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Opinion Corrientes Sábado 10 de noviembre de 2018 
La educación separatista en Corrientes
(Por Alejandro Bovino Maciel) No conservo muy buenos recuerdos de mi educación en el ciclo secundario, especialmente. Creo que la clave está en cierto concepto monacal que cultivaba con cierto acento el histórico Colegio Nacional que por entonces, estaba reputado como el mejor de esos tiempos

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Digo esto porque en los cinco años de estudios, todo se centraba exclusivamente en las aulas del colegio, como si fuese un penal o reclusorio en el que estábamos internados por orden superior.

Hay que tener en cuenta que la adolescencia es una fase crucial en el desarrollo humano. El tremendo empuje hormonal, que es biológico y por lo tanto inevitable, genera intensos deseos que, además, dentro de la cultura represiva de esos tiempos, estaban desordenados, nadie nos hablaba de cuestiones sexuales y no terminábamos de entender qué eran esas fuerzas repentinas que nos invadían. Todo lo que angustia se puede canalizar fácilmente hacia la furia, los desbordes con sustancias, el abuso de alcohol y la iniciación en el tabaco que después ya no se puede abandonar.

Ante esto, la sociedad ha creado la educación formal. Pero esta educación debería ser integral, no encerrada en teorías dentro de las cuatro paredes de un aula exclusivamente. El y la adolescente necesitan experimentar además de conocer datos, vivir por sí mismos nuevas experiencias que confirmen las teorías aprendidas. Es el momento propicio para que los docentes organicen, por ejemplo, una visita al museo. No faltarán exposiciones de pintura, tampoco faltará esa oportunidad de oro de poner al estudiante frente al pintor o creador. Facilitar un diálogo entre ambos. De esta manera, el estudiante tiene frente a sí el arte vivo, ya que puede conversar directamente con el creador acerca de la técnica, el proceso creativo, las motivaciones, la vocación, la historia de las artes en ese momento preciso en el que este pintor se cruzó con sus influencias. Todo ese encuentro será de enorme utilidad. Estamos brindando al estudiante la oportunidad de ver que el museo está ahí para todos nosotros, que no es una basílica exclusiva para uso de especialistas, ni un desván donde guardar cosas lindas para que nadie las vea. Y al artista, le da la enorme oportunidad de compartir su trabajo con un público novedoso que seguramente le dirá su opinión con más franqueza que la de un crítico especializado, que siempre busca un lenguaje elusivo y fríamente técnico. Y no es la profesora de plástica la única responsable de estas excursiones. Cualquier docente podría organizar esta salida compartida fuera de los límites del colegio para facilitar una relación más integrada entre la enseñanza y la vida. Una visita al museo histórico ofrecerá más información y más cercana que cien clases de Historia de Corrientes. Dentro del museo no faltará la guía de un especialista. En otro mes, una función de teatro compartida puede servir a los dos extremos: al alumnado, para ver que la vida y el arte son componentes normales de la realidad, y que no están divorciados. En el escenario los actores reproducen esa misma vida cotidiana de todos nosotros, pero con especial realce en un aspecto, que es el que presenta el conflicto principal del argumento. Al terminar la función todos, docentes, alumnos y actores pueden libremente debatir acerca de la obra. Pero esa experiencia será también de enorme utilidad para los actores, porque está incorporando al flaco universo de público, toda una nueva camada de futuros espectadores que verán al teatro como una parte normal y necesaria de sus propias vidas. Así como necesitan del fútbol periódicamente, empezarán a necesitar del teatro como parte normal de sus vidas. La adolescencia es la edad clave para mostrar una alternativa a las tentaciones habituales de la “calle”, desde el alcohol, las drogas, el bingo, y un largo etcétera.

He puesto solamente dos ejemplos: museos y teatro. Hay miles, y están al alcance de toda la gente de Corrientes, sin mayores gastos que invertir. Solamente hace falta inteligencia, claridad de objetivos y acción.

Nunca entendí por qué, en mi época de estudiante, educación y cultura estaban separadas por un verdadero muro de Berlín. Tampoco sé por qué razón me encerraron 5 años en un aula como si yo estuviese enclaustrado y el mundo de afuera fuese un desierto. Quizás las cosas ya han cambiado. Dios, si existe, así lo quiera.