SECCIONES

PORTADA
POLÍTICA
ECONOMÍA
SOCIEDAD
UNIVERSIDAD
OPINION
ESPECIALES
HISTORIETA
MOMARANDU

SUPLEMENTOS

Suplemento de Cultura y Espectáculos Suplemento de Deportes Poesía, arte y literatura del Mercosur Galerías de fotos

CONTACTOS

CORREO DE LECTORES
ESCRÍBANOS
Opinion Corrientes Martes 09 de octubre de 2017 
VALDEZ, GOBERNADOR ELECTO
Un resultado con lógica correntina
(Jorge Eduardo Simonetti) Nunca me gustó hacer pronósticos electorales, tienen mucho de aleatorio y algo de interés consciente o inconsciente. La política es bastante azarosa, dónde no siempre dos más dos es cuatro

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Que veinte años no es nada
Ate y sus cachorros
Aquella lejana guerra decidida por infames desquiciados mentales
Se va Ricardo
La Argentina post factual
“Cada uno habla de la feria según le va en ella” La Celestina, IV 166

Si ello es así, tanto igual puede resultar el análisis con el diario del lunes, una necesaria simplificación de actos plurales a veces indescifrables.

Es que el cerebro del votante es absolutamente complejo, emociones y razones en distinta proporción. En el platillo de la balanza electoral, se incluyen elementos de diversa especie, psicológicos, materiales, espirituales, emocionales, que a su vez tienen distinto peso relativo cada uno conforme sea la personalidad del votante.

Siempre me sentí tentado a afirmar que “no hay electorado, hay electores”, teniendo en cuenta las diferencias de personalidad entre los individuos y los distintos “sesgos confirmatorios” de cada uno, es decir esa tendencia psicológica a tener sólo como verdad aquello que coincida con nuestro pensamiento interior.- Una entidad abstracta no tendría, en consecuencia, una personalidad.

Sin embargo, esa afirmación no es del todo correcta, porque la psicología política ha determinado, científicamente, que es posible analizar la personalidad de un conjunto, de una sociedad en un territorio determinado, es decir que puede extraerse la “personalidad diferencial” de un electorado ubicado en tiempo y lugar, con metodología científica.

Tengo para mí que, a través de la mera observación, es posible establecer los rasgos de personalidad de un conjunto social, que la ciencia determina con reglas técnicas.

Nuestra experiencia nos lleva a poder hablar, en plural, de las características de personalidad de “los correntinos”, y diferenciarlas, por ejemplo, de la de “los porteños”.

Los correntinos somos orgullosos, introvertidos, directos, amables, tradicionalistas, poco afectos a los cambios bruscos, aferrados a lo nuestro (que comprende también nuestras simpatías políticas), difíciles de arrear a pesar de planes, clientelismos varios y promesas de todos los colores.- Los porteños, en cambio, son abiertos, extrovertidos, cambiantes, atentos a las nuevas tendencias.

Esa personalidad del correntino, ha producido desde los tiempos de Ferré, esa rebeldía contra el centralismo.- En los últimos cuarenta años, el electorado provincial ha votado de manera diferente al del país en su conjunto, consagrando gobiernos de distinto color político que su similar nacional.

Desde los tiempos de don Julio Romero (1973/76) en que el peronismo gobernó Nación y Provincia, los signos políticos fueron diferentes. Durante la presidencia del radical Raúl Alfonsin, el Pacto Autonomista Liberal gobernó la Provincia. En tiempos del peronista Carlos Menem, fue primero el Pacto y luego el Panu los que ocuparon el sillón de Ferré. Lo propio aconteció en los tres primeros lustros del siglo, con el perokirchnerismo en la Nación y el radicalismo en la Provincia.

Con el voto de ayer, cambia la disyunción y se produce, finalmente, el alineamiento de planetas, de manera tripartita. Las coalición oficialista ha ganado en los tres niveles del estado: Nación, Provincia y Municipio de la Capital.- ¿Cambió el electorado correntino? No, siguió votando igual, el que cambió fue el voto nacional, con Macri desplazando a Cristina.

