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Opinion Corrientes Martes 05 de febrero de 2019 
¡Ay mi querido Brasil!
( Por Alejandro Bovino Maciel).La derecha no da tregua. Montados a la grupa del prepotente Trump muchos dirigentes con vocación autoritaria crecieron a la sombra de ese árbol torcido de la política republicana norteamericana que, según vamos viendo, y ya en la mitad de su mandato, gritó e insultó mucho durante la campaña pero ni el muro mexicano ni la deportación masiva a extranjeros, nada pudo cumplir de sus bravuconadas de micrófono y twitter, al que es adicto.

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El mecanismo de gobierno articulado de una república no suele ser tan permisivo como supuso don Donald cuando se encaramó en la silla de la Casa Blanca. Recientemente tuvo que quitar del presupuesto los enormes costos del “muro mexicano” para que le aprobaran el mismo, especialmente de parte de la legisladora demócrata Nancy Pelosi quien, ante la tozudez de Trump, le cerró un mes el Gobierno por falta de financiamiento. Los empleados públicos y funcionarios se quedaron sin cobrar diciembre y ya hacían colas en la comida de beneficencia cuando, tras 35 días, el prepotente Trump tuvo que ceder ante la dama y reabrió de nuevo el Gobierno, esta vez sin dinero para construir el muro que inicialmente se lo quiso hacer pagar a los mexicanos. La utopía del muro divisorio cada vez está más lejos para Donald.

Ojalá aprendieran la lección los Bolsonaros y los aspirantes a neoliberales pragmáticos y atropelladores. A un mes de la asunción de Bolsonaro, las noticias no lo ayudan. Su hijo Flávio está seriamente implicado en gestiones turbias de corrupción (es senador actualmente) y además por la complicación médica que sufrió recientemente y lo obligó a internarse, dejó en manos del vicepresidente, Hamilton Mourao la presidencia. Mourao es un general del ejército que se alió a Bolsonaro en el rápido ascenso que le facilitó aquel incidente de la puñalada durante la campaña. El atentado lo santificó ante la opinión pública y, víctima al fin de la inseguridad, el discurso de mano dura prendió en un electorado aturdido por la persecución fantástica de Sergio Moro al expresidente Lula, que terminó encarcelado. En esta encrucijada peligrosa, se aliaron Bolsonaro y Mourao. En público, mantenían el mismo discurso extremo, pero desde que asumieron el gobierno, el presidente y el vice no se hablan. El vice ahora desaprueba públicamente los excesos verbales de Jair Bolsonaro. Los analistas castrenses ya calculaban que sería muy difícil que un general del ejército aceptara órdenes de un simple capitán, que es el último grado que obtuvo Jair antes de darse de baja como militar. Cuando recibió al embajador de Palestina estando en funciones como presidente interino, Mourao le aseguró que el hipotético traslado de la embajada de Israel a Jerusalén como había prometido Bolsonaro a Netanyahu “estaba lejos de ser una realidad” con lo que desautorizó a Jair.

De manera que ahora Bolsonaro suma otro frente interno de disenso en el poder. Porque es conocida la posición pública del generalato de Brasil que se opone férreamente a cualquier privatización de recursos del país y la embajada de EEUU ya empieza a golpear los tacos aguardando el llamado para privatizar PetroBras.

Como si todo esto fuera poco, el convaleciente presidente sufrió la andanada de quejas y denuncias cuando la ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos Damares Alves tuvo que confesar que los títulos de “abogada” y “máster en educación y familia” eran bíblicos, no universitarios como aparecían en su currúculum vitae, visiblemente trucho, y que publicara el diario Folha de Sao Paulo. De manera que sus títulos eran de esos cursetes que se hacen en las iglesias electrónicas, con pastores que gritan como Tarzán sus alabanzas y jaculatorias. Doña Damares, muy bíblicamente, había mentido a la opinión pública descaradamente y ahora tiene denuncias en su haber, no solo por la falsedad de su formación sino además por haberse apropiado en forma ilegal de una indígena del Mato Grosso a quien prácticamente secuestró de la tutela de su familia bajo la excusa de llevarla para que la atendiera un odontólogo en la ciudad y nunca más la devolvió. Es la misma que recientemente dijo que las niñas deben vestir de rosa y los varones de azul. O sea, volvemos al jurásico.

Los generales nacionalistas, los evangélicos que proponen un retorno al modelo de la “Familia Ingalls”, los ultraliberales del equipo económico de Brasil que ya están haciendo el inventario de los bienes a privatizar, todo hace presagiar que esa armazón política que lo encumbró en poco menos de dos meses es un castillo de naipes que cualquier viento puede desbaratar. Hay demasiados intereses en conflicto dentro de ese gobierno. Tal como le sucedió a nuestra infausta “Alianza”, ¿se acuerdan cuánto duró?
www.alejandrobovino.com