SECCIONES

PORTADA
POLÍTICA
ECONOMÍA
SOCIEDAD
UNIVERSIDAD
OPINION
ESPECIALES
HISTORIETA
MOMARANDU

SUPLEMENTOS

Suplemento de Cultura y Espectáculos Suplemento de Deportes Poesía, arte y literatura del Mercosur Galerías de fotos

CONTACTOS

CORREO DE LECTORES
ESCRÍBANOS
Opinion Corrientes Lunes 05 de febrero de 2018 
¿Nos ponemos o nos sacamos la careta durante el carnaval?
(Por Hernán López) Alguna vez la frase que encabeza esta comunicación, la puso como aporía, como debate público un entonces diputado, devenido hoy en ilustre columnista de medios de comunicación (...)

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Emancipándonos de la democracia (y de Rancière)
La inexplicable tolerancia con los incompetentes
El ocaso de la política territorial
La Resurrección de Monroe
Boleto del transporte: una oportunidad desperdiciada
(...) que con sorpresa comentaba a esta segregada pluma, que colgó tal duda en el muro de su red social ¿En carnaval nos sacamos o nos ponemos la careta? Y que tal pregunta hubo de despertar la mayor cantidad de comentarios de su cuenta. Al legislador, de “sorpresividad” selectiva, tal vez nunca le hubo de llamar la atención porque su padre, oficiaba de Ministro del Superior Tribunal y tanto él como su esposa representaban al pueblo en otro poder del estado, en defensa siempre de la división de los poderes y la salvaguardia de las instituciones.

Claro, los terroristas y subversivos de las palabras seremos nosotros, los que osábamos preguntarnos esto, ellos que en plena función de las contradicciones más manifiestas de un sistema que nunca fue diseñado más que para unos pocos tengan prerrogativas por sobre otros, cuentan además con la moralina hipócrita de una clase media, que se debate en envidiar a ultranza a los políticos que junto a los jueces comandan las democracias actuales o en el mejor de los casos, intentar reemplazar no en sus prácticas sino en su composición (es decir ser ellos los que usufructúen los beneficios de estar en la cúspide).

Esto y no mucho más es lo que sucedió en el carnaval correntino, que siempre tal como la mayoría de sus hacedores conlleva la marca de pretender ser más de lo que es (la abuela llama a eso “querer cagar más alto que el culo”) con una diputadita que llegó como la mayoría de sus pares a ejercer la función representativa bajo la égida de criterios siempre discrecionales y lejanos a la transparencia y accesibilidad pública.

La jauría de perros que a diferencia del Hortelano, dejan comer porque quieren comer ellos, le salió al cruce, lapidando a la legisladora, en el plano simbólico, tal como lo hace en el plano real el mandatario de Corea del Norte (enjaula a sus opositores, para que sean despedazados por perros hambrientos y feroces). Es decir, si en tal país funcionara la cadena de hamburguesas y un par de casas de alto diseño de moda, y algún desfile carnestolendo o festividad colosal a cierto tipo de música, la cantidad de pobres e indigentes no importarían, tal como sucede por estas democráticas tierras en donde el número menos importante es el de cantidad de gente con problemas para comer o vivir dignamente y los índices de todo se replican menos el de instituir uno democrático que evalúe las prácticas que tendríamos con respecto a tal forma de gobierno.

Así como en la misma provincia de donde es originaria la Diputada lapidada, un ex gobernador y ex jefe de gabinete proponía que se hiciera un test psicológico para funcionarios y políticos (cuando fue senador de la nación) deberían darles una caja chica para estas cuestiones psicológicas que por función representativa se presentan o exacerban. Es decir no debe ser fácil para ningún legislador, el representar a miles y miles de supuestos ciudadanos que idolatran más a los prestamistas que a los poetas, que viven de farra e farra creyéndose que le ganaron algo a alguien, paseándose en la pedantería hueca de sus objetos materiales, mientras someten a cientos de miles a la pobreza más abyecta para lucir sus lentejuelas, sus brillantinas y sus miserias espirituales travestidas en la cosificación que se traduce en un auto, en una pilcha o en todo eso junto, encerrado tras una verja que oficia de careta. ¿Quién va a juzgar el comportamiento ético de un legislador? ¿Acaso un juez, que ingresó a su poltrona, por acuerdos de momento, que tuvieron y tienen que ver con la política? ¿Tiene que emitir algún tipo de fallo, como sucede en diferentes partes del mundo, acaso un juez, en defensa de una institucionalidad democrática, cuando nunca fue votado por ningún ciudadano, cuando siquiera es conocido, para supuestamente penalizar la falta supuesta de un político, y servírselo en bandeja a la jauría de supuestos ciudadanos que, la única práctica democrática a la que se dedica, es a compartir escraches por redes sociales? A vos te estoy hablando, sí careta, que cuando no compartís un pensamiento o una idea, bloqueas al otro, sea la plataforma que fuere y que después como un irredento ignorante, salís a pedir democracia. A vos que hubieras hecho exactamente lo mismo que la diputadita, o que la criticas porque sí tuvieses una cámara filmándote, y miles escrachándote te verías igual de triste y lamentable. ¿Me vas a pedir mi nombre y apellido en nombre de la democracia que declamas y que no prácticas como ciudadano? Me alcanza con decirte que escribo regularmente en un medio de comunicación y como el dueño tiene asuntos administrativos que acordar, resolvió licenciarme, porque mis palabras pueden entorpecer lo suyo. Pobre infeliz, un careta más, que me puede caer más o menos simpático, pero que jamás podrá negar, que pertenece, como todos a esta carnaval de la vida en donde ponerse y sacarse la careta es exactamente lo mismo. Los nombres, los apellidos como las nominalizaciones no dejan de ser parte del vodevil de contradicciones en el que nos manejamos, apelando a la supervivencia del más apto, sin ningún otro prurito que aplastar al otro para vernos más altos, como si tal cosa nos diera felicidad, en el amparo de que el aplauso del público alimente un ego bulímico que regurgite, a renglón seguido para continuar con el circulo vicioso y viciado. Oscar Masotta aleccionaba que en el Narcicismo está en juego la determinación del sujeto con el goce. Y que tal punto se constituía en el corte en el psicoanálisis con la política. En la práctica psicoanalítica vale siempre la reafirmación de lo inútil, más en la política no. En la política, resolver la cuestión de la pobreza, no sólo es un imposible, en términos psicoanalíticos (como el psicoanálisis y la política) sino además es algo inútil. La política se encarga de estas utilidades, de estas banalidades, que son en el fondo la determinación del sujeto ciudadano con el goce. A la ciudadanía le encantan estas situaciones por más que no tengan, no pretendan democracia y hablen en nombre de ella. Masotta también expresó, vale recordarlo ahora sobre todo que en Europa están de moda los psicopolíticos: "Los psicoanalistas en la historia del psicoanálisis, individualmente, con respecto a la política, han sido siempre unos imbéciles. Cuando se ponen a hablar de política es lamentable". Nosotros tan sólo observamos desde nuestro lugar los fenómenos cotidianos y el no lugar que usted nos da, agiganta nuestra posición como su vacío.