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Opinion Corrientes Miércoles 12 de marzo de 2017 
Huelga, peronismo y gobernabilidad
( Por Jorge Eduardo Simonetti). El concepto de gobernabilidad es relativamente nuevo en el vocabulario político.- Hace referencia a las condiciones mínimas para que un gobierno pueda llevar adelante su tarea de administrar un país.-

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El derecho de resistencia a la opresión
Su existencia, naturalmente, está relacionada con la democracia, casi aún más con la república, en la que los poderes, tanto institucionales como fácticos, están repartidos.-

Negociar, negociar y negociar parece ser la única herramienta de la administración macrista, pero si “uno no quiere, dos no pueden”.-

Difícilmente podrán manejar el país si los restantes actores políticos, sociales e institucionales no acatan ciertas reglas básicas de interacción, que posibiliten que sus acciones estén conectadas con la racionalidad y el orden jurídico.-

Un gobierno autocrático no necesita de condiciones de gobernabilidad, el poder es uno sólo, no debe consensuar con nadie, no tiene controles, tampoco límites.- No es lo que debería suceder en países medianamente civilizados.-

El esquema kirchnerista fue binario, los buenos (ellos mismos) de un lado y los malos del otro.- El poder institucional confluía en un solo polo: el Ejecutivo; los legisladores no debatían sino cumplían órdenes, los jueces hacían de la justicia el arte de esquivar los pronunciamientos contra el mando político.-

Si los actores políticos y sociales no se conectan con la racionalidad y el orden jurídico, terminan siendo golpistas encubiertos

La realidad es hoy más compleja, los actores con capacidad de influencia en las decisiones son múltiples.- De un Congreso “sale con fritas”, pasaron a uno que decide, pero también obstruye; los jueces han salido de la clandestinidad y adquirido la “valentía” suficiente para paralizar con medidas cautelares la acciones del gobierno.-

En el ámbito extra institucional, los movimientos piqueteros y los sindicalistas parecen haber abierto las compuertas de la prudencia, y los que en tiempos cristinistas estaban en estricta “dieta de lucha”, hoy se manifiestan con una virulencia digna de mejores causas.-

Nada descubrimos si destacamos la importancia de la educación, también la cuestión social.- Pero de allí a justificar los medios extorsivos de la dirigencia sindical, que arrasan con las normas y los modos de convivencia, hay un campo, un campo de demagogia y de irresponsabilidad.-

Una democracia sirve para el disenso, y discutir los límites de la huelga también es un derecho.- En una dictadura, la huelga no es un tema, porque no existe, como no existieron en la Unión Soviética de Stalin, la Alemania de Hitler o la Cuba de los Castro.-

No se trata de eliminar la disconformidad, Charles Chaplin lo sugiere humorísticamente, sino de incorporar a la sociedad en un debate que hoy es monopolio de los sindicalistas.- Los padres, los hijos, los ciudadanos en general, son los convidados de piedra porque no tienen sindicato que los represente, los partidos políticos brillan por su ausencia.-

Como no sucede hace quince años, la gobernabilidad del presente está asentada en la conducta responsable de múltiples agentes, de cuyas acciones depende la marcha del país.- El gobierno es el responsable primario de generar su propio margen de maniobra política

El gobierno, en primer lugar, es el encargado principal de generar su propio margen de gobernabilidad.- A quince meses de gestión, parecen no haberse dado cuenta que la metodología “CEO” es insuficiente para gobernar un país y que el escaso volumen político del gabinete conspira permanentemente con el objetivo.- La reincidencia de gobernar en reversa, emite mensajes de desconfianza y debilidad a gran parte de una sociedad que no quiere volver a lo de antes.-

Pero el resto de los actores que intervienen en un esquema de gobernabilidad, hoy en la Argentina están dependiendo directa o indirectamente del peronismo, mejor dicho de los peronistas, y éstos han demostrado cero autocrítica.-

El movimiento del General de la ancha sonrisa, ese cajón de sastre políticamente inmune a las ideologías, tiene una presencia inmanente en toda la geografía institucional y social del país.- El Congreso es mayoritariamente peronista, también las gobernaciones, el ochenta por ciento de los sindicalistas son peronistas, los piqueteros otro tanto.-

El Congreso, los sindicatos y los movimientos sociales, muestran a una dirigencia peronista escasamente preocupada por la gobernabilidad

Y la historia demuestra que los compañeros estuvieron siempre interesados en sembrar el concepto que son los únicos que pueden gobernar.- Y la manera más simple de hacerlo es trabajar desde todas las estructuras que en el país son su patrimonio: el Congreso, los sindicatos, los movimientos sociales.-

Ya ha quedado demostrado que el Poder Legislativo, con el peronismo, el perokirchnerismo, el peromassismo y aliados, es un instrumento institucional muy poderoso para obstruir o imponer.- Los gobernadores peronistas, callados en tiempos pasados, saben que la extorsión es una metodología conveniente para tratar con gobiernos sin mayorías legislativas.-

Los gremios docentes en huelga a pesar del diálogo paritario no cerrado, no acatan la conciliación obligatoria, una CGT que se sube al caballo de la protesta, el movimiento piqueteril que no le hace asco al corte de calles, configuran un panorama poco halagüeño con brotes de violencia que preocupan.-

El combo peronista es completo, no por una decisión de sus estructuras, nunca las necesitaron, sino por esa especie de pasión indefinida e indefinible que los une con un invisible hilo conductor que sólo lo advierten quiénes son del palo.-

Es cierto que hoy es difícil identificar el sello de pertenencia al movimiento del general, porque de los trabajadores de otrora quedaron los burócratas sindicales atornillados al sillón; el pueblo humilde de entonces, produjo su propia estructura de sometimiento, la burocracia piquetera, que comercia con sus necesidades; sus dirigentes políticos se diversificaron, desde Menem a Kirchner, pasando por Massa; su doctrina política sufrió tantos vaivenes, de neoliberales a populistas y viceversa, que cuesta encontrarle alguna identidad.-

Pero siguen allí, en casi todos los lugares, decidiendo o influyendo, con un amor a la camiseta que no sabe de ideas ni de coherencias políticas, sino de sentimientos de pertenencia y de una inigualable vocación de poder, pareciendo decirle a la sociedad: “si no somos nosotros, no será nadie”.-

Con un radicalismo resignado a jugar un papel secundario en la alianza oficialista, se le agotan al gobierno los recursos tácticos para enfrentar los problemas y carece de anchura política en sus espaldas que le permita convocar a una épica de resistencia contra los que quieren socavar la gobernabilidad.-

La salud institucional de la república necesita urgentemente ver la luz al final del túnel, la aparición de señales que preanuncien una reactivación económica, con la generación de empleo, la recuperación del salario y el control de la inflación.-

Mientras eso no suceda con la nitidez necesaria, el gobierno seguirá siendo su principal víctima, porque Cambiemos difícilmente tendrá otros recursos políticos que no sean los que emanen de una gestión medianamente exitosa, lo que por ahora está lejos.-

Un país no se salva ni se hunde en un año.- La Argentina de 2017 es el resultado de un cuarto de siglo de desaciertos, del cual 22 años gobernaron los que hoy encabezan las marchas, las protestas, las huelgas, los piquetes, exhibiendo una descarada subestimación de la memoria del pueblo argentino.-

Así y todo, ya no es tiempo de echar culpas sino de exhibir gestión y un amanecer económico de mejores alternativas.- De otro modo, el panorama no es halagüeño.-