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Opinion Corrientes Martes 15 de mayo de 2017 
“Nunca segundas partes fueron buenas…”
( Por Arturo Zamudio Barrios). Montagud, reportero catalán de TELESUR, comentó la entereza política de Salvador Allende, al salvar a quienes debían quedar vivos para organizar la resistencia.

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Uno de ellos, el reporteado: Jean Garcés, autor de varios libros, echado de La Moneda, junto a la propia compañera de Allende, quien pujaba por morir con él. Pues, había que reorganizar la lucha contra aquel régimen “ecuánime –como escribiera A. France- que prohibía tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles, o robar pan…”

Y los salvados por el presidente chileno, cumplieron con la asignatura. Por eso, el análisis de Garcés mostró las similitudes con lo que hoy sufren Venezuela y la revolución bolivariana, a cuya defensa se han lanzado, junto con el pueblo venezolano, los independentistas vascos y catalanes, “a Esquerda Nacional é Democrática galega” y el próximo 21, una gran convocatoria en “Los Porches de Cádiz…”, bajo el lema: “Ya es hora de que nos pongamos por medio para que tanta impunidad progolpista no les salga gratis. Gota a gota la solidaridad vencerá… “

¿Aguardaba una nueva senda victoriosa al empeño estadounidense, aplicado por los terroristas de Tierra Firme, o como pensamos con Atilio Morón, será una nueva Playa Girón? A decir verdad, el respaldo múltiple tanto en Europa como en América y Medio Oriente está dispuesto a que la palabra de Morón se cumpla. Porque los rasgos contados por Garcés sobre la conspiración en Chile y en Venezuela se parecen como dos gotas de agua: los supermercados están casi vacíos, las mujeres no encuentran pañales para sus hijos y hasta el papel higiénico ha desaparecido de los anaqueles.

Y no falta quien quiera golpear cuarteles para que aparezca otra vez, respaldado por las potencias imperiales, un inédito Pinochet; ni falta el legislador entre los declarados nulos por la Corte Suprema, que lance el “rehacer la grandeza” del país, ya vociferada en Brasil por Temer, aunque para salir de su casa paulista tenga que llamar a la Policía Militar. También le aparecen a aquel legislador algunas “mujeres de blanco” que recuerdan cierta experiencia cubana, hoy sólo apta para memoriosos.

¿Podrá triunfar de nuevo el plan de la CIA? He ahí el interrogante de nuestros días, cuya respuesta puede brindar a los pueblos del mundo entero una alegría como la que siguió al estallido de la Revolución Rusa, o hundirlos otra vez en una desazón poco grata, difícil de sobrellevar.

Hay, por ende, que escarbar entre la polvareda de las coincidencias –medios de comunicación que agrandan los enfrentamientos con paramilitares en el Este de Caracas- y ver si no hay cosas que no vemos. En materia de desigualdad, la capacidad de fuego de la Revolución chilena, cuya confianza en instituciones hostiles fue excesiva, no se ha repetido esta vez; Chávez lo observó a su turno: “La Revolución aquí es pacífica, pero no desarmada,” y desde el primer instante la vocación bolivariana del Ejército –recordemos que éste mismo, desde su fundación, ha sido miliciano e independentista- se unió a las milicias, a los regimientos de mujeres y a la Guardia Obrera.

En la actualidad esta defensa armada de la Revolución, a la que Borges, el Legislador adicto al Departamento de Estado llama, en su facundia, “paramilitar”, cuenta con 270 mil efectivos. Recuérdese, además, que esta unidad salvó ya en el 2002, la vida del Comandante, cuyo asesinato se proponían algunos sicarios con la clandestinidad ya utilizada con el Che.

Pero lo más decisivo en el caso venezolano reside en las modificaciones del ámbito de la producción y la distribución. Días atrás la Jerarquía Eclesiástica salió a pedir el cumplimiento de la Constitución en favor de los faltos de alimentos y ropas. ¿Defendía en verdad al pueblo venezolano, a quien –lo explicitó Víctor Sánchez, hombre del PSOE-, nada le falta gracias a la eficacia con que han actuado las Comunas y sus CLATS? Porque, además, la clase obrera y el pueblo –ayer, nomás, una gigantesca columna de pescadores y campesinos llenó la Capital con su respaldo a la Asamblea Constituyente-, aunque a la Jerarquía venezolana le atraiga ésta tanto como a la argentina el castigo a los Genocidas; la clase obrera y el pueblo, decimos, se atienen estrictamente a la Constitución en vigor. Y quizás la Jerarquía se apiadaba, más bien, de los Supermercados, cuyas ventas, al intentar boicotear a Maduro, han caído en flecha, como lo señala el propio visitante socialista español.

Porque, a decir verdad, miente hasta el pecado la eminente Jerarquía. La Carta Magna venezolana es única en Sudamérica, y ha nacido por votación popular, no de élite. En lugar de Tres Poderes tiene cinco: Popular, Electoral, Ejecutivo, Legislativo y Judicial; y si el Ejecutivo entrega el Poder –que lo hizo el 1º de Mayo- al Popular, Constituyente y Originario, éste es quien llama a Asamblea para verificar si los otros poderes funcionan bien, o se requieren innovaciones. Puede, inclusive, cambiar hasta las instituciones en vigor si, como en el caso de la sublevada Legislatura, se atenta contra la Carta Magna, o se arman sicarios para provocar un estado de guerra civil que favorezca la agresión exterior.

De ahí la complicidad entre la OEA, de la que Venezuela ha salido, y los golpistas que se han apoderado de la avenida del acceso Este de la Capital, confiados en el apoyo poco saludable de aliados como México, Paraguay, Estados Unidos, Colombia y Argentina. Mientras que el respaldo mundial a Venezuela es mucho mayor (las naciones No Alineadas que preside reúnen la Tercera parte de la población del planeta). “Nunca segundas partes fueron buenas…” hubiera dicho el Conde Lucanor en el siglo XVII, y no somos pocos en sostenerlo, al ver la solidaridad empeñada en hacer que el atentado golpista no resulte gratis a sus promotores.