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Opinion Corrientes Lunes 03 de abril de 2017 
Nos tienen miedo
(Por Jorge Eduardo Simonetti) No fue en 1976 ni lo dijo Jorge Rafael Videla.- Sucedió en 2017 y la autora de la terrible frase, “nos tienen miedo”, es la titular de Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini

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El miedo es una emoción que se experimenta como una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presento, futuro e incluso pasado.- Según Sigmund Freud, existe el miedo real cuando está en correspondencia con la dimensión de la amenaza, y el miedo neurótico cuando la intensidad de la emoción no tiene ninguna relación con el peligro.-

El terrorismo de estado era de temer para los ciudadanos, no existía defensa posible ante la utilización clandestina del poder público para secuestrar, torturar y matar; más que miedo, terror.- También la violencia política de los grupos armados en los 70, de izquierda o de derecha, provocaba miedo en la población, ante la perspectiva de una bomba, una balacera, un secuestro.- Ambos, con sus grados, fueron miedos reales.-

La pregunta es: ¿Debemos tenerles miedo a Hebe de Bonafini, a los organismos de derechos humanos, a los manifestantes de Plaza de Mayo, a los grupos piqueteros que se tapan la cara y blanden palos?, y en tal caso ¿por qué?

Quien no viva en Argentina y no conozca a Hebe de Bonafini, creerá advertir una contradicción, una expresión impropia de alguien que pertenece a un organismo de derechos humanos.- Pero no, no es una contradicción, es una expresión que guarda congruencia con el modo de proceder de una personalidad contradictoria, como la de Hebe.

- El insulto racista a los bolivianos que protestaban en la plaza, la descalificación a un periodista por su condición de judío, el apoyo a organizaciones violentas (como las FARC y la ETA), la incitación a tomar el Palacio de tribunales, la instigación a utilizar palos y gases para disolver la protesta del campo, el deseo que no hubiera vuelto ningún combatiente de Malvinas “por fachos”, su alegría por el atentado a las Torres Gemelas, los insultos a Juan Pablo II, entre otras tantas lindezas, la exhiben en su núcleo intolerante y prepotente.-

Hebe de Bonafini ha demostrado al mundo y en especial a la sociedad argentina, que es factible ser, doblemente, víctima del terrorismo de estado y victimaria de la tolerancia y de la convivencia pacífica.-

El acto del 24 de marzo terminó por desnudar la verdadera naturaleza de la versión siglo XXI de muchos organismos de derechos humanos: son un partido político que responde a los intereses del kirchnerismo, ni más ni menos, el resto pasa a un segundo plano.-

“Basta de ser democráticos para ser buenitos: me cago en los buenos”, “Macri es un dictador”, fue el mensaje de una Hebe que, en su afiebrada contradicción, acusa al gobierno de dictadura pero se reconoce a sí misma como antidemocrática y kirchnerista.-

Cierto es que hoy el organismo de “Madres” se encuentra absolutamente desnaturalizado y vaciado de contenido, la lucha ya no es por el encuentro de sus hijos desaparecidos y la condena de los culpables del terrible genocidio, sino por la toma del poder, de cualquiera manera, aunque más no sea repartiendo “helicópteros” de telgopor que ponen de manifiesto su gen autoritario y golpista.-

Dos consecuencias gravísimas tiene, me temo, el hecho de calificar al gobierno como una dictadura y a Macri como dictador.- La primera es la banalización del concepto, esa liviandad en la utilización de un calificativo reservado para los gobiernos más tremendos de la humanidad.- A partir de ello, todo ingresa en el terreno del relativismo: Macri es Hitler y Carnera es San Martín, como en “Cambalache”.-

La que sigue es la instalación de la teoría del derecho a la resistencia de los 70, contra lo que se considera “dictadura”.- ¿A cuánto estamos para que el ADN se abra paso, salga a la superficie y los muchachos de la capucha y los palos perforen los límites de la protesta pacífica?

En el acto del 41° aniversario del golpe militar que engendró el gobierno más sangriento de la historia argentina, se patentizó la clara raya divisoria que las organizaciones kirchneristas han trazado en el seno del pueblo argentino.-

Quienes se autotitulan como únicos representantes de los derechos humanos en la Argentina, han vetado a la mayoría de la sociedad y la han colocado del otro lado de la acera.- Si no sos kirchnerista, sos de la dictadura, esa es la ecuación simple de la nueva contradicción.-

De tal modo, desde ahora, los 24 de marzo son una fecha kirchnerista de conmemoración, en la que la gente común nada tiene que ver.- Ellos mismos, los apropiadores de los derechos humanos, lo han dicho.-

Se les nota la exasperación cuando el gobierno no confronta, eso los descoloca, porque la única manera que entienden la política es a través de la confrontación, y para eso necesitan un enemigo fuerte.- Entonces, les surge la sobreactuación: calificar al gobierno de Cambiemos como dictadura, una inventiva que ni ellos mismos se la creen.-

La transición democrática en Argentina fue de ruptura y no de salida negociada con los dictadores (como sí lo fue en otras reinstauraciones democráticas sudamericanas), Alfonsín los investigó con la Conadep y la justicia civil argentina los juzgó y condenó, todo a pesar de las amenazas, los levantamientos y las presiones de un mando militar todavía muy presente.-

Néstor Kirchner ni fue el único ni el más valiente luchador, no necesitó como Presidente ser muy corajudo para cargar contra la dictadura a más de veinte años de su finalización, menos contra un ejército que resultaba una caricatura de aquél de los años de plomo o de los primeros años de la democracia, tampoco cuando los enjuiciados eran personas ya decrépitas y sin poder.-

Sin embargo, el relato se olvidó de la historia e instaló la ficción.- Nada se dijo el 24 de marzo de 2017, de Raúl Alfonsin, de la Conadep, de Ernesto Sabato, René Favaloro, rabino Marshall Meyer, monseñor Jaime de Nevares, Eduardo Rabossi, Magdalena Ruiz Guiñazú, Graciela Fernández Meijide, del fiscal Julio César Strassera, de Moreno Ocampo, de los jueces de la Cámara Federal Carlos León Arslanian, Ricardo Gil Lavedra, Jorge Valerga Aráoz, Jorge Torlasco, Guillermo Ledesma y Andrés D Alessio, entre tantos otros.-

Los dirigentes de derechos humanos en Argentina hoy ya no tienen miedo, lo generan, al decir de Hebe.- La mirada cíclope los ha vuelto sectarios, autoritarios e intolerantes, con la peligrosa creencia de pensarse como los dueños de la verdad.-

Entretanto, la mayoría del pueblo argentino no se tapó un ojo para ver la movilización del 24 de marzo, y sacó sus propias conclusiones.-