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Opinion Corrientes Sábado 29 de setiembre de 2018 
La Ruta de la Seda y los Homenajes en Harlem
(Por Arturo Zamudio Barrios) Durante la presentación en ámbito universitario de un libro mío (“La Crisis de las Naciones”, 1998), en respuesta a ciertas aseveraciones que éste contenía, un oyente retrucó: “Pese a lo que dices, no se advierten síntomas de un colapso capitalista”...

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Un artista del saqueo
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Si nos guiamos tan sólo por el cuadro de los países llamados “centrales… “, fue mi respuesta, quizás no…Pero el capitalismo es un sistema mundial, y la crisis en la periferia integra también su deterioro…”.

Algo no muy difícil de precisar por aquella época, cuando concluía la década del Noventa que para América Latina, el patio trasero de los Estados Unidos, se considera perdida como pocas en su historial.

Por otra parte, muy pocos pensábamos en ese instante como Lucien Séve o Eduardo Galeano que el socialismo no estaba en agonía, sino que atravesaba –como el orden del capital, durante tres siglos- una etapa de modificaciones. Primaba, más vale, el “júbilo” de Francis Fukuyama sobre “el fin de la Historia”, y su rechazo de todo futuro dados los rotundos éxitos del capitalismo. Por eso la ronda de planes de Wall Street que ahora ha dado a conocer un video de Aaron Russo, mediante interviús a Rockfeller y Donald Runsfeld, video sobreviviente, por fortuna, de la desaparición del autor, muestra a un eminente y sinuoso Rockfeller confiando al cineasta los “planes de Wall Street: acontecimientos extraordinarios (¿las bombas en las Torres Gemelas?) habrán de permitir la invasión a Afganistán, Irak, Libia y Siria hasta poder “ocuparse” Estados Unidos de la cuestión venezolana”. Además, en el video mostrado por Telesur, aparece un Donal Runsfeld bastante atónito ante los planes que le llegan de arriba –es decir, desde el Pentágono- dando cuenta de las cinco invasiones que obliga a los EE. UU. el yacimiento petrolífero de tales sitios. De África, que carece de petróleo, añade Runsfeld, nadie se preocupa, y menos Estados Unidos.

Naturalmente, Fukuyama no contaba con que los conflictos cesaran en su virulencia y menos aún que concluyesen en lo acertado de la posición china en las diferencias entre socialistas tan agudas en aquel momento. Así que, también nuevos dolores de cabeza afloran entre los “teóricos” norteamericanos, al despuntar el objetivo socialista, de pronto, en países como Bolivia, Nicaragua y Venezuela, cuya experiencia “fracasada”, afirma Kennet Rogof, economista del FMI y profesor de Harvard, ha complicado la existencia de Sudamérica. De ahí que el hombre lea todo al revés: la salida de venezolanos de su país, instigada por las “guarimbas”, se convierte en un “tsunami” sobre territorio colombiano, cuya población –dijo alguna vez Wálter Martínez- ha votado, en cambio, con los pies y 9 millones de colombianos han dejado su país, cinco de ellos radicados en Venezuela. Pero lo gracioso del caso, es que la OIM, organismo de la ONU que mide el desarraigo de las poblaciones, da una cifra emigratoria venezolana menor que las colombiana, mexicana, paraguaya… y argentina, sin que esto acarree, según el hombre de Harvard, “costo alguno a la región (“La República”, Corrientes, l7/IX/018).

Sin contar, por supuesto, algo poco admisible para un hombre de Harvard, como los asesinatos de dirigentes sociales, cada vez más numerosos, y de exguerrilleros, muchos de los cuales han comenzado a pensar que el acuerdo de paz con Santos ha sido una triquiñuela del Premio Nóbel, para continuar mejor las matanzas de la oligarquía “neo granadina”, como la siguen llamando en Venezuela.

Mientras tanto, la realidad no favorece a este ilustre académico, medio del FMI y medio de otros enjuagues vívidos hoy en la Universidad a la cual representa. ¿O ignora que la entidad de Massachusets se ha dedicado a la compra de tierras, con la misma “filantropía” que nuestro Tomkins? Basta con seguir las investigaciones de Graia –publicación norteamericana- y a Rede Social de Justiça para explicarse el odio de algunos “académicos” de aquel centro de Estudios, tan fecundo en conocimientos como en usura. Harvard –se lee en aquellos medios- ha invertido mil millones de dólares en compra de tierras agrícolas; en Brasil, solamente se ha apoderado del Cerrado y su biogenética diversidad, dejando sin agua a no pocas comunidades, y disfruta –por así decirlo, aunque sea en perjuicio de muchos- de unas 850 millones de Hectáreas en distintos lugares del mundo. Por supuesto, no lo puede hacer en Venezuela.

Pero, obviamente, lo que más duele a su corazón activado en el Midle West, es la protección de Rusia y China, cuyo barco hospital acaba de llegar a Carabobo, ante la cual “una intervención militar estadunidense –lo dice el propio Rogof- sería una locura…”, y esto azora a los “observadores” de Cúcuta, Luis Almagro a la cabeza. No ha terminado en “falso positivo” la operación de los drones, y como resultado varios países “con el cuchillo bajo el poncho”, como diría Wálter Martinez, de la vecindad (Colombia, Chile, Argentina y México), han descubierto bastante bien su verdadera “amistad” con la hermana Venezuela.

Para colmo, según Rafael Poch, crítico norteamericano, ex militar y uno de los pocos estudiosos de Estados Unidos que lee y escribe en chino, “la ruta de la Seda es la primera –y colosal- empresa universalista, amplia y generosa, con particular incidencia en la llamada “Entente de pueblos”, como la que ayudó a Caracas a entregar en poco tiempo más de dos millones de viviendas a las comunas”. Setenta países se han adscrito ya, aunque sus acuerdos estratégicos puedan ser comparados por algún despistado del tipo de Claudio Lozano, con la remota incidencia sobre América Latina del Imperialismo inglés, según su ocurrencia cuando Cristina estrechó relaciones con China tiempo atrás. Pero aquí afrontamos justo lo más simple y garrafal, no entrevista por este personaje, cuya necesidad han señalado tanto García Linera como otros: una alternativa al capitalismo sólo puede pensarse en escala planetaria, apoyándose en el desarrollo conjunto de todos los países, frustrado siempre por el tipo de relación que las naciones “centrales” han establecido con sus antiguas colonias . Y este crecimiento parejo que China nos propone en la Ruta de la Seda, es lo que intuye Rafael Poch, sin despojos, esta vez, ni destrucción de la naturaleza… Un verdadero “crecer juntos”, como lee Poch en chino y nosotros en algún otro idioma. Al que, al parecer, podemos seguir llamando “socialismo”, pese a quienes, desde Cúcuta, royan sus dientes con una lima al fracasarles la agresión, los drones o cernirse sobre sus cabezas una derrota impensada. Lo habría de gritar Díaz Canel hace dos noches en el Riverside de Manhatan: “Compatriotas norteamericanos, ¡adelante…! ¡Hasta la Victoria, siempre…!”