al igual que Cenicienta, es maltratada por esa madre “añá, más mala que una yarará” –dirá la Vieja Cambicha- y sus hijas. Por supuesto, también existe una fiesta y el deseo enorme de Clementina de participar de ella y conquistar al hombre que ama; pero esa fiesta está vedada para gente como ella.

Triste, recurre al rancho de la Vieja Cambicha para pedirle ayuda, y ahí está su madrina con todos su santos y sus gualichos y su enorme olla….gualichos para que “esa copetuda de la ciudad” no se meta más con su ahijada Clementina: “Va a quedar dura como una piedra”, es la amenaza de la payesera. Así, el gualicho comienza a tomar forma: Cambicha pone en la olla “una pata de kururu (sapo), una lengua de ju’i (rana), una pluma de cabure y un diente de mi yuru”, y clama: “Yo, Cambicha Ramona Lezcano, pido permiso y facultad en esta santa hora y en este santo momento a nuestro protector y defensor, el Señor de la Muerte. Espíritu esquelético y poderosísimo, juerte por demá, ayúdale a mi ahijadita a su amor encontrar”. Cuando todo está a punto, la ahijada se rehúsa a que su madrina prosiga con el payé y le dice que ella anhela que él la quiera por lo que es. Es ahí cuando la vieja Cambicha deja su actitud de bruja y da paso al hada que también convive en ella, y le señala entonces que “no puede ir a la fiesta con esa calcha vieja”. Pero…como Cambicha está acostumbrada a los gualichos, sus nobles intentos por ayudar a Clementina la llevan a equivocaciones desopilantes: una vez, en lugar de vestirla linda y volverla aún más bella, la convierte en un perro, otra vez en un chancho, otra vez en un buey hasta que, finalmente, Clementina luce un inmaculado vestido blanco con el que irá a la fiesta. Y también, como en uno de esas películas infantiles al estilo La Bella y la Bestia, la vieja Cambicha le advierte que solo tiene hasta el amanecer, después “se desaparecerá el encantamiento”.

Carlos Lancieri cuenta a momarandu.com que la Vieja Cambicha es una mujer de campo adentro, como esas mujeres que vivieron hace más de cien años en el interior de Corrientes; el guaraní es su habla habitual: “Dice el cura de Empedrado que hoy en día le cuesta el tema de la Santísima Trinidad porque el católica cree en ella, pero se apega a su Gaucho Gil, a su Gaucho Lega, a su San La Muerte”, dirá Carlos.

Lancieri, ya se sabe, no deja nada al azar, y por supuesto viajó a Empedrado para absorber lo que aquel lugar podía decirle a su personaje. Allí advirtió la fuerte presencia de San la Muerte, con su templo y sus devociones: “El correntino le pide a todos…alguno le escuchará… digo yo…Sorprende el sincretismo: yo vi a Santa Librada, Nuestro Señor Hallado, la Virgen del Rosario”, sigue narrando el artista.

Respecto al traje que, como ya es habitual, él mismo confecciona, dirá que este año, el traje es “calcado” del diseño que le dio Horacio Gómez, “como siempre”, cuenta Carlos, y detalla: “Traté de hacerlo bien rústico porque es de campo, usé telas de tapicería, puse ramas, arpilleras para el gorro, que también tiene raíces y un poco de carnaval. Detrás de mí hay unas ramas secas y allí van cuatro búhos –que en el musical es un cuarteto de nenas hermosas-, también están los tordos, el carau, alrededor de ella hay gran cantidad de aves. Por supuesto, la presencia de San la Muerte es muy fuerte y lo hice sin faltar el respeto a nadie”.

