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Opinion Corrientes Miércoles 06 de junio de 2018 
La derecha tilinga
(Por Alejandro Bovino Maciel) Los argentinos, según parece, un buen día, hace unos dos años, amanecimos masoquistas. Y, como sabemos que ningún deseo puede razonar, porque la fuerza instintiva que lo mueve es irreflexiva e irresponsable, creo que ese 51% de votantes habilitados que fue a los comicios, se volvió irracional repentinamente

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De este modo asumió legítimamente el poder un gobierno que ha llegado a convencer a la gente de que venimos de una economía de guerra por causa del despilfarro del gobierno anterior. Veamos este punto, porque es crucial.

Cuando un gobierno despilfarra (es decir, gasta más de lo que recauda) le quedan dos recursos: o dejar de gastar o endeudarse. Es obvio que el kirchnerismo no hizo grandes recortes sociales, de salud pública ni educación. Tampoco se endeudó ni un centavo durante los doce años de vigencia ya que la Alianza había cancelado al Estado todos los créditos del exterior merced al famoso default, empezando por el FMI, entonces ¿cómo es que sin recortar a jubilados, maestros, salud pública, universidades, pudo malgastar dinero? ¿Qué dinero? No pidió un solo préstamo, ni hizo una orgía de emisión de bonos como ahora; por el contrario, canceló casi en su totalidad la feroz deuda externa que le habían dejado la Alianza y el menemismo. Y con todo eso, mantuvo un nivel de vida aceptable para una mayoría de la población que ahora debe empezar a hacer malabarismos para estirar el sueldo después de pagar transporte, facturas de servicios con aumentos usurarios, impuestos e inflación que, lejos de controlar ni aminorar, se ha vuelto endémica. ¿Entonces? ¿Qué decimos cuando hablamos de “pesada herencia”? El batallón de contadores y economistas que envió el nuevo gobierno en diciembre del 2015 cuando asumió, para auditar las cuentas públicas, confirmó que los balances estaban perfectamente equilibrados. No hubo ninguna observación de faltante ni alarmas financieras a la vista. En ese momento la “pesada herencia” era liviana según los auditores públicos de la contraloría que envió el gobierno flamante de Macri. El informe, de marzo de 2016 está en Internet y cualquiera lo puede leer menos el señor Lanata.

Entonces, la herencia no era tan pesada como dicen, esa muletilla es apenas un pretexto que la incompetencia de los actuales funcionarios argumenta cuando se encuentra atorada, como un hipo. Se me dirá que se endeudó emitiendo pesos, pero sabemos también que la emisión monetaria jamás rozó siquiera el pool de las reservas en dólares del Banco Central, de modo que ese argumento también es falso. Entonces, sigo sin comprender de qué manera endeudó la país el gobierno anterior si ni emitió más allá del respaldo, ni tomó un peso de préstamos externos.

A más de dos años de gestión PRO-Cambiemos, el panorama es bien diferente. Todos los problemas están a la vista: una catarata de cierre de comercios, de Pymes que no pueden soportar la carga de costos de servicios básicos como agua y luz, la industria nacional tambaleando por la competencia desigual de la apertura de importaciones desmedida del libre mercado, las paritarias -que son el instrumento para defensa del salario del trabajador- trabadas en algunos casos, como el del sector docente de Buenos Aires, las jubilaciones que se licúan en las manos por la suba de precios, las tarifas de servicios a cifras nunca vistas, el reinicio de la calesita financiera en cada movida de dólar, el despliegue de endeudamiento externo (a través de préstamos de nuevo) e interno (con títulos y bonos que vencerán después de 100 años, los últimos emitidos) en otras palabras, tenemos de nuevo los maravillosos ’90 como si no hubiésemos aprendido nada del pasado reciente. Para tener una idea, la Deuda Externa Pública en porcentajes del PBI (según el Wall Street Journal extraídos del Instituto Global Mc Kinsey) era de 164 % en 2002 y alcanzó al apenas 39 % en 2012, en plena gestión anterior).

De esta pálida gestión no se puede esperar casi nada. Se trata de un grupo de exalumnos ricos del colegio Newmann, residentes de la zona Norte, que viven desde que nacieron en una Argentina financiera y parásita crónica del Estado a cuya sombra nacieron, crecieron y viven a pesar de autoproclamarse liberales. El presidente no atina con una medida ni un rumbo fijo. Las frases de manual de autoayuda que despliega en sus cortos balbuceos, no alcanzan para saber cómo, de qué manera y en qué plazos se alcanzarían esas metas que viene repitiendo desde hace dos años y medio de gobierno. De la vicepresidenta tampoco se puede esperar gran cosa. Su desempeño en la presidencia del Senado, está a la vista. Sus declaraciones de tartamudeo político tampoco ayudan a saber si tiene un proyecto de política o solamente un repertorio de slogans. El gobierno de la señora Vidal en la provincia de Buenos Aires, está lejos de ser brillante, no ha conseguido afianzar ningún sector de su administración: la economía viene en caída libre, los problemas estructurales de esa inmensa provincia siguen tan en pie como antes, de la seguridad mejor no hablar, bastan las crónicas policiales para informarse sobre eso. Si agregamos que recientemente declaró que son ociosas las universidades del Conurbano porque, según dijo, “los pobres no llegan a la universidad” ya está todo dicho acerca de las intenciones de esta señora.

Mientras tanto, en estos 29 meses de gobierno de Macri vamos rumbo al mismo nivel de endeudamiento que teníamos en aquel inolvidable 2001. Es por eso que el gobierno abrió de nuevo sus ‘diálogos’ con el FMI que seguramente prestará algunos dólares pero exigiendo el viejo programita que se trae bajo la manga: recortar más el presupuesto social, recaudar más impuestos y liberar más los lobos de la economía. Neoliberalismo, que le dicen.

Estamos en poder de una derecha tilinga. No saben quiénes son, para qué están ni mucho menos quiénes somos nosotros, los leales súbditos.