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Opinion Corrientes Jueves 11 de octubre de 2017 
Cataluña
(Por Aturo Zamudio Barrios) En medio de una batalla electoral cuya sabiduría corriente –salvo indicios de unidad anti sistema bastante promisorios- semeja bastante al discurso del “historiador” citado por El Quijote, Cide Hammete Benenjeli-: “La razón de la sinrazón que a mi razón no ha de…”, llega de pronto el mundo y golpea puertas que suelen estarle, por estos lares, cerradas

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Lo puso de relieve el Presidente Maduro, durante un acto de solidaridad con Cataluña, golpeada salvajemente –sobre todo en los jóvenes, como la muchacha a la que la Guardia Civil le quebró los dedos-, pero heroica en la resistencia, al igual que la de sus “mossos d’Escuadra” que intentaban proteger a los manifestantes; “cuando las milicias de Bolívar –afirmó el Presidente obrero, como se lo llama orgullosamente en el mundo- corrían por estos llanos, liberándolos de realistas, ya hacía más de un siglo que el pueblo catalán luchaba por su existencia”.

Trayéndonos así, a una trayectoria generalmente muy mal contada. La que nos hace creer que la “libertad de América” casi nada tuvo que ver con aquel Imperio donde, como escribió Folguerá, “el sol nunca se ponía… Ya todo eran tinieblas”, impidiéndonos visualizar que no éramos sólo los americanos quienes quisimos sacarnos “el sudario…”, como escribiera Castelar, de sobre los hombros. Además, un detalle singular apareció para redondear el anterior entredicho: Felipe VI habló amenazante y culpó, naturalmente, a las víctimas de la represión, desde una sala donde, a sus espaldas, observaba la crítica nada menos que Carlos III, el monarca que prohibió el uso del catalán en su país de origen, aun siendo aquél más antiguo que el español. Pero el agravio no se circunscribía a éste; aquel monarca prohibió el habla de los vascos, el de los asturianos y a los mexicanos, el uso del náhuatl, o el quichua a los quichuas, mientras que a los niños negros –generoso el hombre- nacidos en Corríentes, se les otorgó el bautizo siempre que apareciera un padrino cuya enseñanza impidiese el aprendizaje de lenguas diferentes de la del Conquistador.

O sea que no sólo los nativos de América hemos pagado los crímenes del Imperio -70 millones de personas asesinadas por su marcha civilizadora- y no fueron sólo nuestras las guerras de liberación, aún con particularidades en cada caso: en Cataluña, otra vez ella, el llamado “Corpus de Sangre” de 1653, sublevación popular en su base, dividió el territorio en dos, aplaudidas´, eso sí, Francia y España por el burgués catalán cuya revolución “democrática” –la primera en la historia- no iba a desdeñar las ventajas comerciales que poseía en todo el inmenso Imperio. Mientras que la apropiación del País Vasco en 1517, había sido también facilitada por la Casa única del Bearne –los llamados Borbones- cuyo último espécimen era el Alfonso que el martes calificaba a catalanes y defensores de la auto determinación, como desagradecidos de la Hispanidad, olvidando que a la usurpación castellana la alentó Inglaterra, interesada especialmente en Guipúzcoa.

Por eso, el siglo XIX se inicia con conmociones en Valencia, Asturias, Euskadi que retumban en América ante la invasión napoleónica. Y el 25 de mayo de 1809, ratificada un año después por el pueblo, se declara independiente Asturias, mientras Valencia populariza la misma “bandera de la libertad” –azul, blanca y rojo- que Artigas ordenará izar en los mástiles. ¿Podemos, por ende, ignorar los vínculos entre América Latina y el agredido pueblo catalán del 1º de Octubre?

Imposible, y menos aun cuando el ciclo que vivimos, tras la derrota del fascismo, se inicia con una página escrita en Cataluña: en 1934 el capítulo más radical de la Guerra Civil asesinada por la Falange, pueblo en armas y la mira en un futuro todavía válido, los catalanes habían intentado verdaderamente crear una República diferente, Casi como si estuviéramos en el hoy , escribiendo con José María Antentas, en “Contretemps”, “éste es el instante de verdad para el independentismo catalán” , y no hubieran transcurrido los 93 años evocados a menudo por Noam Chomsky. Un instante de verdad que empieza a agudizarse tras el gobierno del “bigotillo” Aznar, uno de los tres carniceros de Irak, al mirar con muy malos ojos el creciente independentismo, que aceleraba la imposición de las políticas de “austeridad” por la Troika. A los otros dos ya los conocemos: han sido George Busch y Tony Blair, compañeros de “Gang” del español.

Con una prueba, además, de que el mundo ha cambiado, y no siempre se lo ve: dos barcos cargados de esbirros envía Rajoy, dispuestos a hacer de todo con la desarmada población catalana, asaltar escuelas y robar de ellas todo lo encontrado: papeletas, urnas, cristales de las puertas, e investigar hasta en las panaderías (algún informante muy sabio pilló imprentas entre la masa del pan). Pero, de pronto, en la mesas de votación del 1º de octubre, aparecen como por ensalmo urnas mejores que las secuestradas… provistas por la solidaridad china… Ya no estábamos, por ende, ante las “democracias occidentales”, ciegas frente a los crímenes de la Lutwafe y la infantería italiana. Los pueblos de hoy tienen otros aliados en el mundo, distintos de aquellos que apresaban a fugitivos catalanes y valencianos para hacinarlos en campos de concentración del sur de Francia.

Pero la historia se vive dos veces, escribió Marx en “El Brumario de Luis Bonaparte”; la primera vez, como tragedia; la segunda, como farsa… y dos días después del atraco al pueblo catalán, las calles de Madrid dieron paso a una manifestación de los mismos esbirros que habían garroteado a los jóvenes de Barcelona. ¿Qué había ocurrido?: que los “mossos de Escuadra”, sus víctimas de antes de ayer, cobraban mejores sueldos que la “Guardia Civil”, y los miembros de ésta salían a las calles a exigir… ¡sueldos equiparables a los de la policía agredida por ellos..! ¡Gracioso, no…! Pero sin gracia, eso sí, el ataque simultáneo por bandas falangistas de los partidarios de Cataluña en Valencia, cuyas milicias –como se sabe- habían servido de base al “maquis” que se batió en Francia con el invasor alemán.

Ahora bien… ¿Qué podrá ocurrir ahora? Los pueblos, conforme a la Carta de las Naciones Unidas y a la voluntad de la opinión pública mundial, tienen derecho a la Auto Determinación, aunque esto tampoco baste en la actualidad, si no pensamos en un orden alternativo, verdaderamente democrático. Pues…el instante de verdad de Cataluña, como escribe “Contretemps”, da derecho “a su pueblo a vivir en paz, fuera de un Estado incapaz de proponer algo distinto de la fuerza bruta…”, y cuyo comportamiento siga siendo el de la Monarquía feudal que representa… Aunque la poca vida que le quede a esta rémora, haga de Alfonso todavía más “el breve” que lo fuera su propio padre.