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Sociedad Corrientes Domingo 25 de mayo de 2019 
IGLESIA DE LA MERCED
Arzobispo Stanovnik condena el sometimiento y el individualismo en Tedeum de 25 de Mayo
El Arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, condenó hoy al ofrecer su Tedeum del 25 de Mayo el sometimiento y el individualismo extremo, en tanto, subrayó sobre la imagen de Dios en Cristo, y sus enseñanzas, y coincidió con el Papa Francisco I en que "las mujeres, los jóvenes y los más pobres" son "tres sectores emblemáticos" que muestran "un cambio de época en América Latina" para construir el futuro.

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El Arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, ofreció el tradicional Tedeum a las autoridades del gobierno de Corrientes, entre ellas, al gobernador Gustavo Valdés y al vicegobernador Gustavo Canteros, y a la totalidad de su gabinete de ministros, en la Iglesia de la Merced, en horas de la mañana.

Por poco más de un cuarto de hora, el Arzobispo reflexionó frente a las autoridades sobre la vida cristiana, su compromiso, sus valores, su relación con las decisiones de los próceres de Mayo, y sobre el ejercicio del bien para el bien común sobre la soberbia ante el sometimiento y el individualismo extremo.

Stanovnik fue oído también por legisladores nacionales y provinciales, autoridades municipales y titulares de todas las fuerzas militares y de seguridad, federales y provinciales, que acompañaron hasta el templo al gobernador.

"Dios es a quien dirigimos nuestra gratitud por ese paso determinante que hemos dado hacia la Libertad y la Soberanía. Y luego, extraer las consecuencias que conlleva esa gratitud para nuestra vida cotidiana", dijo a ellos el Arzobispo.

"La experiencia y la razón nos dan a entender que un agradecimiento se dirige siempre a alguien conocido, a alguien de quién sabemos qué desea y qué piensa de nosotros y con quien supuestamente quisiéramos alcanzar una cercanía y una familiaridad más profundas. De no se así, ese gesto de gratitud se convertiría en algo vacío y sin sentido", señaló.

"Nos parece obvio que si estamos unidos en el templo, nuestra gratitud se dirige a Dios. Si eso es así, significa que Dios está involucrado con nuestro tiempo. No es ajeno a lo que sucede en nuestra convivencia común, en la vida de nuestras familias. Está atento a lo que ocurre en nuestras instituciones civiles, en la administración pública, en la salud, en el trabajo, y en la educación, en fin, con todas las expresiones que conforman el tejido social de nuestra vida común y de su proyección", afirmó.

"Y continuamos con la lógica de nuestro razonamiento, entendemos que a quien alabamos, y a quien agradecemos por nuestra existencia, le interesa y le preocupa por ejemplo de nuestra gente, la creciente inseguridad en los abusos de poder, y la violencia de intrafamiliar, que padecen sobre todo sobre los más frágiles, como lo son los niños y las mujeres, los pecados graves cometidos por algunos miembros de la Iglesia", dijo el Arzobispo.

"Ese vicio tan nuestro y que tanto daño no produce, de descalificar y agredir al que piensa distinto. Al extravío y el desorden moral, que nos impide el encuentro y la amistad para mejorar las condiciones de vida de los más postergados", sostuvo.

"En fin, ese Dios a quien nos dirigimos hoy, ¿tiene que ver con todos esto?", interrogó. "Y si está involucrado, ¿Dónde está? ¿Qué respuesta de él ante lo que nos está pasando tanto de bueno como de malo?", continuó Stanovnik.

"DIOS ES CERCANO Y TRASCENDENTE"

"Estas preguntas dramáticas inquietan al hombre de todos los tiempos y de todas las culturas, y también a nosotros. Las respuestas que el ser humano ensayo sobre esta cuestión existencial pueden resumirse en tres categorías", indicó el Arzobispo.

"Las que se imaginan un Dios trascendente, poderoso y lejano. La otra entiende que no hay nada más allá y todo termina en la nada. Ninguna de estas ofrece la posibilidad del diálogo y del encuentro. Entonces, no tiene sentido, no tiene ningún sentido dirigirle algún agradecimiento ni aún reprocharle algo. En cambio, la tercera respuesta parte de la original y desconcertante revelación de Dios que se muestra él a través cercano y trascendente", señaló.

