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Opinion Corrientes Domingo 19 de febrero de 2017 
La corrupción culposa
( Por Jorge Eduardo Simonetti). El acuerdo económico en trámite ante la justicia, entre el Estado Nacional y la concursada empresa del grupo Macri, por la reestatización del Correo Argentino, ha resultado un nuevo disparador del debate acerca de la corrupción en la Argentina.-

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El derecho de resistencia a la opresión
Las privatizaciones de los noventa y los “commodities” en los primeros lustros del siglo XXI, sirvieron para engordar unas arcas fiscales que fertilizaron las tentaciones de los que manejan el poder.-

Por esos tiempos, la corrupción estuvo más presente que nunca, ante una sociedad que jamás alcanzó a definir un calibre ético uniforme para los que malversan el dinero público.-

Un comportamiento social errático fue la respuesta ante los distintos sucesos disvaliosos.- Si la economía va bien, somos tolerantes con la corrupción pública.- Por lo contrario, si nuestros bolsillos están flacos, condenamos a la primer sospecha.-

También nuestros posicionamientos políticos condicionan nuestro juicio moral.- Si los acusados son del palo, ni las “in fraganti” valijas repletas de dinero servirán para convencernos del delito, o, lo que es peor, para que nos importe aunque así fuera.- La sociedad jamás alcanzó a definir un calibre ético uniforme para los que malversan el dinero público

De allí que la ética de los gobernantes y funcionarios es la misma ética de la sociedad: ambivalente, bifronte, autorreferencial.-

Las cicatrices que en la moral de la república dejaron los obscuros procesos de privatización de los noventa, quedaron eclipsados en su envergadura con aquello que vendría después, y que un periodista diera en llamar el “ladriprogresismo”.-

Es que, por primera vez, se ponía de manifiesto un esquema que excedió el de los comportamientos individuales o el de la “corrupción de oportunidad”, para ingresar en el terreno más global de la “corrupción como genética de gobierno”.-

En el ámbito de los derechos humanos, mucho se debatió si las muertes, torturas y desapariciones se dieron en el marco de los excesos de guerra o formaron parte de un “plan criminal”, definiéndose la justicia por esta última opción.-

Parece que hoy los jueces están siguiendo un mismo camino en el terreno de los juicios en trámite.- La comisión de delitos contra la administración, como el sobreprecio en la obra pública, la malversación de caudales públicos, el lavado de dinero, ya no son vistos simplemente como consecuencia de comportamientos individuales de los funcionarios del gobierno anterior.-

Es el “plan criminal” que se vale de los resortes del poder para producir una sustracción organizada del dinero público, técnicamente tipificado como una asociación ilícita conformada para cometer multiplicidad de actos al margen de la ley.-

Lo extraño de esta catarata de procesos judiciales por el saqueo de las arcas estatales, es que los acusados no parecen hacer aquello que debería ser elemental en quien se considera inocente, que es negar los hechos concretos en cada causa y dar una versión propia más o menos verosímil.- Síntomas de una culpabilidad casi irrefutable, que no alcanza a ser disimulada con el reiterado latiguillo de la “persecución política”.-

La ética de los gobernantes y funcionarios es la misma ética de la sociedad: ambivalente, bifronte, autorreferencial

Tal vez Cristina Kirchner y sus muchos funcionarios procesados, inspirados en la serie “Crímenes Americanos” de la señal Netflix, estén añorando un juicio por jurados, aquél que le permitió al popular jugador de fútbol americano, O.J.Simpson, acusado del asesinato de su esposa, obtener una sentencia emocional de absolución a pesar de las abrumadoras evidencias materiales de autoría.-

Pero la corrupción tiene muchas caras.- No sólo se manifiesta con el rostro lacerante de la procacidad, del dolo persistente, de la exhibición impúdica, del enriquecimiento inexplicable, de la contundencia probatoria de los bolsos llenos de dinero.- En el régimen anterior, la “corrupción de oportunidad”, dejó paso a la “corrupción como genética de gobierno”

También tiene su costado menos público, su metodología más refinada, sus formas más cuidadas, su producido menos expuesto, sus responsabilidades culposas, sus formas omisivas.-

El asunto del Correo Argentino se inscribe, creo yo, en esta última categoría, a pesar de los ingentes esfuerzos de un gobierno que, más que resolver problemas, es especialista en crearlos.-

Con la conferencia de prensa del jueves, quedó demostrado, a esta altura de su mandato, que al Presidente Macri no le sienta ya bien su estudiada ingenuidad.- Nadie llega a tan alto cargo con tal cuota de candidez, como se pretende hacer creer a los ciudadanos.-

Si me preguntan, debo decir que el Presidente tenía pleno conocimiento del acuerdo, primero porque es una empresa de su familia y el negocio no fue pequeño; segundo, porque a pesar de su obligación legal de no interesarse personalmente, como jefe máximo de la administración nacional no pueden escapársele tales cuestiones.-

En los asuntos en que está involucrada su familia, no es cerrando ojos y oídos como debe defender los intereses de todos, en caso que creamos el desconocimiento presidencial, sino también velando para que sus funcionarios, caso el Ministro Aguad, no caigan en la tentación característica de muchos subordinados: hacer las cosas que le hagan quedar bien con el jefe.-

A Néstor Aguad los correntinos lo conocemos bien, muy bien.- Tanto, que no se nos olvida que nos dejó un presente griego de 60 millones de dólares, cuya causa penal por defraudación inexplicablemente prescribió en la justicia federal.- Por ello, no nos extraña su comportamiento en este asunto.- A esta altura de su mandato, no le sienta ya bien al Presidente Macri su estudiada ingenuidad

El propio Macri no ha podido escapar a una contradicción esencial.- Si por razones éticas se excusó de intervenir para impedir el acuerdo por el Correo, por esas mismas razones tampoco debería haber intervenido ahora, luego del escándalo, anulando el acuerdo firmado por su ministro.- Si estaba inhibido antes, lo debería estar también después.-

Por otra parte, anular significa reconocer los defectos del acuerdo, por lo que debió reclamar la renuncia de Aguad.- Pero anularlo por la sola presión del impacto público, demuestra una falta absoluta de carácter de un Presidente, cuyas “marcha atrás” están dejando de ser signos de humildad para sumarse a la antología de la estupidez.-

Creo advertir en la ciudadanía una preocupación por el rumbo de la administración.- Es que gran parte de la sociedad apostó a Macri, y por esa misma razón está poniendo el lomo para aguantar una aguda crisis, con tal de no volver a vivir bajo el signo del autoritarismo y el saqueo.-

Sabemos que subsisten graves problemas de la Argentina real.- La inflación que se resiste a abandonarnos y hace estragos en los bolsillos más flacos, el rojo sideral de las cuentas públicas, la caída vertical del consumo, los anuncios prematuros de tiempos de bonanza cuya llegada se estira.- La reacción gubernamental “ex post facto” demuestra que en lo del Correo no todo está tan claro

Y si a las dificultades reales le sumamos aquellas artificiosas creadas por impericia de los encargados de darnos las soluciones y además comenzamos a bordear peligrosamente los contornos difusos de los intereses familiares y públicos, seguramente el panorama no es halagüeño.-

Lo peor que le puede pasar a la Argentina de hoy no es la continuidad de la crisis económica, sino la pérdida de la credibilidad en esta administración.-

Si ello sucede, el cambalache si instalará definitivamente en la nación y no estaremos ya en condiciones de diferenciar a Carnera de San Martín.- Dios no lo permita, porque los salteadores están agazapados a la vuelta de la esquina para arrebatarnos el bolso.-