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Opinion Corrientes Domingo 05 de noviembre de 2017 
Cambio de época o época de cambios
(Por Jorge Eduardo Simonetti).Con los resultados electorales del 22 de octubre, muchos periodistas calificaron la nueva etapa como un cambio de época.- Una época histórica cambia cuando se transforman de forma cualitativa y simultánea las relaciones de producción, relaciones de poder, experiencia humana y cultura.-

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No creo que éste sea el caso, pero resulta evidente que ingresamos en una etapa distinta en la Argentina del siglo XXI.-

Desde el discurso dado por el Presidente Macri el lunes pasado, utilizando un juego de palabras podemos decir que más que un cambio de época es una época de cambios.- Cambió la actitud del primer mandatario, más firme, más apasionado, más decidido, más ilusionado, cambió en su decisión de encarar un conjunto de medidas que rompan el “statu quo” de un estado gordo pero no fuerte, aunque sus anuncios fueron muy genéricos.-

Utilizando términos futboleros, podríamos decir que el gobierno de Cambiemos tuvo una primera etapa en que jugó a la defensiva, intentando mantener el estado de bienestar tal cual lo había dejado el kirchnerismo.- Sin embargo, simultáneamente fue la época de la restauración de la esperanza, de la vuelta a la normalidad, de valores olvidados, del sistema republicano, de un Congreso que debate, de una justicia que actúa contra la corrupción, de un Indec que no miente.-

Sintiéndose recargado por el resultado electoral, ha decidido Macri jugar al ataque en su segunda etapa, manteniendo la presión alta sobre los problemas.- Se dispone a encarar un nuevo ciclo, aquél que él mismo ha denominado el de el “reformismo permanente”, cuyo objetivo fundamental es la disminución de la pobreza en términos reales, y que, a mi juicio, descansa sobre tres patas fundamentales: la disminución de la inflación, la creación de empleo de calidad y la distribución equitativa de las cargas.-

No sabemos si el contenido concreto coincidirá con sus propósitos, pero lo positivo es que las reformas serán sometidas al debate, que debe ser no solamente entre los legisladores nacionales, sino también con la presencia y la opinión crítica de los gobiernos locales, que de una vez por todas deben abandonar la siesta provinciana y actuar de manera ágil y proactiva.-

La esperanza del pobre es larga, como reza el dicho, pero acortarla es la tarea fundamental de los que ocupan los resortes del poder.- Por ello es bueno que Macri no haya optado por la actitud de los optimistas ni de los pesimistas, sino de los realistas que opinan que hay que hacer algo para que la esperanza no muera.-

Tres ejes planteó el discurso presidencial: la responsabilidad fiscal, la promoción del empleo y el fortalecimiento de la república y la calidad institucional.- Nadie podría dejar de estar de acuerdo.-

La reforma tributaria es necesaria.- Los detalles, no sólo técnicos sino además sus efectos económicos en los bolsillos, fueron expuestos por el ministro Dujovne.- Como en todo cambio, hay quienes ganan y quienes pierden.- Ya se escucharon las primeras quejas, sobre todo de las economías regionales.- Habrá que ver.-

La reforma laboral sin dudas debe apuntar al blanqueo del trabajo en negro y al incremento de los puestos de trabajo.- Se necesita terminar con las demasías laborales que provocan desempleo, pero hay que cuidarse de no caer en los extremos de cambios que precaricen el trabajo.-

La reforma del estado es siempre bienvenida, dado que es mejor un estado fuerte que un estado gordo, un estado que cumpla convenientemente sus responsabilidades de brindar seguridad, salud, educación, justicia.- Pero en el detalle, las Provincias deben tener singular participación, porque sus economías, especialmente en nuestro norte, son altamente dependientes del estado.-

Difícilmente pueda achicarse el estado correntino si el gobierno provincial no encara una política decidida hacia el crecimiento endógeno, promoviendo inversiones, facilitando la capacitación y premiando la innovación.- Es la manera de crear fuentes de trabajo.-

Creo que en el debate de la reforma institucional e impositiva, debe ingresar necesariamente la distribución de recursos fiscales Nación-Provincias, tanto desde el punto de vista primario como secundario, las facultades recaudatorias de las provincias, y la fijación de parámetros objetivos en el establecimiento de una nueva ley de coparticipación federal.-

En 1898, Quesada dijo que “la cuestión del tesoro es, en el fondo, el eje de toda la política argentina desde la emancipación”.- Esto se mantiene hasta hoy.- Pruebas al canto: la Nación pasó de recaudar un 18,79% del PBI en 1 998, a un 32,05% en 2012.-

Pese a todo ello, los servicios fundamentales son prestados por las Provincias, porque el Estado Nacional tiene un Ministerio de Educación sin escuelas y un Ministerio de Salud sin hospitales.- Nación es la gran recaudadora y la gran gastadora.-

La distribución secundaria de la coparticipación, está referida a la parte que le toca a cada Provincia.- Desde el dictado de la Ley 23.548 en 1988, “Corrientes fue la gran perdedora” (Juan José Llach, “Federales y Unitarios en el siglo XXI), un 3,72 % contra un 5,28% de una Provincia similar como nuestra vecina Chaco.- Ya casi treinta años de una pérdida que hoy es multimillonaria, traducida en la privación de recursos en salud, educación, seguridad.-

A esta altura de los tiempos, resulta vergonzoso que la política no encare un debate serio sobre la distribución de recursos y facultades recaudatorias entre la Nación y las Provincias, y una nueva redistribución secundaria entre Provincias, a partir de criterios objetivos que apunten a la equidad.-

En el debate para las medidas que logren disminuir la pobreza, no hay que olvidar desde dónde partimos.- Corrientes, como todo el norte argentino, parte de una pobreza del 40%, medido por el Indec hace un mes atrás.-

“La “cuestión social”, es decir, la indigencia, la pobreza y la desigualdad, se manifiestan localmente y esto complica sus soluciones en tanto los gobiernos subnacionales, a los que cada vez con mayor frecuencia se les demandan las respuestas, carecen de las responsabilidades funcionales o de los recursos necesarios como para satisfacerlas” (Llach, ob.cit).-

Las reforma previsional, por último, debe ser objeto de una lupa gigantesca, la modificación en el mecanismo de aumentos significará una reducción en las jubilaciones nacionales a futuro.- Se mantiene la preocupación por las jubilaciones provinciales, sobre todo porque los compromisos suscriptos con la Nación se esconden guardados bajo siete llaves.-

En conclusión, saludamos esta nueva etapa de reformas a debatir por el Congreso, que colocará al país en el sendero de una Nación moderna y de progreso, pero a estar atentos para que las mismas no perjudiquen a los sectores menos pudientes.-

Instamos a que nuestros gobernantes provinciales para que tomen conciencia de la necesidad de su activa participación, acercando ideas y discutiendo soluciones, para que en nuestra tierra no resulte peor el remedio que la enfermedad.-