"Su modo de revelarse revoluciona cualquier otra concepción de Dios que hayan intentado elaborar las diversas culturas a lo largo de toda la historia humana. El Dios de Jesús es un Dios personal. Es un Dios personal que viene sorprendiendo al hombre desde Abraham, con quien establece un vínculo personal, durante siglos, de acuerdo con los testigos", recordó.

"Ese Dios se manifestó siempre atento, preocupado, e implicado en la Historia concreta del pueblo de Dios. La Biblia es la fascinante Historia del diálogo que Dios, por su libérrima decisión establece con el ser humano. Y eso fue posible porque nos creó a imagen y semejanza suya, por tanto capaces de comunicarnos con él. Lo llevó hasta sus últimas consecuencias acercándonos a nosotros en la persona de Jesús, como un peregrino más", explicó.

"Él nos habló de Dios su Padre y nuestro Padre. Y nos mostró con su mensaje y su vida cuál es el camino para no extraviarnos engañándonos con algunas sutiles y perversas sugestiones del mal. Su camino consistió en hacerse cargo de nuestro gravísimo error al pretender quedarnos con todo, mal originario representado por el arquetipo de Adán y de Eva, engaño que los llevó a romper y vínculo con Dios, y en consecuencia al desconocer su imagen y semejanza de su creador, rompieron los vínculos entre ellos y con la creación, experiencia que nosotros tenemos de sobra en nuestra historia individual y colectiva", afirmó Stanovnik.

"Éste drama acompaña al hombre en toda las dimensiones de su competencia individual, familiar y social. Jesús muerto y resucitado, es el Dios que nos asocia a su destino de grandeza y nos enseña el camino de la libertad, de la autodeterminación y del encuentro, nos devuelve la imagen y semejanza de Dios y restituye la dignidad de toda persona humana", subrayó.

"El Dios de Jesús no tiene nada que ver con la idea de un Dios trascendente y dejado, desentendido de los avatares y sufrimientos de los hombres. El Dios en quien creía el pueblo de Mayo de 1810 gritó Libertad, lo hizo en su nombre y ejemplarmente llevó a cabo una revolución sin derramamiento de sangre. El derramamiento de sangre vino después", añadió.

"Debemos lamentar que no siempre hemos logrado esa dureza en la vida. Por eso es importante volver a las raíces de nuestra libertad. Es la libertad que, a su vez, se une en la savia cristiana de los valores evangélicos que van mucho más allá del siglo XIX y se pueden reconocer en la primera evangelización que recorre lo más esencial del mensaje cristiano en dos signos: la Cruz de los Milagros y la Virgen de Itatí", sostuvo.

"La Cruz es el símbolo liberador por el cual Jesús disolvió definitivamente el veneno de la venganza y el odio en su propio cuerpo y lo asoció a su camino de amor y de libertad para que con él nos humanizáramos de acuerdo con el sueño que Dios Padre tuvo al crearnos", recordó monseñor.

WENCESLAO PEDERNERA, EL PERDÓN EN DIOS, FUNDAMENTO DE LA CONVIVENCIA HUMANA

Durante el Tedeum, monseñor Stanovnik también recordó Wenceslao Pedernera, beato de la Iglesia ungido por Francisco I al reflexionar sobre el perdón y la convivencia.

"El pasado 27 de abril, hablando de testimonios de vida cristiana cercanos a nosotros, en la provincia de la Rioja, la Iglesia beatificó a los mártires riojanos. Son cuatro y entre ellos quisiera destacar a uno sólo, que es Wenceslao Pedernera, un trabajador rural, catequista, casado con tres hijos. La madrugada del 25 de julio de 1976, cuando la familia Pedernera dormía golpearon la puerta y Wenceslao se levantó a abrirles a quienes dispararon delante de su esposa y sus hijas", reseñó.

"Su hija nos comparte que estando su padre baleado en el suelo les decía "perdonen, perdonen esto, no guarden rencor". Murió unas horas más tarde, tenía entonces cuarenta años de edad. Una semana antes, en el entierro de los dos sacerdotes asesinados y beatificados junto con Wenceslao recientemente, el obispo Angelelli habló sobre la necesidad del perdón", señaló monseñor.

