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Opinion Corrientes Domingo 06 de enero de 2019 
El Trump brasilero
( Por Alejandro Bovino Maciel ). Aliado a la carrera derechista que pareció emprender el Continente, el candidato herido Jair Bolsonaro obtuvo la presidencia de Brasil con un discurso de cerrada demagogia represiva, prometiendo la fuerza bruta a cualquier precio para conseguir la idea del orden que todo político de derechas tiene metido en el hipotálamo.

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Esta formidable campaña demonizadora no hubiese sido posible sin contar con aliados judiciales, como el impoluto juez de Curitiba, el cruzado Sergio Moro quien llevó adelante una feroz cacería mediática para detener a Lula da Silva que venía liderando las encuestas. El día del triunfo electoral de Bolsonaro, el impoluto se quitó la máscara recibiendo el premio de un ministerio del nuevo gobierno por su adhesión a la causa. La repulsa internacional en las redes y los medios, no se hizo esperar. Todo el mundo advirtió la burda maniobra y el juez que inició la cruzada de la decencia, mostró que no es decente. No es un delito, pero tampoco es decente.

No hace falta destacar la sintonía del flamante presidente de Brasil con Donald Trump, se escriben piropos en Twitter y, por si fuera poco, Trump envió a un “peso pesado” ideológico de la ultra a la asunción de Bolsonaro: se trata de Mike Pompeo, Secretario de Estado de EEUU y un “preocupado” por resolver la situación política de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Jair el herido, arremetiendo como un paladín, adelantó que él no dudaría en liberar a Caracas “por las armas” si fuese necesario. Esto deja a Mauricio Macri a nivel de aficionado ya que era el gobernante pionero en estas ideas de “normalizar” la situación de Venezuela, pero por suerte sin proferir estas amenazas de patotero de potrero que respira el ex herido Bolsonaro. Sabemos que, por suerte, Itamaraty no tiene la torpeza mental de su presidente y deberán pasar varias instancias antes de enviar una carta de amenaza sutil hacia otro Estado.

Es difícil de explicar lo que le sucedió al Brasil. Quizás la ola de derechización americana dio el más fatal coletazo en el Planalto. Quizás el discurso de “mano dura” y militarización sedujo a una ingente masa de ciudadanos a quienes Lula y Dilma no pudieron ingresar al sistema social, a pesar de los esfuerzos gigantescos que desplegaron a lo largo y a lo ancho de ese país que parece un continente por el tamaño desmesurado de su población. Quizás la derecha, acantonada tras la figura del herido apostó una verdadera milicia de trolls inundando las redes con fake news denostando al Partido de los Trabajadores de Lula y Dilma, tal como se estila en las democracias posmodernas. Todo eso suma, subirse a la moda fascista, dejarse influenciar por cataratas de noticias falsas, atacar con vocabulario de prostíbulo a todos los opositores para mostrar que se es recto hasta la obsecuencia...

No hace falta ser Horangel para vaticinar tiempos duros a Brasil en lo social. Lo grave, para la región, es que el malestar social suele tener la mala costumbre de extenderse a la economía, la producción y el comercio. Y es nuestro socio principal.