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Opinion Corrientes Miércoles 31 de marzo de 2019 
Los derechos no tienen paternidad ideológica
(Por Jorge Eduardo Simonetti*). ¿Los derechos, y las luchas por conquistarlos, tienen partido político, pertenencia ideológica, paternidad parcializada? ¿Debemos estarles agradecidos a tal o cual sector político, a tal o cual dirigente, a tal o cual grupo, que vayamos ampliando nuestras facultades como seres humanos dignos de vivir en este mundo?

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La respuesta es un “no”, rotundamente un “no”, aunque pareciera que muchos así lo creen, y se afanan por conseguir los títulos y escriturarlos a su nombre, como propietarios de tal o cual conquista.

Durante los meses de febrero y marzo se realizaron tres marchas, todas multitudinarias, que tienen que ver con los reclamos y las luchas por conquistar nuevos derechos en el marco de la legislación y de la justicia.

Una de ellas, la de los “pañuelos verdes”, que sosteniendo las banderas del feminismo casi extremista, moviliza a sectores de una elite social integrada mayormente por intelectuales, actores, militantes políticos de la izquierda, el kirchnerismo puro y duro, y que pugnan por lograr la consagración legislativa del derecho a la interrupción del embarazo, llamado comúnmente el derecho al aborto, mediante un “revival” de su tratamiento en el Congreso.

Que las luchas y reclamos tengan participación mayoritaria de determinados sectores políticos, no significa que esos mismos sectores deban arrogarse la paternidad de los derechos. Aquellos relacionados con la mujer, la diversidad sexual, la ecología, generan diversos posicionamientos en la sociedad, pero nadie puede reclamar el monopolio político por ellos

La otra, la de los “pañuelos celestes”, con una carga distinta de ideología pero con la misma decisión de imponer su visión, pugna por el no tratamiento legislativo del tema. Fue convocada por la organización internacional “Marcha por la Vida”, y contó con la adhesión de la Conferencia Episcopal, la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas y numerosas ONGs “pro vida”. En ella pudo verse casi tímidamente también a sectores tradicionalistas, a integrantes de diversos partidos políticos no relacionados con la izquierda, obviamente a muchos ciudadanos que no tienen pertenencia partidaria. Estuvo Cecilia Pando, presidenta de la asociación de familiares y presos que pertenecieron a las Fuerzas Armadas y de Seguridad durante la dictadura militar, y que hoy están siendo juzgados por el denominado “terrorismo de estado”.

Por último, la marcha en el aniversario del golpe de estado de 1976, que reclama verdad, memoria y justicia por los desaparecidos durante la última dictadura militar, y que también incorporó consignas políticas cuestionando el “discurso negacionista” del gobierno nacional (¿), y en contra las políticas de ajuste que llevan adelante Macri, el FMI y los gobernadores peronistas.

Esta última marcha, tuvo tres vertientes: la de Abuelas de Plaza de Mayo, Madres Línea Fundadora, HIJOS, y la APDH, en 9 de Julio y Avenida de Mayo; la de Madres de Plaza de Mayo de Hebe de Bonafini y el kirchnerismo, en la Plaza de Mayo; y una tercera del Encuentro por la Memoria, Verdad y Justicia, y los partidos de izquierda, que se reunieron frente al Congreso para avanzar desde la Avenida de Mayo hasta la Casa de Gobierno.

Éstas tres marchas sin dudas tienen un hilo conductor, que pasa por la consolidación de la famosa grieta que divide hoy al pueblo argentino, grieta que más que por cuestiones conceptuales se profundiza por posicionamientos políticos con una dramática carga de visiones sesgadas.

El kirchnerismo y la izquierda encabezan las luchas por la legalización del aborto, cuando el tema fue puesto en el tapete legislativo por el presidente Macri, y no por la ex presidenta Cristina Kirchner, condicionada por su relación con Jorge Bergoglio

La cuestión fundamental en esta etapa política de la sociedad argentina, es que nadie, ninguna fuerza política, ningún sector, ninguna persona, puede atribuirse la titularidad de las luchas y reclamos por los derechos, porque esos derechos que se demandan, atraviesan transversalmente a la política y a la sociedad.