"La hija de Wenceslao que estaba allí, unas semanas antes de su muerte, dijo "qué difícil es ser cristiano, porque al cristiano se le exige perdonar". Ese es el Dios de Jesús. Ese es el Dios de Jesús que lo desconcierta o desconcertó al beato Wenceslao porque conocen como fundamento en la vida cristiana el perdón para cualquier convivencia humana que tenga la pretensión de durar en el tiempo. Pero eso, el perdón del beato no fue una conquista personal, sino un don de Dios, un don que Wenceslao fue cultivando en la amistad con Jesús, un don en el que ´decidió creer y que a su vez pudo transmitir aún en las circunstancias más extremas de su vida", subrayó.

EL SOMETIMIENTO NO CORRESPONDE A LA CONDICIÓN HUMANA

Por último, el Arzobispo reflexinó sobre la condición humana y condenó el sometimiento, el individualismo extremo y la soberbia.

"Los cristianos fuimos bautizados y enviados a testimoniar la expresión máxima de la libertad que consiste en dar la vida y no aferrarse a ella, en cuidarla y procurar desarrollarla para todos y en todas las etapas de la vida y no en seleccionar quién tiene el derecho a vivir y quién no, en quién gozará de libertad y quién deberá vivir sometido a la voluntad del más fuerte", recordó.

"La libertad es una cuota esencial de la persona, en cambio, su opuesto, el sometimiento, no corresponde a la condición humana. Someter a otro considerándolo inferior es indigno de la persona. Cuando esto sucede estamos en presencia de algo deplorable, algo sobre lo que espontáneamente coincidimos que no debería suceder jamás", afirmó.

"Sin embargo, el sometimiento existe y para peor, se lo procura y sostiene y justifica como algo normal. El ser humano tiene una capacidad increíble para naturalizar aún las aberraciones más espantosas. La experiencia nos enseña que el ser humano es una existencia plagada de contradicciones, por eso el sabio de todos los tiempos y en todas las culturas, al indagar sobre la verdad de la condición humana concluye que el hombre se autodestruye cuando edifica su vida sobre la soberbia, es decir, sobre sí mismo, a partir de sí mismo, y para sí mismo", sostuvo.

"El individualismo extremo, una forma social de la soberbia, que se promueve como una cultura, se basa en la mentira sobre el ser humano porque reduce su propuesta al bienestar y al placer del individuo y combate a todo lo que se opone a ese proyecto: la paciencia en la convivencia conyugal, por ejemplo, la plegada aceptación del otro, el sacrificio de educar a los hijos, el compromiso voluntario, etcétera, valores que, por otra parte, están en las raíces de nuestra identidad cristiana y formaron parte del imaginario social y político que recogía el grito de libertad en los albores de nuestra independencia", indicó.

"Concluyo compartiendo con ustedes las palabras que compartió el Santo Padre el pasado 5 de marzo a un grupo de jóvenes procedentes de culturas diversas que participaron de un seminario sobre doctrina social de la Iglesia y compromiso político en América Latina para una nueva generación de católicos latinoamericanos en la política", citó hacia el final.

"En su bendición destaco tres sectores emblemáticos que muestran un cambio de época en América Latina y que potenciarían construir un proyecto de futuro: las mujeres, lo jóvenes y los más pobres. Las mujeres son significativas porque aportan esperanza, seguía diciendo el Papa. La esperanza en Latinoamérica tiene un rostro femenino. Los jóvenes porque en ellos habita la inconformidad y son necesarios para promover los cambios verdaderos, y en los pobres y marginados la iglesia encarna su opción preferencial. Estos tres actores son protagonistas del cambio de época y sus gestos de verdadera esperanza. Su presencia, su sabiduría, y, en especial, su sufrimiento son un fuerte llamada de atención para quienes son responsables de la vida política", destacó.

"En la respuesta a sus necesidades, seguía el Papa, se juega en buena medida la verdadera construcción del bien común. Son un lugar de verificación de la identidad del compromiso católico en la política", concluyó.

"Ante la cruz de los Milagros, origen de nuestro pueblo correntino, recordamos el grito de libertad y comprometemos todo nuestro esfuerzo en continuar trabajando por una sociedad cada vez más libre pero al mismo tiempo más justa y más fraterna, dispuesta al diálogo sincero y empeñada en promover el bienestar de todos empezando siempre por los más pobres y postergados", bendijo.


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