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Opinion Corrientes Domingo 28 de enero de 2018 
Había una vez
( Por Jorge Eduardo Simonetti).Dios fue el autor de la creación, según la Biblia, lo hizo en seis días y al séptimo descansó.- Lo suyo no fue improvisado, fue parte de un plan.-

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Una vez creados el hombre y la mujer, le dio a cada humano una función que cumplir.- El carpintero iba a hacer muebles, el plomero arreglar canillas.

Cuando le tocó a los políticos, les dio la misión de velar por el interés general en la tierra y administrar los bienes comunes.- Los dividió en dos: oficialistas y opositores. A los oficialistas los hizo prudentes para administrar el dinero público y a los opositores controladores y vigilantes.

Pero no todo fue perfecto, al darles el libre albedrío Adán y Eva comieron la fruta prohibida y a partir de allí el ser humano quedó sujeto a sus propias decisiones.

Y, en el transcurrir del tiempo, dios vio que en un lugar del mundo y en una época, las cosas no funcionaban como las había previsto. Era la Argentina del siglo XXI, a un extenso periodo de férrea disciplina política, en el que todo el poder se unificó en una sola mano, que usaba y abusaba del poder, le siguió un tiempo de disputa y dispersión del mando, en el que cada movimiento gubernamental estaba precedido por una interminable serie de negociaciones.-

Dios no encontraba la manera de traer paz y concordia en esa república.- Los políticos peleaban a brazo partido (a boca suelta mejor dicho) por todos los temas importantes, salvo, claro está, cuando los intereses eran comunes a ambos bandos, circunstancia que los encontraba unidos como hermanos siameses.-

Unos, los del gobierno, ajustaban hacia abajo, perjudicando a los mayores, sin cumplir las promesas de campaña que los llevaron a ganar las elecciones. Los otros, proponiendo y votando normas sin la más pálida prevención de su financiación y oponiéndose a cuanta iniciativa viniera del gobierno.-

La lucha era descarnada y ni dios podía convocarlos a un razonamiento común.- Pensó que la solución podría estar en convertir a la oposición en oficialismo y viceversa.- Pronto advirtió que allí no estaba, porque los comportamientos cambiarían en función de los nuevos papeles y no desaparecería la puja.-

Pensó y pensó, hasta que creyó encontrar el camino.- El asunto no era el cambio de las personas en sus papeles, sino mantenerlos a cada uno en su rol, pero intercambiando cerebros.-

A los opositores les colocaría el cerebro de oficialistas y a los oficialistas cerebro de opositores.- Los opositores seguirían siendo opositores pero con razonamiento oficialista y los oficialistas continuarían como tales pero con mentalidad opositora.- ¿Qué ganaría con ello? Que los oficialistas gobiernen pensando como opositores y los opositores hagan oposición como si estuvieran en el gobierno.-

Así lo hizo, y de la noche a la mañana Macri amaneció con el cerebro de Cristina y Lilita con el de Massa.- Así y todo, cambiaron de cerebro pero no de comportamiento.- Macri seguía razonando como Macri y Cristina como Cristina.-

¿Será posible que ni siendo Dios puedo arreglar los comportamientos políticos? se preguntó el creador.- Y fue en ese momento que advirtió lo que pudo haber pasado.-

Estaba tan concentrado en los detalles de la creación, que no vio al diablo saliendo del sector dónde acababa de crear a los políticos y allí seguramente Lucifer metió la cola.- Investigando pudo concluir que el diablo, antes de ser echado, dejó una marca en el cerebro de todos los políticos.- Los hizo oportunistas, demagogos, incumplidores de su palabra, afectos a apropiarse de los bienes comunes, mentirosos, pero sobre todas las cosas los hizo incorregibles.-

Hubo un político que llegó a presidente prometiendo eliminar el impuesto a las ganancias a los asalariados y jubilados.- Cuando ganó con muchos votos de asalariados y jubilados, se olvidó de la promesa, y lo peor de todo fue que nos quiso disuadir que no dijo lo que dijo en campaña.-

