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Opinion Corrientes Domingo 09 de abril de 2017 
Ganar la calle
( Por Jorge Eduardo Simonetti).Ganar la calle ha sido siempre el paradigma de la política Argentina, mucho más valorado que en otros países.-

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La calle fue ganada por una multitud en 1945, estableciendo una fecha de culto para el peronismo, también lo fue para la gesta de Malvinas, o para derrocar a un gobierno democrático como en 2001, o para los reclamos del campo en 2007, o para los cacerolazos en el último lustro, o para impedir la circulación ciudadana a través de los piquetes de los últimos quince años.-

Si la calle se pierde, se fracasa en la pulseada política, ese es el concepto.- El kirchnerismo perdió la calle en el último período de su gobierno, quedó cercado por los multitudinarios cacerolazos.- El macrismo, si es que alguna vez la tuvo o pretendió tenerla, pareció sentirse acorralado con las últimas marchas y actos públicos, cómo si los helicópteros de telgopor lo amenazaran seriamente en su estabilidad.-

Encerrado en sus preconceptos políticos, nunca fue del gusto de Cambiemos salir a disputar la calle.- Ni los radicales como Sanz, ni la verborrágica Carrió, menos aún los dirigentes del PRO, se mostraron entusiasmados con la convocatoria cibernética, más por miedo al fracaso que por convicción metodológica.- Los funcionarios del gobierno se llamaron a silencio antes de la marcha, en actitud impropia con la fortaleza que debían demostrar.-

Pero la gente misma, sin la ayuda de ningún aparato político, sin transporte, sin alimentos, sin figuras convocantes, sin organización de respaldo, con la sola portación de sus propias convicciones, a cara lavada salió disputarle la calle al populismo, a los aparatos, a los dirigentes sindicales, a los piqueteros, a los centenares de colectivos, al reparto de alimentos, a las capuchas y a los palos.-

Durante el #1A, la multitud en la Plaza de Mayo y alrededores y en muchas otras plazas del país, fue el producto espontáneo más genuino que puede dar la participación popular, porque no necesitó ni de “los dirigentes a la cabeza” ni de “la cabeza de los dirigentes”, para generar una movilización conmovedora en defensa de algo tan simple como importante: las instituciones democráticas.-

Moralmente, la movilización del 1° de abril se impuso por goleada a las concentraciones y marchas de piqueteros y gremialistas, por su generosa espontaneidad, o al paro general del jueves ayudado por los cortes de ruta y la falta de transporte.- Sin motivación económica, partidaria ni subalterna, tan sólo las convicciones, nada menos.

- Desde el punto de vista práctico, en cambio, así como sucedió en todo lugar del mundo dónde se produjeron este tipo de concentraciones espontáneas, la falta de un liderazgo visible, de una organización de sustento y de objetivos concretos, no permite mensurar resultados ni generar efectos duraderos.-

Del otro lado, están las marchas casi “profesionalizadas” de gremialistas, piqueteros, kirchneristas y afines, que saben muy bien la razón de sus movilizaciones.-

Su motivación central aparece legítima, la defensa del salario de los trabajadores, desmoronado por la inflación.- Pero es indisimulable que también pelean por el poder (al que consideran propio), por el dinero que el manejo de los movimientos gremiales y piqueteros generan, por imponer políticas de gobierno sin haber pasado por las urnas, y sobre todo por volver atrás, a esa Argentina de los tres primeros lustros del siglo a la que las urnas en 2015 le cerraron el paso.-

La disputa política en 2017 se adelantó en un escenario impensado: la calle.- los piqueteros, el kirchnerismo y la izquierda, nunca imaginaron que los ciudadanos comunes, sin dirigentes, sin estructura y de manera pacífica, le coparan la parada de manera contundente en el terreno en que siempre se han sentido propietarios.-

Se configuró, en toda su dimensión, la lucha entre las dos Argentinas, una que combate por no morir y otra que no termina de nacer.-

El país viejo no abandona las viejas prácticas, sus representantes más conspicuos se sienten con derecho para hablar en nombre del “pueblo”, ese mismo pueblo que les ha dado la espalda en elecciones democráticas.- Y, lo que es más lamentable, no trepidan en la utilización de la violencia (verbal por ahora), exponiendo públicamente sus actitudes golpistas.-

Del otro lado hay un país que desea emerger, que también lucha por un futuro de trabajo, sueldos dignos, libertad, educación, pero que no quiere la vuelta atrás, no quiere boleto de regreso al autoritarismo, a la violencia, a la corrupción, no desea que su destino inexorable sea lo que es hoy Venezuela o la Provincia de Santa Cruz.-

Hay que decir que la dirigencia políticas en general, tanto la oposición como el oficialismo, subestimaron a la mayoría del pueblo argentino, no mensuraron debidamente su capacidad de reacción y su compromiso con el sistema democrático.-

Hace más de setenta años la sociedad padece de la enfermedad del populismo, con sus momentos de mejora y de agravamiento, con sus etapas de remisión y con períodos de ventana que pareciera que ha sido expulsada del cuerpo.-

Sin embargo, es evidente que no tenemos médicos lo suficientemente buenos para erradicarla definitivamente, aunque de mortal ha pasado a ser crónica.-

La calle, que algunas veces no es buena consejera y otras sí, le ha dejado en estos días claros mensajes a todas las partes.- Al gremialismo politizado y golpista, que no tienen el derecho de hablar en nombre de todos los trabajadores y que hay una clara diferencia entre la protesta legítima y la protesta política.-

Al gobierno, a los políticos oficialistas, a los funcionarios, “personas de poca fe”, les ha dicho que deben lograr mayor eficiencia en la gestión de gobierno y más energía a la hora de la defensa de las instituciones democráticas.-

El movimiento obrero ha sido en su historia el elemento dinamizador de la economía y de la solidaridad social.- Pero es más que evidente que sus sempiternos dirigentes están aferrados al madero de la vieja Argentina, ésa que les permite mantener sus prebendas y una persistencia en el tiempo que no la tiene ningún político.-

Ahí está la clave de la movilización, en el “alma mater” de un país que está alumbrando, con nuevas metodologías, con dirigencia renovada, con paradigmas de cambio, con compromisos diferentes.-

Jamás hay que renunciar a la lucha por sueldos dignos, educación de calidad, vivienda, trabajo, aunque no son los hipócritas del pasado cercano los que deban encabezarla.- Pero si la lucha tiene motivación política, como todo paro general, no existe posibilidad de discutir soluciones, porque el verdadero objetivo es otro.-

Si el gobierno de Macri no tiene la enjundia suficiente para defender el futuro, seguramente la gente común le servirá de soporte para ir en el camino correcto.-