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Opinion Corrientes Lunes 02 de diciembre de 2018 
La ronda del G-20 en argentina
( Por Alejandro Bovino Maciel, para momarandu.com) .Concluyó la reunión de líderes de las 20 naciones más adelantadas económicamente en nuestro atribulado mundo del siglo XXI.

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La agenda del encuentro tenía dos cuestiones centrales para acordar. La primera, era el cambio climático y las medidas del Acuerdo de París que Europa aplica a rajatablas mientras los EEUU resisten aduciendo que “no está demostrado” que los gases emitidos por la industria perjudiquen la atmósfera. El segundo punto es sobre el comercio mundial.

Los dos gigantes del escenario son, necesariamente, China y el comisario planetario EEUU; entre ambos, tienen el control del casi 50 % del mercado mundial. Ambas profesan un catecismo económico de sesgo liberal en cuanto al mercado, aunque con marcados matices. El reciente proteccionismo yankee de la mano de Mr. Trump, por ejemplo, disloca el comercio internacional ya que rompe con la regla sagrada del liberalismo de librecambio y libre mercado que era la consigna del Papa de la “mano oculta”, Adam Smith.

China reclama una y otra vez el viejo plano de igualdad y comercio libre de gravámenes impositivos. EEUU aplica aranceles (bah, en buen español, les añade un impuesto que va del 10% del precio hasta el 25% en otros casos) que hace que los costos de mercadería china que ingresa al “libre” mercado de EEUU dejen de ser competitivos y, en consecuencia, a los yankees les resulte más económico comprar el mismo producto pero made in EEUU. China respondió del mismo modo: aplicando aranceles a los productos que ingresen de EEUU.

Pero, aquí viene el nudo de la cuestión: las balanzas comerciales entre ambos gigantes son desiguales. China exportó a EEUU por valor de 507 mil millones de dólares el año pasado, mientras que EEUU exportó a China productos por valor de 130 mil millones de dólares. Esta asimetría en la balanza comercial alarmó a Mr. Trump e inmediatamente aplicó el viejísimo proteccionismo económico aprendido de su madre patria británica.

Es sabido que Inglaterra se hizo fanática del proteccionismo al empezar la Revolución Industrial para aventajar a las demás potencias de la época en la carrera por establecer industrias Una vez que afianzaron su posición y toda Gran Bretaña se convirtió en un inmenso capital de fábricas y establecimientos industriales, empezó a cacarear el libre cambio sabiendo que nadie le podría aventajar en cuanto a volumen y calidad de producción. Es como subir una escalera e ir podando los peldaños para impedir que suban quienes vienen atrás. El liberalismo siempre ha sido así: una trampa de los más fuertes para convencer a los más débiles de una igualdad que solo beneficia a los más poderosos.

La ronda del G-20 terminó con un documento de 31 puntos en el que ni siquiera se menciona la palabra “proteccionismo” y, como si fuera poco, una recomendación general para modificar la Organización Mundial del Comercio (OMC) que es el organismo encargado de regular las relaciones comerciales entre los distintos países y encender la alerta cuando, por ejemplo, se establecen medidas perjudiciales al mercado, como las que envió recientemente en medio de esta guerra de aranceles.

En cuanto al polémico cambio climático, cada cual se mantuvo en sus cuartos, los líderes europeos volvieron a ratificar su compromiso de continuar avanzando en la aplicación y control de medidas para regular la emisión de gases combustibles, y EEUU volvió a ratificar que no piensa cambiar sus políticas medioambientales. Pero el anfitrión, Mauricio Macri, se felicita porque al menos este año Mr. Trump no se fue de la cumbre dando un portazo, como hizo el años pasado.

Es verdad que Macri se mostró mucho más suelto en sus discursos, mucho más estadista en sus intervenciones y las reuniones que mantuvo con los mandatarios de Francia, China y Rusia parecen haber llegado a algunos acuerdos interesantes. La seguridad funcionó de un modo equilibrado, tanto el sector oficial de la Cumbre, como la oposición que se expresó frente al Congreso, tuvieron su espacio de expresión sin que se registraran incidentes de importancia.

La vida porteña se nos vio complicada, desplazarse de un sitio a otro de la ciudad se hizo casi imposible. La zona original de restricción que se limitaba a Puerto Madero y Retiro, desbordó rápidamente y abarcó Palermo, Monserrat, Balbanera, Constitución. Ir de un punto a otro en auto se hizo muy difícil por los cortes de calle, barreras policiales, vallados. Eso nos pasó a quienes no obedecimos la sugerencia de la ministra Bullrich de “ir a otro sitio” en esos días, como si todos tuviésemos la posibilidad de cambiar de casa cada fin de semana.

Terminó el G-20, la vida continúa Mañana lunes el mercado nos dirá qué creyó de todo esto y qué no creyó.