Hubo otra que permaneció muchos años en el poder, amasando durante ese tiempo, una fortuna verdaderamente importante.- Nos quiso convencer que sus cuantiosos bienes fueron producto de su trabajo como abogada exitosa, cosa que nadie creyó, aunque algunos pocos, sus adláteres, simularon creerle a través de aplausos y sonrisas desde el auditorio.- La justicia parece que no estuvo entre éstos últimos.-

Un tercero, quiso aparentar que no estuvo, pero sí estuvo.- Los jueces pasaron de la siesta provinciana a la velocidad de la fórmula uno; los legisladores, de la obediencia debida a la negociación espúrea.- Los gobernadores, del auditorio de aplaudidores a defensores férreos del federalismo.-

Fue la primera vez que se lo vio a Dios desorientado.- Pero era Dios, y todos confiaban en que encontraría la fórmula.-

De pronto, haciendo chasquear sus dedos, dijo “lo tengo”.- La solución nunca puede estar en los políticos, ellos seguirían siendo lo mismo, porque son incorregibles.-

La solución estaba en las personas comunes, los ciudadanos de a pié, que se encargarían de influir con su opinión y su voto sobre los políticos. Pondrían prudencia donde había enfrentamiento, repudiarían al corrupto y premiarían al honesto, obligarían a la clase política a manejarse con la verdad, pondrían justicia donde no la había, verdad dónde la mentira reinaba, equilibrio dónde el enfrentamiento hacía de las suyas.-

Una vez más, el creador se vio decepcionado, aunque esta vez la decepción era mayúscula.- Su pueblo, el pueblo de Dios, se comportaba del mismo modo que los políticos.- Enfrentamientos, insultos, descalificaciones, eran materia común de todos los días.- A nadie le importaba la verdad ni la razón, si estaba de nuestro lado lo apoyábamos aunque fuera mentiroso y ladrón; si estaba del lado contrario, lo teníamos como encarnación de la maldad.-

Los enfrentamientos irracionales, la confrontación permanente, las descalificaciones sin sustento, ya no eran patrimonio exclusivo de los sectores políticos sino de los propios ciudadanos, lo que se dio en llamar “la grieta”.-

Totalmente desanimado, Dios decidió hacer un último intento para salvar a ese país sin ley y sin paz.- Designó como su representante en la tierra a un connacional de los del país en caos, lo invistió de plena autoridad y le encargó la tarea de llevar paz y limar asperezas.-

Para ello buscó a Pancho.- Ese hombre grueso y casi octogenario, que había vivido toda su vida en el país en conflicto, sería el mediador y el sanador.-

En un principio, a Pancho no le gustó mucho el encargo, porque nadie es profeta en su tierra, pero no podía declinar tamaño ofrecimiento.- Tenía sus simpatías, es cierto, aunque las intentaría ocultar todo lo posible.-

Desde fuera del país, comenzó Pancho hablando y hablando, pero pronto se pudo advertirse que no hacía lo que pregonaba.- Era más afecto a las palabras que a los hechos.-

Primero se quiso congraciar con un sector, recibiendo en su trono a sus representantes, pero se ganó la inquina del otro.- Luego quiso quedar bien con los dos, y fue peor, porque comenzó a perder credibilidad.-

Entonces Pancho recurrió al recurso que mejor maneja.- Llamó al diablo, le dijo lo que quería oir y negoció una tregua.- Pero como a Dios nada se le escapa, pasó lo que tenía que pasar.- Se enteró Dios y reprendió duramente a su representante, diciéndole: “Pancho, no se puede quedar bien con Dios y con el Diablo”.-

Cansado Pancho, y viendo su misión como imposible, subió a su avión, pasó por encima de su propio país a diez mil metros de altura, y mandó un telegrama con un saludo de compromiso.-