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Opinion Corrientes Jueves 04 de octubre de 2017 
El cuento de las alpargatas de Siete Leguas
(Por Nicolás Toledo) La exposición, la semana pasada, de unos mensajes de whatsapp que involucran al candidato a gobernador de ECO, Gustavo Valdés, en maniobras dudosas de reparto de alimentos con fines electorales (..)

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(...) y la nota de Clarín donde sobre la entrega de alpargatas que incluyen la boleta del candidato oficialista vienen a dar cuenta de un tema que, no por callado fue inexistente en la historia de la política correntina: el clientelismo ejercido por el sistema partidario sobre los sectores sociales más postergados.

En fechas tan cercanas a unos comicios en los que Ricardo Colombi se juega a todo o nada su permanencia en el escenario del poder en la provincia, en lo que se vislumbra será un plebiscito a los 16 años de un Ejecutivo detentado por el mismo apellido, la filtración puede ser leída como una de las tácticas favoritas del folklore preelectoral para bombardear la imagen del adversario (y en las que ECO se especializa hace mucho tiempo: recuérdense los afiches burlones con los que inundan la ciudad en campaña), y la lectura, por supuesto, no sería errónea.

Pero reducirlo todo a una picardía preelectoral también es bajarle el precio al caso por el macro contexto político en el que se produce, este es, un mapa dominado por el discurso hegemónico de ruptura que Cambiemos esgrime como sostén dogmático de una ideología que apunta al derribamiento no tanto de las prácticas que ve como nocivas en la política, sino de la política misma, entendida esta como campo de tensiones y confrontación de sentidos en un marco de pluralidad.

Cambiemos accedió al poder erigiéndose como un conglomerado de Fiscales Generales de la Nación que arrasaría con el ancien régime y sus prácticas encuadradas en un populismo intrínsecamente corrupto.

De ahí que la inyección constante de nombres de personas ligadas al Gobierno anterior en expedientes, movilizados con celeridad sumaria por un Poder Judicial en relaciones carnales explícitas con el Ejecutivo, sea una de las columnas que sostiene a Cambiemos y sus aliados tácitos en el poder.

La otra es, casualmente, el ataque a ese populismo que Macri y sus funcionarios emplean como traducción de Estado inclusivo, en una interpretación que sitúa a la distribución de derechos elementales en el espacio de gangrena social nacional.

Como ya dijimos, el empleo del clientelismo como herramienta de campaña en nuestra provincia no se inicia con el gobierno de Ricardo Colombi; al fin y al cabo, Colombi (y en este caso su delfín Gustavo Valdés), no hacen más que usufructuar todo un sistema de punteros y comités armado y aceitado por el Pacto Autonomista- Liberal y heredado por el PANU primero y por las alianzas colombistas después, sistema que sabe preservarse a sí mismo a fuerza de la combinación de mucha astucia, mucho olfato para detectar los virajes del poder y nula convicción ideológica; en esto, Valdés y sus alpargatas no generan mayor escándalo por ser el continuador de toda una tradición política que trasciende los sellos y que se sitúa en el rango de una impronta cultural de vasallaje, anclada en las relaciones entre patrones y peones, que definieron la historia correntina.

Ahora, ¿cómo concuerdan estas prácticas de caudillos de tiempos de parroquia con el cambio que ECO y Cambiemos prometen para Corrientes, cambio que supuestamente terminará con los vicios del asistencialismo? ¿Cómo encaja en esa transparencia tan pretendida el hecho de que el reparto de mercaderías de primera necesidad para personas carenciadas- ya de por sí cuestionable- sea encargado a una organización que vende los mejores productos y entrega a sus legítimos destinatarios los de última calidad? ¿Es lícito hablar de cambio cuando se emplean los métodos que, supuestamente, deben ser desterrados, aceptando el todo vale que es la verdadera matriz de de un modelo de expoliación cuyo único derrame viene en forma de dádiva? ¿Vale minimizar el tema y apostar, una vez más, a la certeza del viejo adagio grondonista, “todo pasa”, sobre todo cuando al unísono suena el nombre del Gobernador correntino en un caso tan sensible como la trata de personas?

La ética no debería ser un tema menor en tiempos de posverdad, de altisonancia en el apostrofado a la oposición y de murmullos para los pecados internos oficiales, sino más bien una prioridad- en este y todos los casos- para aquellos que venden, día a día y desde la tapa de los medios oficiales, que la moral republicana se sitúa en una sola orilla de la grieta.