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Opinion Corrientes Martes 09 de marzo de 2019 
Un cuento verde
(Por Silvia Fantozzi) Nos debíamos un cuento. Mujeres y hombres. El verde se convirtió en la expresión de un grito silencioso guardado por milenios. De palabras no dichas ni siquiera pensadas. Castigadas desde antes de nacer

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El Eco de una victoria inquietante
Platón, que proponía un Estado ideal, y Aristóteles lejos de propugnar una sociedad perfecta, consideraban al aborto un método genuino de control de la natalidad. Sin embargo, tuvieron más marketing sus ideas sobre el alma que, en rigor, en ellos no provocaba ningún tipo de conflicto con sus opiniones sobre la interrupción de los embarazos o su denodada defensa de la homosexualidad masculina.

Los médicos hipocráticos practicaban el aborto.

En la Edad Media murieron muchas más mujeres por partos imposibles que en las guerras sin fin. La palabra “viudo” precede al femenino por varios siglos. Se persiguieron y quemaron curanderas por aliviar a las mujeres de su atormentada anatomía.

Mucha agua corrió, ríos de lágrimas, sangre y otros líquidos hasta que nuestra oscurantista idiosincrasia, –más idio que otra cosa– se permitiera hablar, siquiera, del tema.

Investigando sobre esta y otras hipocresías, descubrí algo obvio. Como todo descubrimiento, algo que ya existe, que no es ninguna genialidad y des-conocemos. Como la América toda.

Hasta hace muy pocos años las mujeres no sabíamos leer ni escribir, mucho menos publicar. Todo, absolutamente todo, lo que sentimos en las vísceras, el psiquismo, el cuerpo y las hormonas; emociones, afecciones; rechazos y afinidades está descripto (inventado, sería más correcto) por hombres (mojigatos, sería más correcto). Estudiamos de esos libros y repetimos como delfines amaestrados que si no sucede como dicen los libros las mujeres somos anormales.

La fémina, alienada de la mismidad, debe sufrir física y mentalmente si aborta, puede que sí y puede que no. Habrá que enterarse.

Entonces, hoy, conmueve la marea verde que no distingue edades ni credos, ideología ni salvoconducto, riqueza ni pobreza. Empastilladas, ecologistas, rockeras, madres, nietas. Multitudes salidas de cárceles añejas, millones de Caperucitas Verdes dispuestas a descubrir su continente robado. Se adueñan de sí.

Otro relato. Un solo mar. El brote verde.