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Opinion Corrientes Lunes 01 de abril de 2019 
A diez años de la inmortalidad del Dr. Alfonsín
( Por José Miguel Bonet ).Cantaba Gardel: "20 años no es nada, la frente marchita, la sien plateada". Y si la vida es sólo una guiñada, entonces 10 años es menos que nada... En este tiempo que pasó entre nosotros, ganamos a algunos y perdimos a otros,la respuesta a esto ultimo que paso en la República

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Perdió a un Republicano convencido y gran demócrata que con su ejemplo hizo Cátedra y Docencia en la castigada Argentina.Los problemas históricos de Argentina tienen mucho que ver con políticas populistas como las que hoy están en boga o pretenden estarlo en tantos lugares. Se trata de un país con enormes desigualdades, y sus inmensas riquezas naturales no parecen suficientes para contrarrestar el clientelismo de la clase política, cuya rapiña rara vez ha sido perseguida.

Los repetidos intentos de modernización protagonizados por la Unión Cívica Radical y personalizados en la figura del Presidente Alfonsín , quizás el partido más respetable desde el punto de vista de la defensa de la institucionalidad democrática y las libertades individuales, se estrellaron contra el fenómeno de la hiperinflación que ha acabado casi por ser rutina. La resistencia a las políticas de ajuste que permitan una estabilidad cambiaria no han hecho sino empeorar las consecuencias de que el ajuste, al no ser controlado por el poder político, llegue al fin brutalmente de la mano de la inflación y la devaluación cambiaria, en resumen, pese a sus grandes proclamas demagógicas, el populismo, a lo largo ya de décadas, ha logrado convertir uno de los países más ricos de América, con altos niveles de educación y una capacidad creativa de sus ciudadanos fuera de lo normal, en uno de los más atrasados y antiguos desde el punto de vista de sus estructuras sociales. En ocasiones oí al expresidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, que en el mundo hay países desarrollados y subdesarrollados, y que luego están Japón, que nadie sabe por qué es un país desarrollado, y la Argentina, que nadie sabe por qué es subdesarrollado,como aconteció en el último tramo del presidente Alfonsín y quiero transcribir esto que escribió Pepe Eliaschev y que me pareció impecable contando todo lo que habia perdido la República con su desaparición.

Las necrológicas dan por cierto que alguien murió. Yo no sé hoy si éste es el caso. En rigor de verdad, todo lo que digo lo podría decir ahora como lo podría haber dicho antes, como lo podría decir mañana.Él me hizo volver. Cuando ganó, me di cuenta de que mi exilio había terminado. Me di cuenta de que si hubieran ganado los otros, los peronistas, hubiera habido auto amnistía de los militares. No hubiera habido juntas militares juzgadas. Por eso, cuando ganó, asumió el poder y lo primero que hizo fue juzgar a las juntas, me di cuenta de que la larga década del exilio llegaba a su fin.Y cuando ya estuvimos acá, me sacó a la calle. Raúl Alfonsín convocó a la gente a la Plaza de Mayo cuando a la República la acechaba un golpe militar de ultra derecha, un golpe militar que cosechaba solidaridades imprevisibles.

