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Opinion Corrientes Sábado 25 de febrero de 2017 
La significación actual del “Bolivarismo”
(Por Arturo Zamudio Barrios) La ignorancia argentina respecto de lo que ocurre en el mundo, tiene, por cierto, que ver con el tambaleante orden institucional y el fragilísimo nivel de conciencia que lo sustenta

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Y basta con encender un televisor, aún el menos nocivo: ¿quién se dio por enterado, en los últimos tiempos, que la agresividad estadounidense sobre Venezuela se parece a la que alguna vez ejerció sobre Panamá, asaltando luego al país para secuestrar a Noriega, su presidente entonces? Por supuesto, la revolución bolivariana es hueso bastante duro de roer, en materia de fuego y en apoyo internacional (preside los Países no Alineados, cuya población total -119 naciones, entre ellas China, Rusia e Irán- abarca la tercera parte de la del planeta). Naturalmente, quien no lo sabe –como “la clase media” argentina- tendría que volver a leer lo que sobre ella escribió en 1913, José Ingenieros, en su célebre El Hombre Mediocre”, y desdibujarnos de aquel calificativo que le sirvió al filósofo para arrojar sobre nuestras cabezas el espantajo de Manuel Quintana, cierto abogadillo de los ferrocarriles ingleses que llegó a Presidente.

Un profesor “eminente” de varias Universidades norteamericanas, suspiraba recientemente en el New York Times (el diario que Trump llamó mentiroso), por el apoyo que China brindaba a la Venezuela revolucionaria y a sus necesidades actuales de desarrollo. Lo que no sabía este tan obtuso colaborador, residía en la complejidad de las relaciones entre ambos países, aunque el 35 por ciento de las divisas venezolanas venga del gigante oriental, y esta complejidad queda al desnudo con una simple anécdota: Maduro quiso obsequiar a su representante durante la firma de un acuerdo, con un ejemplar del programa de Chávez que la Revolución aplica, y el funcionario chino, sonriente, habría de decirle: “agradezco su amabilidad Sr. Presidente, pero nosotros tenemos ese libro, lo hemos traducido a nuestro idioma y se lo está estudiando en las Universidades”.

La alternativa socialista de Chávez era traducida y estudiada en las Universidades chinas. ¿Quién ayuda a quién, pues, en tales condiciones? Y la explicación resulta fácil de hacer, con un poco de memoria que tengamos: sabemos que las revoluciones con orientación avanzada, desde la rusa de 1917, se han producido siempre por medio de catastróficas guerras civiles, cuya enmienda posterior, tras el retraso y la destrucción, traía innúmeros padecimientos a sus protagonistas.

La guerra contra el nazismo en la URSS, creó también fuerzas hostiles a la Revolución, que aprovecharon en su beneficio el sacrificio del pueblo ruso, recién ahora en trances de superación; China en 1949 y Cuba en 1959, presentan problemas similares. El escritor cubano Pagura aseguraba que lo peor del socialismo y lo peor del capitalismo convivían en la China actual. ¿Es tan así…? No es ésta, claro, hora propicia para discutir el tema, dado que el socialismo como orden aún en bosquejo, frente al decrépito capitalismo, sigue siendo, como decía Fidel, una suerte de desafío, a medida que traslademos a la labor humana un complejo de premisas: “que se levante el campo; que se levante el trabajo; que nos avergüence el robo y que se sienta el orgullo de nacer en esta República…” Algo que supone mucho tiempo de desarrollo, sobre todo en la conciencia.

Y de sus tentativas podría enorgullecerse el pueblo venezolano, desde que las luchas sangrientas de fines del siglo pasado, pudieron convertirse en los éxitos en nuestros días, cuando, a pesar de la baja en los precios del petróleo, se ha entregado en posesión un millón y medio de casas a estrenar. Pero había algo más todavía que el bolivarismo acarreaba: si el Poder Popular, factor decisivo en la Revolución, inclusive en Nicaragua había supuesto el fin victorioso tras la guerra, Venezuela creaba dicho Poder por medio de una nueva Constitución, mediante el voto, el debate popular y la fundación de órganos adecuados –las Comunas y el Congreso de la Patria-, tratando al mismo tiempo de que la paz reine a pesar de la “guarimba”, el crimen solapado y la siembra de “paramilitares” desde las fronteras. Por primera vez, en el 2016, el presupuesto a gastar por el Estado venezolano partió de un análisis popular, y no de una amañada Asamblea de “hombres distinguidos”… generalmente por los”lobbies” y financistas a lo Odelbrecht, como la plaga que nos cayó encima.

No es casual que “el Por ahora…” con el que Chávez resigna los objetivos del Golpe cívico-militar, previo a las elecciones, se repita en todas partes, como anticipando que las luchas populares de Europa y América cobrarán cada día mayor radicalidad. Iñigo Errejón habría de decirlo, también, a su modo frente a los impresentables: Macri y Rajoy, que tenía delante, al referirse al pueblo argentino: “aguanten que ya volveremos”, pues, sin mencionar al cuñado de Felipe, prófugo en Suiza, ya eran suficientes los impresentables. Baltimore, en los Estados Unidos, mientras tanto, se yergue hoy con su estatura anticapitalista, exaltando no la figura de Malcom X defensor del nacionalismo negro, sino la del crítico del capital estadounidense, cuyo racismo y fascismo se vuelcan sobre pueblos de aquí y allá. “No soy defensor de la nación negra, sino internacionalista…”, espeta a sus asesinos.

¿Podría asombrarse uno, en fin, aunque se sea catedrático de la Kellog School, de la amistad entre China y Venezuela? Habría que ser muy miope para no ver no sólo el porqué de la amistad entre ambos pueblos, sino la significación misma de la Revolución Bolivariana en los días que vivimos. Aunque haya que lamentar la reiteración, no escasa, por estas latitudes, de una miopía también frecuente.