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Sociedad Corrientes Sábado 14 de abril de 2018 
ASOCIACIÓN PUBLICO-PRIVADA
Semillas HB4 de soja y trigo resistentes a sequía a un paso de sembrar mercado
En 2012 el equipo dirigido por la doctora Raquel Chan, del CONICET, logró repercusión internacional al desarrollar la primera tecnología transgénica desarrollada en Argentina: la HB4, resultado del análisis de un gen de girasol que confiere tolerancia al estrés por sequía. Ahora esperan aprobación de China para comercializar soja y dictamen de la Dirección Nacional de Mercados Agropecuarios para liberar trigo, con esas características.

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En 2004 el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas -CONICET- y la Universidad Nacional del Litoral -UNL- patentaron una construcción genética que contenía el gen de girasol Hahb-4 y lo licenciaron a la empresa argentina Bioceres conformando una alianza pública privada exitosa.

Con la tecnología HB4 las plantas tienen una tolerancia superior en periodos de sequía y un rinde mucho mayor. Como diferencial este gen mejora la capacidad de adaptación de las plantas a situaciones de estrés, sin afectar su productividad.

Ahora pueden "tolerar un lapso de tiempo mucho mayor con una ingesta de agua menor a lo largo de todo su ciclo de vida y una pérdida de rendimiento menor. O sea, dependiendo del nivel de déficit hídrico, una planta que no tiene la tecnología se muere o rinde muy bajo”, explica Chan.

Para lograr tal desarrollo se combinaron varias cuestiones: un momento ideal de asociación público-privada, apoyo estatal, empeño de la empresa y de los investigadores para sacar adelante el proyecto en forma conjunta.

En octubre de 2015 el equipo cumplió los requisitos regulatorios que exige el actual Ministerio de Agroindustria –antes Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca- a través de las oficinas de la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA).

Ellos son, que la tecnología no afecte al medio ambiente; y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) y que el alimento que se va a producir no tenga elementos tóxicos ni alérgenos para el ser humano ni para los animales.

En el caso del trigo HB4, si bien ya se han logrado los dictámenes favorables tanto de CONABIA como de SENASA, su liberación depende de la Dirección Nacional de Mercados Agropecuarios, que analiza el impacto comercial de ser el primer país en el mundo en liberar un trigo de estas características.

Para el caso de soja HB4 en este momento se está a la espera de la aprobación en China porque hay un convenio internacional por el cual ninguna soja transgénica puede salir a la venta en Argentina si China no hace su aprobación en Argentina, porque China es su principal importador.

UN GEN DEL GIRASOL QUE CONFIERE TOLERANCIA AL ESTRÉS POR SEQUÍA

Para ver el proceso que empezó con el estudio de cómo las plantas se adaptan al medio ambiente y que llevó a la tecnología HB4 hay que remontarse a la época cuando Chan junto a su equipo descubrieron un gen del girasol que confiere tolerancia al estrés por sequía, lo colocaron en una planta de Arabidopsis thaliana, que usaron como modelo de laboratorio, y obtuvieron buenos resultados.

El CONICET y la UNL -a través del IAL- hicieron una asociación exitosa con Bioceres. Es decir, cada uno hizo su aporte y llevaron adelante un proyecto que fue transformar plantas de soja, maíz, alfalfa, trigo y otros cultivos con el gen Hahb-4 y ensayar y ver si ese gen le generaba tolerancia a la sequía.

Estudiar su comportamiento en el invernadero y posteriormente en el campo fue un desarrollo de años en donde participaron especialistas en distintas disciplinas como la biología molecular, la genética, la agronomía y la bioinformática, entre otras. En 2012, se mejoró la tecnología original y se patentó el gen modificado HB4.

“Elegimos como modelo de trabajo el girasol”, sostiene la bióloga molecular. De esta manera se propusieron estudiar los factores de transcripción de esta planta que está mucho más adaptada al medio ambiente que otras especies agronómicas que se usan con frecuencia; es una planta que se puede sembrar en lugares muy distintos y tiene un grado de adaptación alto.

Una de las estrategias de estudio para saber qué hace cada uno de los genes es aislar ese gen y ponerlo en una planta que no lo tiene. “Con técnicas de ingeniería genética sacamos un gen particular de los 30 mil que tiene una planta y lo colocamos en una planta que no lo tenía. Después observamos y comparamos cómo se comporta la planta que tiene el nuevo gen con la que no lo posee”, dice Chan.

TOLERANCIA A LA INUNDACIÓN, MÁS BIOMASA, RESISTENCIA A PLAGAS, PRÓXIMO PASOS

Con el mismo modelo se trabaja en el laboratorio y se hallaron algunos genes que en el sistema modelo generan características benéficas a nivel agronómico: tolerancia a la inundación, mayor biomasa, tolerancia a insectos, mayor producción de semillas.

“Las inundaciones tienen también efectos devastadores, las plantas se mueren por sequías, pero también por inundaciones. Encontramos al menos dos tecnologías que al introducirlas en las plantas generan tolerancia a la inundación”, sostiene Chan.

En relación a este desarrollo Chan señala que “una vez que se hizo el estudio básico en el sistema modelo podemos transformar cultivos de maíz, soja y arroz, y esas tecnologías se están probando ahora para ver si en esos cultivos funcionan tan bien como en el sistema modelo”.

Claro que estas tecnologías no se pueden llevar delante de manera individual. En el IAL la mayoría de los investigadores y becarios son docentes de la UNL. “Si estuviéramos en un lugar aislado, sin estudiantes, sería difícil llevar a cabo los proyectos. Además, los becarios son la fuerza motora de la mayoría de los proyectos, son jóvenes, trabajan con más energía que nosotros”, afirma Chan a su vez que destaca la labor del personal de apoyo.

“Todo este trabajo no se podría hacer sin el personal de apoyo, tengo que destacar el trabajo de Mabel Campi que es la encargada de hacer todas las transformaciones de los cultivos y Manuel Franco quien lleva adelante todas las mediciones de componentes de rendimiento que tenemos en el campo junto a la becaria posdoctoral Jésica Raineri”.

A su vez, la doctora Chan resaltó el trabajo de los grupos de María Otegui, investigadora Superior de CONICET en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y de Margarita Portapila del Centro Internacional Franco Argentino de Ciencias de la Información y de Sistemas (CIFASIS, CONICET-UNR), además de las investigadoras y becarios del IAL que participan en el desarrollo de nuevas tecnologías: Karina Ribichich (investigadora adjunta CONICET), Julieta Cabello (investigadora asistente CONICET), Elina Welchen (investigadora independiente CONICET), Pablo Torti (becario doctoral).


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