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Opinion Corrientes Miércoles 11 de abril de 2018 
¿Un Nuevo Mandela?
(Por Arturo Zamudio Barrios) ¿Qué relación podría haber entre dos niñas correntinas que mueren al comer unas mandarinas, y un Brasil partido en dos y con muchas perspectivas de cambios rotundos?

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Podría decirse que sí, que tiene que ver con que el reclamo de Wálter Pomar en uno de los Foros de San Pablo, acerca de la demora en la marcha –y la caída del “progresismo” de Dilma le dio la razón- de un verdadero proyecto post capitalista; y el golpe sobreviniente, ha gravitado en la entrega de dos países, Brasil y Argentina, a las “relaciones carnales” con la industria química norteamericana. “América Latina –escribe en Rebelión del 5 de abril, Valeria Saccone- se halla infestada de pesticidas y Temer promovió, como el gobierno de Macri y el de los golpistas paraguayos, hasta más allá del 40 por ciento el glifosato utilizado por el agro-negocio, sin olvidar, por supuesto, la abrumadora presencia de la semilla transgénica en países otrora ganaderos. Hay Estados en Brasil cuyas aldeas y villas difunden el cáncer en cantidades industriales, entre las personas y nacen deformes sus animales, en el mejor estilo de Dakota del Norte; a la entrerriana Concepción del Uruguay, asiento de una fábrica de pesticidas, han empezado a llamarla “la ciudad del cáncer”. Mientras los visitantes de Trump pasean por estas tierras, sin que nadie mencione que “el loco de la Casa Blanca” amenaza con la pena de muerte a quienes se opongan al “progreso de la Industria química”.

Hay, por consiguiente, una relación muy estrecha entre superar el cuadro dependiente y el gigantesco cuadro de la lucha brasileña en contra de los tahúres que se han apropiado del mando. Días atrás, en las redes sociales apareció la declaración de un militar retirado cuyo caballo estaba, ya aperado, aguardando el llamado del comandante. Pero, al parecer, el subalterno extravió el pienso, y por Sao Bernardo do Monte no ha aparecido ningún jinete. Victoria Donda, diputada argentina e hija de desaparecidos, dijo simplemente al periodista: “Lula no está desaparecido, ni prófugo… Si las autoridades quieren ir en su busca, saben perfectamente dónde está… ¡Que vengan...!”

Naturalmente, tras horas de gigantescas concentraciones, tomas de caminos, avenidas y ciudades enteras, Lula decidió, por su cuenta, entregarse a la Federal de Curitiba, donde se instaló hace dos días. Mientras tanto, el llamado a la unidad popular anti golpista del Obispo de Sao Paulo, se concretaba en gran escala, con nuevas ocupaciones y la creación de centros por región, en los que, sin duda, se alistaba una gran contraofensiva, cuya resonancia mundial –planetaria, diría García Linera- parece el preludio de una hora nueva distante ya de la simple deposición de un Partido político en un país importante.

Mientras tanto, la intervención activa de las Organizaciones sociales algunos de cuyos reclamos no fueron del todo atendidos por el “progresismo anterior”, nos acerca a la sugerencia dada a Lula por François Huttart, sociólogo, filósofo, marxista y sacerdote, como le gustaba presentarse: no se puede ya, tras las dos etapas de un golpe triunfante, pretender el esquema “transaccional” llevado a cabo por el “agora é Lula”. Negociar con las oligarquías del campo y de las finanzas, no verlas en sus negocios, a fin de gestar un “Estado del Bienestar”, ya no puede repetirse, y menos aun cuando el principal apoyo serán, de aquí en adelante, las organizaciones sociales más radicales.

Con lo que al calor de la amenaza de intervención militar en favor del golpismo, el asunto de la capacidad de fuego irrumpe también en la hora pre revolucionaria del coloso sudamericano. ¿Hay unanimidad en las fuerzas armadas en torno a repetir la vieja hazaña de echar –y con el tiempo, envenenarlo en Mercedes- a Gulart? Difícilmente, la haya: se dice que la Marina se opone –y ya Castello Branco apuró el golpe debido al entusiasmo suscitado en los barcos por la película de Eiseisten, “El Acorazado Potiemkin” – y Dilma, en su gestión anti golpista, recorrió el país mediante aviones de la Fuerza Aérea.

Por otra parte, el fantasma “dos Sargentos” ronda también los cuarteles. ¿ O se olvida que el Partido Comunista se organizó en ellos gracias a quien sería llamado como el Lula de Hoy,”Caballero de la esperanza”? Aunque, claro, Lula no es ni militar ni del arma de Caballería, y sí obrero, el primer obrero que alcanza la Primera Magistratura en una nación del tamaño de Brasil. Lo que, por supuesto, la oligarquía brasileña, racista, patriarcalista, misógina y decidida a seguir siendo, como definió a la especie Kutsinsky, “perro manso al servicio de Wall Street”, no iba a admitir, y decidió cortar con “la Democracia vigilada” hasta el momento vigente. El propio Lula habría de caracterizar la etapa que vive ante el Fascismo redivivo, acaso recordando a Huttart y su drástica exigencia: “La primera obligación del cristiano es hacer la Revolucion”, pues, en cambio, Lula dirá, “yo he fundado un Partido político y no una Revolución”. ¿No habrá, entonces, que unir ambas vertientes en un torrente único…?