Acaso ¿son el kirchnerismo y la izquierda los únicos que reclaman por los derechos de la mujer, de los homosexuales, del aborto legal? ¿No existen otros sectores políticos, otras personas individualmente consideradas, otras organizaciones, que coinciden con los reclamos? Claro que sí, pero no están dispuestos a mezclarlos con las posiciones políticas ni con consignas ajenas, como las contrarias al gobierno macrista.

De última, ¿es posible admitir que sean los kirchneristas los adalides del aborto, cuando es Macri quién lo puso en el tapete de la discusión legislativa, y Cristina, en sus tiempos de presidenta, no se animó o especuló con su buena relación con Francisco?

¿Tienen autoridad moral los izquierdistas para defender los derechos de los homosexuales y constituirse en los que encabezan las marchas por sus derechos, cuando todo el mundo sabe que, tanto en la Unión Soviética de Stalin como en la Cuba de los Castro, se los persiguió, encarceló, humilló, }torturó, y hasta asesinó, en gran número?

¿Son dueños absolutos de los reclamos los sectores de pasado guerrillero, cuando es la democracia argentina, de la mano de Raúl Alfonsín, la que libró la batalla más dura para enjuiciar a los miembros de la Junta Militar, en tiempos en que hacerlo implicaba serios riesgos en razón del poder que los militares conservaban por entonces?

O es que todavía piensan que Néstor Kirchner fue quien jugó la partida más brava cuando hizo bajar los cuadros de los militares, en los primeros años de este siglo, cuando éstos hace tiempo habían perdido todo el poder y eran ancianos de más de ochenta años.

La marcha de los “pañuelos celestes” también tienen su carga de violencia en el mensaje, al reivindicarse “pro vida”, como queriendo significar que los otros son “pro muerte”, cuando hay argentinos que, sin pertenecer a los sectores políticos en pugna, piensan positivamente en relación a la consagración legislativa de la interrupción del embarazo, por múltiples razones, médicas, sociales y legales.

La coherencia es también muy importante. La izquierda no debe colocarse el saco justiciero de la diversidad sexual, cuando en la Rusia de Stalin y en la Cuba de los Castro, los homosexuales fueron encarcelados, torturados y masacrados, en campos de detención

Lo cierto es que, en la Argentina del siglo XXI, pensar de una u otra manera, significa estar de uno o del otro lado de la grieta, hay sectores ideologizados que se atribuyen la paternidad de las luchas y de los derechos, hay una mezcla de intereses que nada tienen que ver con la defensa de los derechos de la mujer, de la interrupción o continuidad del embarazo, del reconocimiento o repudio del terrorismo de estado.

Los posicionamientos políticos de hoy constituyen pesadas nubes negras que se proyectan sobre el futuro de un pueblo que no termina de digerir sus propias cargas sociales y psicológicas por hechos del pasado, y las proyecta hacia el futuro con la complicidad activa de dirigentes interesados en sacar ganancias de pescadores a río revuelto.

Estamos muy lejos, pero muy lejos, de comenzar a cerrar las heridas de un pasado lacerante, muchos quieren hacerlo, es cierto con justicia, con memoria y con verdad, pero sin venganza, mirando para adelante y no utilizando los hechos de ayer como instrumento de división, de odio y de enfrentamientos.

Los derechos, sus luchas y reclamos, no pertenecen a un sector, son patrimonio de todos los argentinos de buena voluntad, y en ello no hay vuelta atrás, aunque haya tantos interesados en revalorizar las pugnas del pasado.

* “Somos muchos más fuertes cuando nos tendemos la mano y no cuando nos atacamos, cuando celebramos nuestra diversidad (…) y juntos derribamos los muros de la injusticia”- Cynthia McKinney, política y activista estadounidense