Afortunadamente, el país democrático, incluyendo muchos notables justicialistas, se agrupó en el balcón de la Casa Rosada para detener la asonada golpista.Es el hombre que me costó entender, como a tantos coetáneos. Lo hablé entonces, y lo hablé luego muchísimas veces, cara a cara y a solas con él, mirándolo a los ojos, así como él siempre me ha sostenido la mirada. “¿Por qué lo hizo?”, le preguntaba. Jamás me hubiera sido posible tutearlo. Siempre le he dicho “Doctor”. Porque es un doctor. Siempre le he dicho “Doctor Alfonsín”.Estaba convencido, y siguió convencido hasta último momento, que era indispensable evitar el derramamiento de sangre. Él sabía, y él lo supo en Campo de Mayo, que si algún tipo de gesto la democracia no producía, lo que se había conquistado, lo que se había recuperado, se desintegraría.Me costó también entenderlo cuando pactó. ¿Por qué lo hizo? Muchos se lo preguntamos. Con una paciencia infinita, Alfonsín lo explicó una y otra vez, y encima lo dejó por escrito en un libro formidable e imprescindible para los jóvenes, que se llama “Memoria política”. Estaba convencido de que era la única manera de encuadrar a un hombre cuyo apetito de poder era voraz, Carlos Menem.Pero Alfonsín también es el hombre que transgredió. Transgredió mucho más de lo que muchos imaginan, en un momento en donde nadie transgredía nada. Por eso fue combatido por izquierda y por derecha. Por eso desde la izquierda lo corrían con el Fondo Monetario Internacional, y hubo un grupo de alucinados demenciales, finalmente homicidas, que fue a por un cuartel, dejando un saldo de 40 muertos.Pero la derecha lo odiaba. La Sociedad Rural le dio vuelta la cara en Palermo. La Iglesia Católica Apostólica Romana, aún cuando había gente de probada convicción católica en el gobierno de Alfonsín, le hizo la vida imposible con la ley de divorcio, que hoy es prácticamente una antigualla. Le cantó las cuarenta en la cara a Ronald Reagan en los jardines de la Casa Blanca, por eso fue recelado. Porque la política exterior de Alfonsín propugnaba la paz en Centroamérica. Estaba en contra del intento subversivo contra la Nicaragua sandinista.

Argentina fue un país clave en el Grupo Contadora.Es el hombre que se ha jugado por el sistema, siempre. Tuvo muy en claro que lo único que no era negociable era la democracia y la separación de poderes. Por eso, cuando en el ’89 el peronismo vociferaba “Cuando usted disponga, ahí llegamos”, prefirió irse antes, y evitar que estallara el país. Pidió diálogo en todo momento, y a menudo no lo consiguió, sobre todo en los últimos años.Hace mucho tiempo que Raúl Alfonsín es un indispensable. Un hombre que por méritos propios, por tenacidad, por patriotismo y por nobleza personal, tenía y tiene la talla de un estadista. Él pensó, y sabía, que la Argentina tenía que salir de la Capital Federal en algún momento. Por eso habló de Viedma. Lo calificaron de loco, de alucinado, de psicópata: “¿Trasladar la Capital?”. No se equivocaba: hoy, como ayer, como mañana, seguirá siendo estratégico.Por eso hizo| un Congreso Pedagógico, porque consideraba que era indispensable debatir a fondo, qué educación queremos para los chicos. Y sobre todo, es el hombre que, a 72 horas de haber asumido la presidencia de la Nación, con las Fuerzas Armadas intactas, con los servicios de inteligencia de las juntas intactos, con la entera estructura del genocidio en su lugar, firmó el decreto de enjuiciamiento a las juntas militares y también a las cúpulas de las organizaciones guerrilleras.

Todos ellos tuvieron la posibilidad de defenderse. La Justicia, con enorme rapidez, pese a que apenas hacía horas habíamos salido de la dictadura, terminó con el paradigmático Nunca Más, un ejemplo para el mundo, un caso sin precedentes.No descolgó cuadros del Colegio Militar, no vociferó contra gente impotente, no cazó leones en el zoológico. Por eso, así lo trataron los carapintadas.

Éste es el Alfonsín que yo recuerdo.

El que siempre recordaré.

Un hombre de una infinita bondad. Un hombre que me hizo volver, a mí, y a mis seres queridos.

El hombre que fundó la democracia argentina. El hombre al que no quisieron escuchar los actuales gobernantes, cada vez que les pidió que se bajaran de la soberbia y que aprendieran a dialogar.

Con Alfonsín o sin Alfonsín, aunque estará siempre con nosotros, ojalá que los que ahora tienen poder aprendan la lección y se bajen del caballo. Y aprendan que un estadista es un hombre que hizo, que dijo y que dejó, lo que hizo, dijo y dejó Raúl Alfonsín.

Y como corolario de este articulo quiero recordar la dedicatoria a un libro de Dani Yoko Ojalá, Que las próximas fotografías que obtenga Yako vayan demostrando el progreso, la mejor calidad de vida para aquellos que siguen postergados, el desarrollo cultural, en fin, una Argentina verdaderamente equitativa y justa", su única supremacía era la humildad. *Desde Mburucuya