Pero la cara de la Vieja Cambicha es otra cosa…hay que avejentarse mucho y afearse y volverse irreconocible, algo que a Lancieri no le cuesta porque no solo ama lo que hace sino lo hace con total profesionalismo: “La máscara de la cara es de látex, que me la facilitó una chica que trae de Buenos Aires, Celeste Piceda, quien también me asesoró cómo lo tengo que pintar…la Vieja Cambicha es una mujer duende, como la mujer del Pombero…una mezcla…”

- ¿Este personaje te gustó desde la primera vez?, preguntó momarandu.com, a lo que Carlos respondió: “En realidad, cuando la comparsa me da este personaje no era el que más quería hacer yo. Me imaginaba más como una madre rica, una mujer patricia, llena de exigencias…sentía que ese personaje me quedaba más cómodo. Pero luego, entre todos, pensamos que tenía que estar presente la correntinidad, la inocencia del pueblo, nuestras raíces, dado que al final, el mensaje de Sapucay es que la verdadera mansión, para nosotros, es nuestra naturaleza: por ejemplo, la pileta de natación de la Mansión, es para nosotros nuestro río Paraná”.

- ¿Qué desafíos te presentó hacerlo?, preguntamos. “Es salir de mi zona de confort; la caracterización es importante, desde avejentarse hasta la forma de moverse; Cambicha es renga. Y siempre hacerlo desde el lado humano y con humor. Hacerlo fue salir de lo que todo el mundo esperaba de mí”, dijo Lancieri.

Para dar vida a la Vieja Cambicha, Carlos regresó a su infancia: “Recordé la gente que conocí en el campo cuando vivía en Libres, recordé a esas mujeres…hoy en día cuando me voy al interior a dar un curso todavía hay quien te mira con asombro…`viene de Corrientes, mirá…´, como si la capital correntina quedara lejísimo, así que imaginate en esa época cuando venía gente de Buenos Aires, de Europa. En la Mansión estuvieron Sarah Bernhardt, el príncipe de Gales, el marajá de la India, que llevaba puesta una luna de brillante y oro…para la gente eso era increíble... También recuerdo que cuando éramos chicos, íbamos a buscar leche de vaca a una señora que era muy del estilo de la Vieja Cambicha: tenía sus bichos, su vaca, sus rezos”, narra Lancieri.

Para la composición de un personaje, Carlos Lancieri destaca que es fundamental observar: “Siempre observé mucho el entorno donde me toca estar, es una de mis cualidades, fotografiar con la mente todas las escenas que voy viendo”.

Respecto a su actuación durante el año, Lancieri destaca que no está conforme con solo trabajar una vez al año para carnaval: “Es poco y es poco para todos los artistas que estamos en chamamé y carnaval; es muy limitado y sabemos que podemos dar más. A mí me da tristeza solamente mostrarnos en esta etapa. También tenemos que ser conscientes de que no hay apoyo para seguir durante el año y es muy difícil ser independiente en esto”.

- Cuando te quedás solo, se apagan las luces y el corso se va, ¿qué pensás de vos y tu actuación?, inquirió momarandu.com. “Pienso que estoy re loco porque no duermo, son horas de crear el personaje, juego, me pruebo la máscara, me voy pintando, me voy avejentando, me voy haciendo renga y me voy haciendo una cara horrenda. El éxito del personaje es cuando no se encuentra a Carlitos en ningún lado”, contesta, y es verdad: no se reconoce a Carlos Lancieri detrás de la Vieja Cambicha ni a su voz. No se parodia a sí mismo, Carlos actúa, compone un personaje que, probablemente, será inolvidable.

EL EQUIPO DE “LA OLLA”…DE LOS CONJUROS
Carla Noval, coreógrafa y directora del show - Diego López Alonzo, coreógrafo asistente - Florencia de Pompert es Clementina - Augusto Santoro es Fortunato -Alejandro Barbosa, ayudante de dirección de las escenas - José Ramírez es el Río Viejo - Voz del Rio Viejo es Julio Cáceres de Imaguare. La mamá casamentera es Analía Bury – Hijas, Corina y Martina Perduca - Diego Ojeda es Pedro Luro – Inversores, Ariel y Diego Bernarde - El gran Metre del Hotel es Alfred Jed - la Gobernanta es Victoria March - El colibrí es Raquel Argüello, la bastonera de la comparsa. Lorena Russo es esposa de inversor - Keko Ruiz, capitán del barco, y Maite Castresana es Sarah Bernhardt.