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Opinion Corrientes Jueves 17 de octubre de 2018 
El legado de Perón en nuestros días
(Por Arturo Zamudio Barrios) ¿Era Perón, al regresar, el mismo que expulsó el “Coupd´Etat” en 1955, entre cuyas peripecias también anduvo mi juventud, y no precisamente junto al golpismo? Pero de las diferencias entre el General de 1973, ya escrita una obra que Chávez leerá en la Academia Militar venezolana tiempo después, y el de la época clásica, no suelen hablar sus “partidarios de hoy”

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Por eso vale la pena repetirse la pregunta: ¿nada varió de un tiempo a otro en el hombre que condenó, a poco de volver, la saña con que el Departamento de Estado Yanqui había promovido el bombardeo criminal de la Moneda chilena, y el asesinato de Salvador Allende? ¿Nunca vio el papel que el Imperialismo ejercía en “Nuestra América”, como dijera Martí?

Tengo ante mí, un viejo libro, escrito apenas fallecido el General, cuyos originales salvó de la Dictadura, heroicamente, un obrero gráfico, y en cuya Portada me sonríen rostros ya inexistentes. El de Héctor P. Agosti, por ejemplo, visitante unas tres veces, junto a Iscaro y Nadra, redactor éste de la obra (Fernando Nadra: “Conversaciones con Perón”, Ed. Anteo, 1985), de la finca de Gaspar Campos, donde iba a residir el tres veces presidente al volver de Europa. En esta obra, escrita también al unísono con las agitaciones juveniles propias de la época, no sólo resaltan las coincidencias frente a la gravedad del momento (¿no se parece al de la resurrección del fascismo en estos días?), sino a la claridad del General en torno a la necesidad de superar “las fronteras ideológicas”, en beneficio de un frente contra el enemigo común: el que había devastado Chile.

Pues bien, ahora, cuando no faltan quienes quieren reemplazar el desbarajuste neo liberal con “la Argentina de Perón”, según definiciones en boga, cuadra sondear en el país –y mundo-lo que Perón anhelaba tras su larga ausencia. Por supuesto, es muy común entre los políticos argentinos –lo sufrimos hoy, cuando el fascista Bolsonaro apenas preocupa al periodismo televisivo o escrito- mirarse el ombligo y entretenerse con categorías “científicas” extraídas de la Sociología Yanqui, no escritas precisamente para mejorar la conciencia política del Continente. De ahí que el peronismo, en boca de muchos de sus dirigentes, sea exactamente igual al ametrallado por la Marina en 1955.

Mientras tanto, el de 1974 pasa así desapercibido, como si la Puerta de Hierro hubiese estado en el aire, y no en Madrid; la polémica, por ejemplo, en el Socialismo –entre la línea ortodoxa y la de los chinos -¿escapó a quien, además, al volver estaba convencido de que sólo el Socialismo podía resolver los problemas de la larga crisis mundial? Difícil de creerlo, cuando él mismo se proclamaba partidario de la Revolución China, actitud creciente en la Europa de su tiempo. Así que hay que preguntar en nuestros días, a sus partidarios si están o no de acuerdo con la alternativa de “un solo crecimiento y dos Sistemas”, cuya eficacia permitió al gigante asiático efectuar en tres años lo que Estados Unidos –el más presuroso de los desarrollos capitalistas- pudo recién en cien. Y el recuerdo brota de nuevo: cuando participamos, a fines de siglo, de una revista ya desaparecida, a más de uno de sus redactores le supieron a anacronismos los textos en castellano, venidos de la Embajada china, donde se hablaba de las dificultades a superar en el campo educativo por las ideas socialistas, no del todo difundidas en la gigantesca población. ¿Pensarán en sus yerros de entonces aquellos colaboradores provenientes de tres países?

Pues, ahora, cuando en plena madrugada resuena el bombo, con el tácito dictamen popular sobre los peligros que nos rodean y, de hecho, también sobre sus posibilidades, ante un tembleque orden que urge remover radicalmente, estamos obligados a pensar con verdad. Perón era consciente de la definición de Luxemburgo: o Socialismo o Barbarie. Y por lo tanto, cuando hemos superado el desconcierto –recuerdo con creces la desazón de la década del Noventa-, ha triunfado la Revolución Cubana y ha aparecido la Venezuela bolivariana, en medio de enormes dificultades, en tanto el mundo en destrucción resulta ya intolerable, la “Argentina de Perón” constituye un principio de discusión a elucidar. Cristina, el exponente más lúcido salido de filas peronistas, añadió a la “programación de Nacional y Popular”, base de sus dos gobiernos, el Feminista, y éste implica claramente la lucha por un nuevo tipo de Poder Popular. No por casualidad, el odio del renacido fascismo al movimiento de mujeres, vomitado por los “Gladiadores del Altar”, es decir, de “los Camisas Negras” del bolsonarismo, cuyos exponentes también obran por estas tierras (los Congresos de Rosario y Chubut fueron agredidos por los esbirros de Seguridad).

De ahí que “la Argentina de Perón” tenga que ver con anhelos del General no siempre bien vistos, y éstos hay que buscarlos en la necesidad hoy planteada, una y otra vez, de un Frente Nacional Democrático y de Salvación, pues no basta con declamar la Democracia para que ella renazca. A la Oligarquía, el Imperialismo y a quienes el Departamento de Estado “ha lavado el cerebro”, como dijera Perón, les importa poco “el equilibrio de los Tres Poderes”. Por eso, los jueces actúan como esbirros, si se les da la orden, y surge, al mismo tiempo, la neta vigencia de aquellas ideas concretas acerca de la unidad imprescindible para evitar la catástrofe, que Perón describe en carta al médico Antonio Puigvert: “Para una situación de emergencia espero hacer un gobierno de emergencia, en el que participarán todas las fuerzas políticas unidas y solidarias…”, no condescendientes con las que mueve “la batuta yanqui…” No sirven ya, por ende, ni los títeres del Departamento de Estado ni los que no se hayan tomado el trabajo de estudiar cuál ha sido el legado genuino del General. Porque al regresar de Europa mostró, justamente, Perón, su inteligencia de lo que ocurría en el mundo, aunque, por desdicha, los límites de su existencia estaban también muy cerca.