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Opinion Corrientes Lunes 09 de julio de 2017 
Boludo e Idiota
( Por Hernán López). Nuestros gauchos formaban en tres filas: La primera era la de los pelotudos, que portaban las pelotas de piedra grande amarradas con un tiento. La segunda era la de los lanceros, facón y tacuara, y la tercera la integraban los boludos con sus boleadoras o bolas

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Cuando los españoles cargaban con su caballería, los pelotudos, haciendo gala de una admirable valentía, los esperaban a pie firme y les pegaban a los caballos en el pecho, que de esta manera rodaban y desmontaban al jinete y provocaban la caída de los que venían atrás. Los lanceros aprovechaban esta circunstancia y pinchaban a los caídos.

Entonces, los boludos (que no eran tan boludos porque venían atrás) los rematan en el piso. "Boludo", que originalmente sonó a insulto y fue mutando casi hasta perder esa connotación en la actualidad, es la palabra que mejor representa a los hablantes argentinos. Al menos eso cree el poeta, periodista y traductor Juan Gelman, elegido por el diario El País, de Madrid, para aportar el vocablo argentino a un original atlas sonoro del idioma en el contexto del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, que termina hoy en Panamá. "Es un término muy popular y dueño de una gran ambivalencia hoy. Entraña la referencia a una persona tonta, estúpida o idiota; pero no siempre implica esa connotación de insulto o despectiva. En los últimos años me ha sorprendido la acepción o su empleo entre amigos, casi como un comodín de complicidad. Ha venido perdiendo el sentido insultante. Ha mutado a un lado más desenfadado, pero sin perder su origen", argumentó el autor de Cólera Buey y ganador de los premios Cervantes y Juan Rulfo. http://www.lanacion.com.ar/1631605-boludo-la-palabra-que-mejor-representa-a-los-argentinos

Idiota es una palabra derivada del griego ἰδιώτης, idiōtēs ("persona privada de habilidad profesional", "compatriota", "individuo"), de ἴδιος, idios (privado, uno mismo).1 Empezó usándose para un ciudadano privado y egoísta que no se ocupaba de los asuntos públicos. En latín, la palabra idiota (una persona normal y corriente) precedió al término del latín tardío que significa «persona sin educación» o «ignorante». Su significado y la forma moderna data de alrededor del año 1300, del francés antiguo idiote (sin educación o persona ignorante). En 1487 la palabra idiotez pudo haber sido el modelo de analogía de las palabras «profeta» y de «la profecía». En la baja Edad Media, el término idiota se utilizaba para designar a los monjes incapaces de leer las Sagradas Escritura (Wikipedia).

“Antes que significar imbécil, idiota significa simple, particular, único en su género. Así es en efecto la realidad y el conjunto de eventos que la componen: simple, particular, única –idiotés-, idiota” (Rosset, C. “Lo real y su doble”. Libros del Zorzal. Buenos Aires. 2016. Pág 57).

A mediados de los ´90, un grupo de rock, llamado “Divididos”, algún exegeta podría ver en esta definición una suerte de augurio de lo que llaman la grieta actual, un disco que dieron en llamar “La era de la boludez”, dentro del mismo, un tema, “Rasputín” que expresa:

Campera por corazón pura foto sin canción y el burrito a la televisión. Fina línea entre el artista y el mono titi. Pone un ojo para atrás, los ciegos buscan rey. Tres mosquitos en la rama, compran "cien" de libertad.

El hit o la canción más resonada de tal álbum era “¿Qué ves? Que decía lo siguiente; ¿Que ves? ¿Que ves cuando me ves? Cuando la mentira es la verdad. La prensa de Dios lleva póster central. El bien y el mal definen por penal.

A nadie le escapa que la cuestión de la prensa, de los medios de comunicación y el poder, no tiene absolutamente nada que ver con lo que exprese un gobernador ante un trabajador de un multimedio. De hecho, años atrás, un colega, del maltratado recientemente, que trabajaba en la empresa periodística de competencia por excelencia (es decir los que se asumen como dueños de la comunicación correntina, en alianza, en sociedad, en complicidad con los políticos que le reconocen este status dándoles pautas jugosas, prebendas institucionales y sometiendo, ambos en grados de patronal, a trabajadores de prensa, a quiénes los dueños de los medios y sus socios políticos, maltratan a diario, en público y privado, con términos inadecuados, con atenderlos de parado, con tenerlos por horas fuera de sus despachos, con los sueldos de miseria) fue tratado por un ministro de crápula, y como resultante, meses después aterrizó como secretario de prensa de un opositor de ese ministro. Es decir lo que ayer fue un castigo, más luego fue una bendición, de allí que los trabajadores de prensa o algunos, se banquen (no sólo por la escases de oportunidades o porque otra no les queda) sino porque después, facturan el haber sido usados por la complicidad patronal de los políticos y dueños de medio. Muchos en ese derrotero, de esperar a los hombres del poder, para que salgan segundos en las radios socias del poder o en los diarios de los hombres que fueron del poder y lo siguen pretendiendo, sacan sus casas del Invico, cobran mediante espacios de televisión o radio de esos multimedios, se cobran con páginas de esos diarios y demás colaboracionismos que por otra parte, hasta son totalmente entendibles y razonables.

Lo que no podíamos dejar pasar era esto mismo. Que todos quedemos englobados en ese sintagma, de boludos o idiotas, que como expresamos, en verdad, es un reconocimiento, de pertenencia, tal como lo expresara Gelman, hasta de cierta confianza y amistad.

Existen políticos, como medios y trabajadores de prensa, que creen que otros somos algo pero que boludos o idiotas, nos creen, nos consideran, sin el derecho a existir, nos censuran en nuestras posturas y nuestras convicciones.

No somos boludos ni idiotas, ni siquiera porque creamos que tales términos significan algo negativo, sino dado que no participamos como deberíamos participar en este sistema que nos quiere fuera.

Mientras por la complicidad entre políticos, empresarios de medios y trabajadores de prensa, no se discuta, se proponga o se trabaje por una ley de distribución equitativa de pauta publicitaria, todo lo que se pueda decir o hacer entre tensiones lógicas y naturales en la relación de los protagonistas señalados, no es más que el imperio de la era de la boludez con idioteces por doquier que no hacen a la cuestión de fondo, de las que muy pocos osan hablar en tiempos de supuesta libertad de expresión, garantizada por una democracia formal que la promovería, alentaría y garantizaría.