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Opinion Corrientes Lunes 10 de abril de 2017 
El croar anti-chino de ciertas ranas
(Por Arturo Zamudio Barrios) Con la mejor intención y la peor de las informaciones, un periodista mostró recientemente, el cuadro doliente de un obrero chino y el rango de esclavitud que le endilga, favoreciendo, de ese modo, el barrido de la industria nacional del lugar antes alcanzado

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La democracia líquida
De vez en cuando viene bien recordar
El fracaso de las Paso
¡¡Quién los ha visto y quién los ve!!
El aparato mayor inclinó la balanza
¿Será cierto que los chinos de hoy, hacen lo que la oligarquía argentina al ganar mercados mediante la miseria pagada al productor?

Bastaría pensar en la diferencia de ambas realidades para desmentir el cotejo: el nuestro es un país en declive, cuyo desarrollo ni siquiera cubrió todo el territorio, y China… el gigante que hizo en tres años lo que Estados Unidos en cien, para entender que el conocimiento de nuestro periodista se basa en lo que James Petras llama “crooked croakers”, o “ranas deshonestas”, y de ahí su extravío. Ya intentamos aclarar ciertas cosas en un libro nuestro del 2009: “Cristianos y Marxistas en el Contrafuego”, utilizando todo el material que pudimos recoger, sobre todo europeo, cuando el sunami “oriental” hacía trizas la competencia de la UE aquí y allá, y ponía contra la pared a la de Estados Unidos.

Ahora, el sustancioso trabajo de James Petras , “El Gran Salto adelante de China”(Rebelión, 7/IV/17), aporta datos de actualidad de que yo carecía, sobre todo en el singular aspecto que ha tomado allí la lucha de clases. Y la perspicacia con que Mao desarrolla una tesis de Lenin. Lukachenko, presidente de Bielorusia, lo señalará tajante: China tuvo razón, y no es casual que a esa burguesía, aparentemente tan poderosa dada la celeridad de su desarrollo, crean en Wall Street una especie “mojigata”, a la que urge definir bien ahora más que nunca. Pues… en principio, más de la mitad de la producción china se asienta sobre la propiedad colectiva de los medios de producción, en sus variantes posibles: propiedad del estado, autogestión y comunas, cuya capacidad mercantil permite al “empresariado” enriquecerse, sin poder moldear a su gusto la vida social; más aún, con frecuencia, ante alguna “irregularidad” –por el estilo del “paraíso artificial” de Macri- el multimillonario no asciende a Presidencia alguna, sino a una celda penitenciaria.

Mientras tanto, los salarios de “esclavitud” son iguales que los de la Unión Europea, tienden a superar a los de EE. UU. cuyo valor, 1,5 por hora, es defendido por los trabajadores de la más abrupta rebaja, y han crecido tres veces en los últimos tiempos, ante el impacto de la recesión mundial. Las “ranas”, asegura Petras, croan, en cambio, sobre una decadencia china muy pronta; pronto bajará del 6 y 6,5 por ciento de crecimiento anual, pontifican, al ensalzar el 1,5 de Estados Unidos y la UE, cuya “grandeza” de otrora ya no volverá. Chomsky lo ha dicho a su manera: “el Sueño Americano” ha tocado a su fin, y ya no tendremos aquellas ciudades donde la labor de fábricas, servicios y comercios permitían a muchos, el confort y el disfrute. Trump ha eliminado el Obamacare –una especie de obra social, aunque menos significativa- mientras asigna a gastos militares 77 mil millones de dólares. La mitad de cada diez trabajadores, expresó a su turno Bernie Sanders, están en paro, y Obama ganó las elecciones al prometer salvar de la peor de las decadencias –indigentes en las calles, fábricas cerradas, policías bravas ocupadas en el asesinato de ciudadanos indefensos- a ciudades como Cleveland o Detroit.

Lo observará Fidel en su conversación con Hi Jinping: Cuba y China, le dice, buscan hallar, cada uno a su modo, un nuevo rumbo ante el declive capitalista, a pesar de que éste, el capitalismo, en un gesto de locura puede arrojarnos a todos al abismo. Lo hizo recientemente, cambiando el chivo expiatorio de los musulmanes por el bombardeo sin sentido a países del Medio Oriente. ¿Podrá ir más lejos en el desastre… es el gran interrogante? Pero China, con su crecimiento y su poderío creciente, ayuda a que este desenlace no se vuelva inevitable, y, a la vez, prueba que Lenin y Mao tenían razón: la convivencia forzosa de capitalismo y el orden que lo reemplaza, permiten no sólo aprovechar los recursos que el Capital ha creado, con otras miras, sino, a la vez, dificultar los efectos que su locura actual puede acarrear a los hombres.