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Opinion Corrientes Miércoles 17 de marzo de 2019 
La democracia anestesiada
(Por Jorge Eduardo Simonetti). En Corrientes en lo que va del siglo XXI, se ha configurado la paradoja de un híbrido sistémico: la democracia callada, o la democracia somnolienta, o la democracia narcotizada, o, como el título, la democracia anestesiada.

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Con ello quiero significar que la democracia está presente en las formas, se realizan elecciones periódicas, existen los tres poderes, hay organismos de control, está presente la oposición política, los medios de prensa son muchos, los gremios están constituidos y somos un millón de correntinos. Y, a la par, existe una paz casi absoluta.

Ese bucólico paisaje, esa larga siesta correntina apenas interrumpida por las regimentadas marchas planeras o por las “cordionas” chamameceras y los redoblantes del carnaval, ¿es consecuencia de la paz de los justos o de la paz de los cementerios

¿Qué quiero significar con ello? Si, como dice Leandro Alem, la ley de la democracia es el ruido que produce el roce de opiniones, el disentimiento perpetuo, las luchas activas, la pregunta es: ¿el silencio de la democracia correntina es el resultado de un bienestar generalizado, de la ausencia de problemas, de coincidencias globales, o, más bien, de la chatura política, del conformismo perpetuo, de la falta de ideas contrapuestas que generen fricción?

Corrientes parece ser una isla de cierta tranquilidad en medio de la crisis general. ¿Es la paz de los justos o de los cementerios? Casi todos, oposición política, gremios, la prensa, los ciudadanos en general, parecemos estar anestesiados por una especie de chatura aspiracional

Los correntinos del siglo XXI, somos herederos de una estirpe de rebeldes comprovincianos que siempre participaron en las luchas por la independencia, por el federalismo, por la recuperación de las Malvinas, una Provincia arisca que sufrió el azote de muchas intervenciones federales, algunas originadas en las propias luchas intestinas.

Pero hoy, aparentemente pasamos de un pasado de federalismo rebelde a un presente de conformismo unitario. Respondemos a las órdenes nacionales y no tenemos disenso interno.

Razones pueden haber para ello, y muchas, pero la raíz de nuestro comportamiento en este momento histórico, es la ausencia aspiracional generalizada, producto de un chato conformismo: el chamamé, el carnaval, los sueldos a término, y poco más.

La paz no es poca cosa , siempre que sea la paz de los justos, no la paz de una democracia que ha sido narcotizada a través de una metodología política tan simple como efectiva. Y esta forma de hacer política, con este resultado, es el exitoso mecanismo del político que hace tanto tiempo está dominando la escena correntina: Ricardo Colombi.

Detrás de una hosquedad manifiesta, se esconde un dirigente sumamente hábil, que supo enfrentar las situaciones haciendo uso de las armas que tenía: buen administrador de la exigua caja provincial, entendió que el mandamiento número uno para mantener la tranquilidad social en una provincia altamente dependiente del dinero público, era pagar el término. Algunas pocas obras públicas, nada extraordinario, y dinero en el bolsillo de cada empleado público, escaso pero en término.

El paso siguiente, fue ejercer la “metodología de la anestesia” para con todo el sistema político e institucional de la provincia. Puso a dormir a la Legislatura, a la oposición política, a los organismos de control, a los gremios, a la prensa, y convirtió a la alianza gobernante en un recipiente gigantesco que llenó con todos los partidos, partiditos y sellos partidarios que pudo encontrar, aunque a ninguno le otorgó suficiente entidad como para compartir las decisiones del poder.

Salvo el presupuesto, no remitió un solo proyecto importante al Poder Legislativo, convirtió a los legisladores en “postes” políticos de una gestión netamente ejecutivista. No extraña, entonces, que el Senado sea hoy una referencia cultural pero no legislativa, dónde mayor trascendencia que las sesiones de los jueves a la mañana, tienen las musiqueadas de los jueves a la tardecita.

La oposición política no tuvo la enjundia suficiente para fijar temas importantes en la agenda correntina, es como si todo marchara sobre rieles, y la política fuera un juego de suma cero. Pobre, muy pobre.

Ningún liderazgo llegó a consolidarse en el justicialismo, no pudo Ríos que perdió la Intendencia, tampoco Camau que hace la política “olímpica”, con una presencia cada cuatro años. Para colmo de males, el Partido Justicialista como tal quedará fuera de los comicios de junio, una decisión inentendible e insostenible de su dirigencia, que vuelve a jugar con mentalidad perdedora.

Sabemos que nuestra ubicación geopolítica nos inserta en un norte pobre y olvidado, que no puede sacudirse los estigmas de la pobreza, la marginalidad, la deserción escolar, la mortalidad infantil. Lo desalentador es que la elite dirigencial no logra escaparle al cortoplacismo del día a día

Por su lado, la alianza oficialista ECO, sigue juntando cuánto sello partidario ande suelto. “Este año seremos más”, se entusiasmó un veterano senador oficialista, aun cuando el único que gobierne sea el radicalismo.

Muchos organismos de control no están constituidos, como la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, los qué sí están se mantienen en la comodidad de cuidar su “quintita” y no hacer olas.

Los gremios públicos, padecen una debilidad pocas veces vista, ni siquiera pueden lograr la aplicación de leyes vigentes como la de paritarias para empleados públicos, legislativos y judiciales para fijar salarios y condiciones de trabajo. En Corrientes, los salarios no se pactan como dice la ley, se otorgan desde el poder.

Cuatro diarios, muchas radios, infinidad de portales, conforman el combo de un periodismo casi cautivo del dinero oficial, como fue siempre en esta provincia, como en todas las provincias.

Las especulaciones sobre un desencuentro entre el gobernador y el presidente de la Unión Cívica Radical y líder político de ese espacio, no son más que eso, especulaciones, producto de versiones interesadas en encontrar resquicios por dónde colarse. Valdez gobierna y Ricardo Colombi tiene el tino de aflojar la rienda para que así sea o parezca.

Si a mí me preguntan que significa Valdez como gobernador, mi respuesta es que tiene la impronta de su juventud y dinamismo, pero en el fondo es un “Ricardo con redes sociales”, porque la metodología de gobierno no ha cambiado, tampoco la manera de construcción política, el poder continúa concentrado, sin contralor legal ni político, la prolijidad administrativa permite manejar los escasos recursos con tino, y eso, hasta ahora, alcanza.

El pago de salarios públicos y obras muy básicas, financiadas casi exclusivamente con dinero provincial, han sido el denominador común de los últimos tres lustros. Las pocas obras de cierta envergadura prometidas por la nación, quedaron a medio camino, suspendidas o ralentizadas por el ajuste presupuestario

Obviamente, el gobierno nacional poco ayuda, ha suspendido o ralentizado las escasas obras públicas comenzadas, tampoco se verán mejoras sustanciales en los índices de pobreza, deserción escolar, mortalidad infantil, desde siempre enfermedades endémicas de un norte pobre, producto del desentendimiento de las élites de todos los partidos, para quienes el cambio de paradigma geopolítico no es una prioridad, y seguirán jugando para los intereses del puerto.

Un oficialismo que con poco logra mucho, una oposición que con poco logra nada, un pueblo que con poco se conforma: como dice la canción “un chamamé, un carnaval” y los sueldos en término.

*“Los grandes pueblos, Inglaterra, los Estados Unidos, Francia, son grandes por estas luchas activas, por este roce de opiniones, por este disentimiento perpetuo, que es la ley de la democracia” Leandro N. Alem