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Opinion Corrientes Martes 23 de marzo de 2019 
Irresponsabilidad de quienes fomentan la grieta
24 de Marzo de 1976: tengamos miedo de olvidar
( Por Roberto S. Vallejos*). A 43 años del golpe militar debemos recordar que el horror implantado por los militares argentinos, asociado con civiles y empresarios vinculados a la dependencia latinoamericana a favor de Estados Unidos(...)

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(...) y la violencia de la guerrilla convencida de que el único camino para lograr la liberación nacional y la justicia social era la lucha armada, ha dejado una herida abierta que debe seguir preocupándonos, máxime, cuando tanto el macrismo como el kirchnerismo, que responden a una misma matriz de corrupción, fomentan la confrontación entre argentinos para perdurar o retomar el manejo de la caja del Estado.

Tengamos miedo de olvidar, para no llorar nuevamente ante la tumba de 30.000 desaparecidos, reabrir las llagas abiertas de los torturados, la falta de identidad de los niños apropiados, de la violencia en general, ya sea armada, escrita, vociferada, la practique quien la practique, porque ella sólo genera más violencia. Recordemos y seamos gestores de justicia porque ella trae el hermoso fruto de la paz.

El Papa Francisco, al recordar el exterminio armenio advirtió: “Hacer memoria de lo sucedido es un deber…para que el llamamiento que surge de la tragedia nos libere de volver a caer en semejantes horrores. Es necesario recordarlos, es más, es obligado recordarlos, porque donde se pierde la memoria quiere decir que el mal mantiene aún la herida abierta”.

En un interesante artículo aparecido en la revista “Criterio”, el Profesor Emérito de la UCA y miembro de la Comisión Nacional de Justicia y Paz, Dr. JULIO M. OJEA QUINTANA, dice que en “la búsqueda de la Verdad es esencial reconocer la realidad de las cosas ya que ello permite superar los estrechos márgenes de una memoria parcial, selectiva, interesada” y afirma “que no cabe desconocer que a fines de los 60 tuvo lugar la formación de organizaciones armadas y que su fin fue la toma del poder para establecer un modelo socialista, con distintas versiones. Como medio se eligió la acción directa , la violencia, y que para ello se adoptó una organización jerárquica, con disciplina militar y se operó en la clandestinidad”.

A su vez, la respuesta comenzó con el gobierno del General Lanusse, se acentuó en los gobiernos de Isabel Perón y culminó con la última dictadura militar.Consistió en una represión que utilizó la fuerza del Estado fuera de la ley. Consecuencia, robos, atentados, secuestros, detenciones sin juicio y juzgamientos sin posibilidad de defensa, torturas, ejecuciones y ocultamiento de los cuerpos, apropiación de niños nacidos en cautiverio, entre otras, Pero también puede considerarse un hecho objetivo que ese uso de la violencia como instrumento político, fuera de la ley, no fue circunstancial: respondió a una estrategia”.

Vale tener presente, también, como elementos estimuladores de la reacción violenta, los golpes militares contra gobiernos democráticos como los de Arturo Frondizi y Humberto Illia.

Recuerda OJEA QUINTANA además, el cuadro internacional prevaleciente en esa época: “el fin del proceso de conolización, la guerra fría y la revolución cubana. En cuanto al contexto nacional, recuerda “la histórica pérdida de confianza por parte del pueblo en el sistema democrático, la presencia de gobiernos militares de facto y la larga proscripción del peronismo. En el contexto cultural: la sensibilidad frente a la injusticia estructural y la idealización de la revolución como instancia necesaria para la construcción de una nueva sociedad. En esos contextos es más fácil entender los ideales que movieron a quienes eligieron la violencia aceptando sus consecuencias en pos de la liberación y el hombre nuevo y otros pensando que con la represión ilegal defendían a la Patria de la amenaza revolucionaría”. Puede ser cierto que hubo militares y civiles que actuaron preocupados por la metodología guerrillera pero también es cierto que lo que más privó en las fuerzas represoras fue la complicidad con los sectores económicos generadores de injusticas sociales y dóciles adherentes a la doctrina de seguridad nacional emanada desde los Estados Unidos, es decir, sostenedores de una “ Argentina colonia” y evitar un modelo nacional.

Dos experiencias personales sobre estas posturas: En plena represión, un Coronel de la Nación me dijo “No hay otra opción que estar con Estados Unidos o con la Unión Soviética”. Al preguntarle si aceptaría que Argentina constituyera “una estrella más en la bandera de Estados Unidos” me contestó con un “qué problema hay..¡¡. A su vez, en una reunión de vecinos en Vicente López un reconocido montonero me trató de “gorila bueno”. Al reaccionar yo ante el calificativo de “gorila” amablemente me dijo que “lo de bueno era porque yo quería al igual que ellos un país independiente, con desarrollo y justicia social pero que no dejaba de ser gorila porque creía que a través de los partidos políticos existentes se podría alcanzar esos objetivos”. El calificativo obedecía a que yo les señalara que la violencia no era el camino para lograr transformaciones y sí la concientización del pueblo.

Han pasado más de cuarenta años y los partidos políticos argentinos, especialmente los más representativos, han avalado los dichos del montonero al actuar con falta de compromiso nacional , de permitir su sistemático vaciamiento económico y tomar a la corrupción como normal. A su vez, la violencia como instrumento político ejercido por militares y paramilitares ha sido rotundamente rechazado por el pueblo argentino. Han pasado cuarenta años y la discusión sigue siendo la misma: liberación o dependencia, justicia social o pobreza. La confrontación violenta, el grito airado, el desconocimiento de las verdades del otro no ayudan a lograr esos objetivos y menos la necesaria paz que todos nos merecemos.

Sí, hoy, como en el pasado se fomenta la confrontación, la grieta… sin medir sus peligrosas consecuencias: las reacciones violentas. Macri, que al igual que kirchnerismo han gobernado utilizando una misma matriz: pretenden asustar al pueblo con los males del otro cuando los une una misma metodología de saqueo del Estado y la misma estrategia: la confrontación. En síntesis, la grieta y la desunión nacional que promueven no es por cuestiones ideológicas, políticas o de honestidad institucional sino para seguir manejando o retomar el manejo de la caja nacional en beneficio propio o para evitar el accionar de la Justicia.

Tengamos miedo de olvidar. Las confrontaciones como estrategia electoral solo favorecen a los inescrupulosos, a los que dividen para reinar. Ante ello, urge promover lo que Francisco ha denominado la cultura del encuentro, la que se opone a la cultura de la indiferencia, para lo cual es necesario “la solidaridad que debe ser asumida como exigencia propiamente moral, como virtud personal y como fin ordenador de las instituciones; también que prevalezca “el diálogo como forma de encuentro y medio para la indispensable búsqueda de consensos para lograr una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones”.

Seguir fomentando la grieta significa correr el riesgo de que una democracia ficticia nos conduzca otra vez al camino de la violencia, de la anarquía y el caldo de cultivo que favorece a los políticos más perversos, a que no sepamos aprovechar los beneficios del diálogo civilizado. Recordemos que el retorno en el mundo de políticos fascistas (Trump, Bolsonaro, en Austria, Italia, Francia…) es producto del fracaso de las políticas tradicionales que han sucumbido ante el poder de las grandes corporaciones económicas. El camino superador es la implementación de políticas humanistas orientadas a servir exclusivamente al Bien Común.

*Militante Social Cristiano – Esquina (Ctes.)