El título de este artículo tiene que ver con los argumentos conscientes e inconscientes que el correntino tuvo para votar de la manera en que lo hizo, esa lógica propia que tiene estrecha relación con el proverbio de que “cada uno habla de la feria según le va en ella”.

Cuál fue el núcleo de estos comicios, el debate principal, la disyuntiva fundante, los platillos de la balanza que el voto correntino debía inclinar para un lado o para el otro: continuismo o alternancia.

Los que pensaban en otorgarle un período más a quienes gobiernan desde hace casi dieciséis años, lo que finalmente sucedió, votaron en consonancia con la ubicación geopolítica de nuestra Provincia.

Corrientes es un estado sub nacional periférico, altamente dependiente de la coparticipación nacional, con baja incidencia de la economía privada. No es una condición que se cambia fácilmente, es el modelo de país que tenemos, y mutar es escribir de nuevo la historia, con la intervención de multiplicidad de actores.- Quién ha prometido en campaña esa transformación del día a la mañana, ha mentido.

La ventaja decisiva del oficialismo fue, entonces, una rigurosa administración de los fondos públicos, que permitió el cumplimiento de salarios y jubilaciones de manera estricta y de las demás obligaciones del estado provincial. La seguridad económica es una frazada demasiado cálida para no sentirse cómoda con ella en tiempos gélidos.

Algunos pueden calificar al pueblo correntino de nada ambicioso, de conformarse con poco. Yo cambiaría el calificativo por el de pueblo realista, que no cree en los peces de colores de cambios bruscos en el marco de una Argentina centralista con un federalismo declamativo.

La otra razón importante del triunfo de Valdez, a mi juicio, fue el de la continuidad sin continuismo. Ese oxímoron significa que, votamos en la Provincia lo mismo, porque la Nación cambió a favor nuestro. Cristina nos sometió al desierto impiadoso del destierro político y de la dieta estricta en obras públicas. Con Macri, la cosa lentamente comienza a cambiar.- ¿Para qué, entonces, “escupir hacia arriba”?

Es cierto que con los resultados electorales, la calidad democrática vuelve a sufrir un rudo golpe por la permanencia de un gobierno del mismo signo político durante veinte años. En el mismo sentido, la división de poderes ya viene herida, especialmente por una Legislatura que en los últimos tiempos no ha sido protagonista de hechos institucionales de relevancia, salvo los culturales, ni ha fijado punto trascendente alguno de la agenda pública provincial.

Camau, déjeme decirlo, no pegó dónde dolía. Se limitó a formular promesas dentro del esquema de una campaña chata y poco imaginativa, y así es muy difícil derrotar a un oficialismo con viento político a favor.

Pesó, además, sobre las espaldas del candidato opositor, su derrota en las elecciones de 2013, en las que bajo el ala del gobierno nacional de signo kirchnerista, no pudo derrotar a Ricardo Colombi.

Aunque en política nunca está todo dicho, demasiadas contras se le presentaron a Camau como para forjar un triunfo.

Ricardo, por su parte, tuvo la astucia de “designar” sucesor a una persona joven, con una imagen sin desgaste, que promete refrescar un proceso político que, a pesar de sus aciertos, viene con cierto aire enrarecido luego de tantos años en el poder. Veremos.

Como elemento común a todas las Provincias, especialmente a las periféricas de la zona norte del país, resulta muy difícil ganarle a los oficialismos, porque el peso relativo del gobierno en relación a la población, es marcadamente incidente en lugares de economía privada limitada. Obviamente, resulta una regla con sus excepciones incluidas.

Ciertamente que en estos comicios el debate no rozó siquiera superficialmente los temas profundos del interior olvidado. Quizás no por responsabilidad de los candidatos y partidos, sino por la dinámica involutiva de la política argentina, que convierte a las dirigencias provinciales que recalan en Buenos Aires, en cómodos defensores del “statu quo”.

No hubieron sorpresas, ni habrán grandes cambios, sólo esperar la continuidad de una administración prolija y la ayuda nacional para obras indispensables. No es poco para estos tiempos.