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Opinion Corrientes Viernes 23 de noviembre de 2018 
¡Se nos consume el consumo!
(Por Alejandro Bovino Maciel) Todos los datos estadísticos y comparativos de nuestra economía argentina están en eclipse y declive. Dos años y medio de gobierno “Cambiemos” ha conseguido derrumbar toda la fuerza de nuestra producción de base y mucho más, la de Pymes e industrial

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El liberalismo "sui generis" abrió las puertas de la competencia y los países asiáticos se frotaron las manos de felicidad, llenándonos de quincallería ordinaria los negocios, como en los inolvidables ´90 de Menem del 1 a 1 ilusorio que terminó en la pesadilla del 2001.

Nos llevó no menos de 15 años remontar esa feroz caída del gobierno de la Alianza, con el temido default, el corralito de Dominguito Cavallo y los cinco presidentes en una semana. Los saqueos, el caos, la anomia. Todo es un triste recuerdo que las cifras de ahora nos advierten una vez más: la situación social se está poniendo de nuevo riesgosa. Esta semana el INDEC publicó que la inflación mayorista de agosto/2017 a agosto/2018 fue del 51,4 %. Esto quiere decir que el pan, la leche, la carne, los fideos y el arroz cuestan al menos más de la mitad de lo que costaban en agosto del año pasado. Algunos básicos, como la harina, superó esa marca holgadamente. Los precios se dolarizaron (es decir, aumentaron al mismo ritmo neurótico que el dólar aunque más lentamente) mientras que usted sabrá, los sueldos y salarios, en el mismo año (agosto a agosto) sólo tuvieron breves retoques. Si no lo cree, busque el recibo del sueldo de agosto 2017 y compárelo con el de agosto 2018. Si acaso los números tienen alguna virtud, es que no mienten.

Como todo el mundo sabe, nuestro país contrajo este año una deuda con el FMI. Para otorgar ese crédito, el FMI impone condiciones. La más importante, la crucial, es que envían una receta de todo cuanto se debe hacer en materia de economía (en políticas económicas, financieras, monetarias y fiscales) y después vigilan que se cumplan esas reglas a rajatabla. Vale decir que el gobierno en funciones se convierte en un simple ejecutor de políticas envasadas en las oficinas del FMI que siempre impone lo mismo: gastar menos, recortando el presupuesto para escuelas y hospitales, servicios públicos, obras públicas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Pero todo eso a los funcionarios del FMI nos les interesa para nada. Ellos solamente buscan recuperar en forma perentoria y con gruesos intereses el préstamo que hizo.

Imagínese, al recortar el gasto de obra pública, adiós mantenimiento de rutas, puentes, infraestructura; pero además, las empresas constructoras empiezan a cerrar y esto significa que la mayor fuente de mano de obra para el trabajo que tenemos en el país, despedirá más y más asalariados: familias que se quedan sin ingresos y sin cobertura médica, más recargo para el servicio hospitalario público que, además ya ha sido recortado en presupuesto por directivas del FMI. Sin alimentos, sin sanidad, sin trabajo, toda esa inmensa masa obrera hará presión como corresponde en conflictos y medidas de fuerza.

¿Se entiende de dónde viene la conflictividad? El hambre, las necesidades y la miseria no se combaten con la policía y gendarmería de Patricia Bullrich.

De ese dato casi ornamental (la caída del consumo) llegamos a estas situaciones de tambaleo político y social que nos trae de nuevo la Argentina del final de Alfonsín y el final de la Alianza. Creo que el 49% de ciudadanos que no votamos a este gobierno, no nos lo merecemos. Para quienes lo votaron, allá ellos.